El gobierno de Javier Milei prometió que el ajuste iba a ser doloroso pero necesario. Que después de la tormenta iba a llegar la calma. Que la motosierra iba a terminar con la inflación y que después iba a llegar la recuperación en forma de «V». Los números del mercado laboral, sin embargo, muestran una realidad más cruda: la V, por ahora, es la de vacío, la de vaca, la de víbora. Cualquier cosa menos la de victoria.
Según las estadísticas de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, el total de trabajadores con empleo registrado en la Argentina alcanzó en marzo de 2026 las 12.830.000 personas. Eso es 40.900 puestos menos que un año antes. La caída del 0,3% interanual afectó en especial al sector asalariado privado, que perdió 96.600 puestos de trabajo en la comparación con marzo de 2025. El empleo asalariado privado totaliza hoy 6.188.000 personas, un 1,5% menos que hace un año. El empleo público también se contrajo: 18.200 trabajadores menos, una baja del 0,5%. Las casas particulares, ese rubro donde trabajan mayoritariamente mujeres en condiciones de precariedad, perdieron 1.700 puestos.
La industria, la construcción y el comercio, en terapia intensiva
El desplome no es parejo. El informe oficial muestra una foto de la Argentina de dos velocidades. Por un lado, los sectores ligados a la minería, el petróleo y el campo aguantan. Por el otro, la industria, la construcción y el comercio se desangran. Las actividades que aumentaron el empleo respecto al mes anterior son todas extractivas o primarias: explotación de minas y canteras (0,5%), pesca (0,3%), agricultura (0,3%). El único rubro del sector servicios que creció fue el de actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (0,1%). Nada más.
Las caídas más profundas se registraron en intermediación financiera (-0,5%), industrias manufactureras (-0,4%), transporte y comunicaciones (-0,3%) y comercio (-0,2%). La construcción, que suele ser un termómetro de la actividad económica, se mantuvo estable, pero estable en un nivel bajo. En la comparación interanual, la foto es aún más cruda. Las industrias manufactureras perdieron el 4% de su empleo. La intermediación financiera, el 3,7%. El comercio y las reparaciones, el 1,9%. La pesca creció 5,8%, pero su peso en el total del empleo es marginal. La construcción creció 1%, pero desde un piso muy bajo.
El interior, más castigado que la Ciudad
El derrumbe del empleo también tiene geografía. En términos interanuales, cinco provincias aumentaron su nivel de empleo. El resto, 19, lo perdieron. Las que más crecieron son las que tienen minería o petróleo: Neuquén (3,3%), Río Negro (3,2%) y La Rioja (3%). San Juan (2,2%), con minería, también está en esa lista.
Las provincias más castigadas son las que dependen de la industria o el comercio tradicional. Tierra del Fuego perdió el 9% de su empleo asalariado formal privado en un año. Chubut perdió el 6,8%. Corrientes, Formosa y Chaco, todas por encima del 5%. La Patagonia, la región que alguna vez fue símbolo de la industrialización por sustitución de importaciones, está en caída libre.
El crecimiento del cuentapropismo: más precariedad, menos derechos
El informe oficial también muestra que el trabajo independiente creció. Los monotributistas aumentaron un 3,3% (70.000 personas más) y los monotributistas sociales, un 3% (7.000 más). La contracara de la pérdida de empleo registrado es la expansión del trabajo precario, sin aportes jubilatorios, sin obra social, sin estabilidad. El gobierno celebra el «crecimiento» del monotributo, pero lo que está creciendo es la economía de la supervivencia, no el empleo de calidad.
El dato que el gobierno no quiere ver
El propio informe oficial es contundente. El empleo asalariado formal del sector privado muestra una tendencia descendente desde septiembre de 2023. La caída fue pronunciada en el primer trimestre de 2024, se moderó a fines de ese año, tuvo una pequeña recuperación a fin de 2024, y volvió a caer desde junio de 2025. Ajuste, recesión, desempleo. El círculo vicioso de la motosierra.
El gobierno de Javier Milei dice que lo peor ya pasó. Que la economía está en recuperación. Que el RIGI va a generar inversiones y empleo. Pero los números del mercado laboral son tozudos. 40.900 puestos de trabajo menos en un año. 96.600 asalariados privados que dejaron de ser registrados. 18.200 empleados públicos que perdieron su fuente laboral. Y una industria que no encuentra piso.
La motosierra de Milei no solo cortó el gasto público. Cortó el empleo formal. Cortó la estabilidad laboral. Cortó la capacidad de consumo de millones de argentinos. Y mientras tanto, la única «recuperación» que se ve es la del trabajo precario, la del monotributo de la economía de subsistencia, la del que vende pan en la calle o cuida autos en el centro.
Milei dijo que el ajuste lo pagaba la casta. Pero los números muestran que el ajuste lo están pagando los trabajadores industriales, los comerciantes, los empleados públicos, los que menos tienen. La casta, como siempre, está en otro lado. Mirando el partido desde el palco, mientras el pueblo se queda sin trabajo.


























