El consumo masivo cayó 3,4% interanual en febrero, acumuló su peor registro en un año y se ubica en apenas 84% del nivel de 2023. Con salarios que siguen perdiendo contra la inflación, la contracción se extiende a todos los canales, incluso alimentos y medicamentos.
La caída del consumo dejó de ser un dato mensual para convertirse en una tendencia sostenida. En febrero, las ventas de productos básicos —alimentos, limpieza e higiene— retrocedieron 3,4% interanual, profundizando la baja registrada en enero (-1,1%) y marcando el peor desempeño en doce meses . La contracción no responde a un evento puntual, sino a un deterioro acumulado que atraviesa distintos momentos económicos recientes.
El dato más significativo no es solo la magnitud de la caída, sino su persistencia. Se trata del cuarto febrero consecutivo con retrocesos en el consumo, lo que confirma que la debilidad no es coyuntural, sino estructural. A lo largo de 2024, las caídas llegaron a ser de dos dígitos, y aunque durante 2025 se observó cierta recuperación, esta nunca logró compensar las pérdidas previas. El resultado es un nivel de consumo que hoy se encuentra 16% por debajo de comienzos de 2023.

Una caída generalizada: ningún canal se sostiene
Uno de los rasgos más relevantes del actual escenario es la extensión de la caída a prácticamente todos los canales de venta. No se trata de un cambio en los hábitos de compra, sino de una reducción efectiva del consumo.
- Supermercados: -5,9% interanual
- Comercios de cercanía: -3,8%
- Mayoristas: -3,6%
- Kioscos: -1,9%
- Farmacias: -2,9%
- Medicamentos: -4,7%
La caída en supermercados podría interpretarse, en otros contextos, como un desplazamiento hacia canales más económicos. Sin embargo, el hecho de que también retrocedan los autoservicios de barrio desarma esa hipótesis. El consumo no se reconfigura: se contrae en todos los frentes.
Particularmente relevante es el retroceso en farmacias y medicamentos, ya que indica un ajuste que impacta incluso en bienes esenciales vinculados a la salud. Cuando el consumo cae en ese nivel, el problema excede cualquier lógica de sustitución o cambio de hábitos.

La excepción: crecimiento sin peso real
El único canal que muestra crecimiento es el comercio electrónico, con una suba del 26,5% interanual . Sin embargo, su incidencia sobre el total sigue siendo reducida, por lo que no alcanza a compensar la caída general.
Esto introduce un matiz importante: el crecimiento de ciertos segmentos no implica necesariamente una mejora del conjunto. Puede tratarse de una redistribución marginal dentro de un volumen total en retroceso.

Salarios e inflación: el origen del ajuste
El comportamiento del consumo encuentra su explicación principal en la dinámica de los ingresos. La inflación volvió a ubicarse en torno al 2,9% mensual en enero y febrero, mientras que los salarios registrados crecieron por debajo de ese nivel, con una caída real del 0,9% en enero .
Este desfasaje tiene consecuencias directas. Cuando los ingresos pierden frente a los precios, el ajuste no se produce de forma inmediata en grandes decisiones de gasto, sino en el consumo cotidiano. Se compran menos unidades, se priorizan productos más baratos o directamente se eliminan consumos.
A diferencia de otros momentos, donde la caída se concentraba en bienes durables, el ajuste actual impacta en el núcleo del consumo masivo. Esto refuerza la idea de que el problema no es de confianza ni de expectativas, sino de capacidad real de compra.
El deterioro acumulado
El recorrido de los últimos años muestra una dinámica clara:
| Período | Comportamiento del consumo | Característica |
|---|---|---|
| 2023 | Caídas moderadas | Inicio del deterioro |
| 2024 | Caídas profundas (dos dígitos) | Crisis de ingresos |
| 2025 | Recuperación parcial | Rebote estadístico |
| 2026 | Nueva caída | Agotamiento del rebote |
Este patrón evidencia que la recuperación observada en 2025 no fue suficiente para revertir el deterioro previo. Al contrario, funcionó como un alivio transitorio que perdió fuerza con el tiempo.
Señales de profundización
Los indicadores adelantados sugieren que la tendencia podría agravarse. Las consultoras proyectan que la inflación podría volver a superar el 3% mensual en marzo, impulsada por aumentos en combustibles y precios estacionales . A esto se suman nuevas listas de precios en supermercados con incrementos cercanos al 10%, lo que anticipa un nuevo impacto sobre el poder adquisitivo.
En este contexto, el consumo enfrenta una doble presión: ingresos que no crecen al ritmo de los precios y nuevas subas que erosionan aún más la capacidad de compra.
Más allá del dato: una economía que se contrae desde adentro
La caída del consumo no es un fenómeno aislado, sino un indicador clave del funcionamiento general de la economía. En sistemas donde el mercado interno tiene un peso significativo, el consumo actúa como motor de la actividad. Cuando se debilita, arrastra a otros sectores: comercio, industria, servicios y empleo.
Lo que muestran los datos actuales es que ese motor pierde fuerza de manera sostenida. No se trata de un cambio en preferencias o de una reconfiguración del gasto, sino de una restricción material: los ingresos no alcanzan para sostener niveles previos de consumo.
Cuando consumir deja de ser posible
El dato central no es solo que el consumo cae, sino que lo hace de manera persistente, generalizada y en rubros esenciales. Esto indica que la economía no enfrenta simplemente un ciclo negativo, sino una limitación más profunda.
Cuando incluso los bienes básicos comienzan a recortarse, el problema deja de ser de comportamiento y pasa a ser de capacidad. Y cuando esa capacidad no se recupera, el consumo deja de ser un motor y se convierte en un indicador de fragilidad.
En ese punto, la caída ya no describe un momento.
Describe una condición.


























