El presidente apenas araña un 28,3% de intención de voto. Sumando a Bullrich, no evita el ballotage. Del otro lado, el peronismo, ese espacio que los libertarios daban por muerto, suma 37 puntos si se unifica. Pero el dato más incómodo no es ese. Es el 53% de los argentinos que dice, sin vueltas, que quiere cambiar el gobierno. No discuten el rumbo. No piden una reforma. Quieren otra cosa. Y en la Argentina, esa frase nunca es inocente.
El número no es un detalle ni una encuesta más para archivar. Según la consultora CB Global Data, Javier Milei no llega al 30% —apenas 28,3%— ni siquiera sumando el 7,8% de Patricia Bullrich evita el ballotage, ese territorio donde las minorías intensas suelen chocar contra mayorías que, aun fragmentadas, terminan ordenándose para poner un límite.
Del otro lado del tablero, el peronismo —ese espacio que hace apenas meses muchos daban por liquidado— aparece con una foto bastante más competitiva de lo que el discurso libertario quisiera admitir. Axel Kicillof, Juan Grabois, Leandro Santoro y Miguel Pichetto suman 37 puntos si se unifican, quedando por encima del oficialismo incluso antes de que empiece cualquier proceso real de ordenamiento político. En términos electorales, eso no es un detalle menor. Es una señal bastante clara de que el escenario está lejos de estar cerrado.
El dato que debería encender todas las alarmas
Pero quizás el número más incómodo no es ese. Es el que atraviesa toda la encuesta como un hilo conductor: el 53% de los consultados dice que quiere un cambio de gobierno. En cualquier administración, ese porcentaje encendería todas las alarmas porque no habla de una discusión ideológica ni de una interna partidaria. Habla de algo mucho más básico, más visceral, más difícil de revertir con discursos o cadenas nacionales: el desgaste.
Ese desgaste no aparece de la nada ni es producto de una conspiración, como le gusta sugerir al oficialismo cada vez que los números no acompañan. Tiene raíces bastante concretas en la vida cotidiana, donde los principales problemas que mencionan los encuestados vuelven a ser los de siempre, aunque cada vez más profundizados: caída del poder adquisitivo, salarios que corren siempre detrás de los precios, y una falta de empleo que deja a cada vez más gente mirando el mercado laboral desde afuera.
El mito del “sacrificio necesario” se agota
En ese contexto, la narrativa del “sacrificio necesario” empieza a mostrar sus límites. Porque una cosa es tolerar un ajuste con la expectativa de que en algún momento llegue la mejora, y otra bastante distinta es sostenerlo cuando la sensación que se instala es que el esfuerzo es permanente y el alivio no aparece nunca. Esa combinación, históricamente en la Argentina, no suele terminar bien para los gobiernos de turno.
A eso se suma otro dato que no es menor y que aparece en el informe regional de la misma consultora: la imagen de Javier Milei viene en caída y ya lo ubica en el puesto 11 entre los presidentes de América Latina, con una baja de 4,5 puntos respecto al mes anterior. Un retroceso que no sólo refleja el clima interno sino también cómo empieza a ser percibido el experimento libertario en el resto de la región.
La justicia le puso un freno a la reforma laboral
En medio de este panorama electoral adverso, el gobierno recibió este lunes un cachetazo judicial que complica aún más su agenda. El juez Raúl Horacio Ojeda suspendió provisionalmente 82 artículos de la reforma laboral, la norma estrella que Milei había logrado imponer en el Congreso tras meses de negociación.
Entre los puntos suspendidos están la posibilidad de ampliar la jornada diaria con compensación de horas, la reducción y el parcelamiento de las indemnizaciones, y las restricciones al derecho de gremio. También quedaron sin efecto la clasificación de trabajadores de plataformas como independientes, la eliminación del principio “in dubio pro operario” (en caso de duda, la justicia falla a favor del trabajador) y la derogación de la ley de teletrabajo.
La Confederación General del Trabajo (CGT), que había presentado el recurso, celebró la decisión. “Con la concesión de la medida cautelar, ambas partes procurarán llegar a la sentencia definitiva lo más rápido posible y en paz social”, afirmó el juez en su fallo. El gobierno, por su parte, ya adelantó que apelará.
La pregunta que nadie quiere responder
El gobierno insiste en que el “orden macro” es la prioridad, que la “estabilidad” llegó, que los inversores miran con buenos ojos. Pero los números electorales no miden teorías ni expectativas futuras. Miden estados de ánimo. Y esos estados de ánimo, cuando cruzan cierto umbral, suelen convertirse en decisiones.
El 53% deja de ser un porcentaje abstracto y pasa a ser una advertencia. No está diciendo “quiero otra política económica” ni “quiero que ajusten mejor”. Está diciendo algo mucho más directo: quiere otra cosa.
El desgaste que no se maquilla con slogans
Milei llegó con la motosierra y la promesa de que el sacrificio iba a valer la pena. Dos años después, la motosierra sigue cortando y la mejora no aparece. La reforma laboral, el gran caballito de batalla del gobierno, está en terapia intensiva después del fallo judicial. Y el 53% de los argentinos, según la encuesta, ya no quiere saber nada con el que maneja la sierra.
El peronismo, mientras tanto, levanta 37 puntos sin siquiera unificarse del todo. La imagen de Milei cae 4,5 puntos en un mes y ya es el puesto 11 entre los presidentes de la región. Y los problemas cotidianos —salarios que no alcanzan, precios que no aflojan, empleo que no aparece— siguen siendo los mismos que hace un año.
Milei ahí tenés el dato que no te van a mostrar en la cadena nacional. 53% de los argentinos ya te puso el cartel de salida. No es la oposición, no son los medios, no es una conspiración. Es la gente que todos los días se levanta, va a laburar, llega a fin de mes con lo justo y no ve que nada mejore. El ajuste se hizo, el “orden” llegó, la “estabilidad” está. Pero el 53% te dice que no le alcanza. En la Argentina, cuando la mayoría pide cambio, el cambio termina llegando.



























