José María Carambia llevó una boleta de $315 mil al Senado y pidió crear una “zona polar” para Santa Cruz y Tierra del Fuego ante el recorte de los beneficios por zonas frías. El proyecto oficial obtuvo dictamen y podría llevar las facturas patagónicas hasta los $500 mil. Desde Energía explicaron la racionalidad económica del asunto. La racionalidad térmica quedó para otra comisión.
La motosierra finalmente llegó a un lugar donde, por cuestiones climáticas, convendría encenderla para hacer leña.
El Gobierno avanza con su proyecto de Medidas Energéticas, que recorta el régimen de beneficios en las tarifas de gas para zonas frías. La iniciativa ya tiene media sanción de Diputados y este miércoles consiguió dictamen en la Comisión de Energía, Minería y Combustibles del Senado.
Fue entonces cuando el santacruceño José María Carambia decidió traducir el debate energético al idioma que entiende cualquier persona que haya pasado un invierno en la Patagonia:
“Nos cagamos de frío”.
No figurará en ningún manual de regulación tarifaria, pero tiene una ventaja sobre buena parte de las exposiciones técnicas: se entiende.
Carambia pidió crear una “zona polar” que reconozca la excepcionalidad climática de Santa Cruz y Tierra del Fuego. Explicó que allí el gas debe permanecer encendido prácticamente las 24 horas y mostró una factura de 315 mil pesos.
Después hizo una cuenta bastante menos sofisticada que las planillas oficiales.
Si prospera el cambio, preguntó, ¿qué debe decirles a sus vecinos?
Que una factura de 315 mil puede terminar cerca de los 500 mil pesos.
La política energética argentina alcanzó así una innovación notable: antes el gas servía para calefaccionar la casa; ahora la factura alcanza para prenderse fuego uno mismo.
La Patagonia deberá acreditar que efectivamente queda abajo
La discusión nace del régimen ampliado en 2021, cuando el beneficio por zonas frías dejó de abarcar exclusivamente áreas patagónicas y alcanzó también regiones de Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, San Luis y otras jurisdicciones.
El Gobierno considera que aquella ampliación careció de racionalidad.
La secretaria de Energía, María Tettamanti, lo explicó delante de los senadores: sostuvo que se hizo para conseguir votos y cuestionó que el beneficio estuviera correctamente focalizado en quienes realmente lo necesitaban.
El razonamiento es impecable.
En Santa Cruz puede haber temperaturas bajo cero, nieve, viento y familias que necesitan calefaccionar durante todo el día.
Pero primero habrá que establecer si el frío cumple los requisitos socioeconómicos.
No vaya a ser cosa que haya escarcha aprovechándose del Estado.
Carambia propuso entonces distinguir a Santa Cruz y Tierra del Fuego mediante una “zona polar”.
Parece razonable.
Argentina podría organizar finalmente su sistema tarifario con categorías adaptadas a la doctrina económica vigente:
Zona templada.
Zona fría.
Zona polar.
Zona “ponete otro pulóver”.
Y, para jubilados, zona frazada con débito automático.
Si no alcanza para Cammesa, alcanza el vecino
El subsecretario de Energía Eléctrica, Damián Sanfilippo, aportó otra pieza al rompecabezas. Explicó que la reducción de tarifas provocaba problemas porque las distribuidoras no pagaban a Cammesa y sostuvo que, sin aumentos, las empresas reducen inversiones y calidad del servicio.
Fernando Salino, senador por San Luis, preguntó por qué la solución debe recaer sobre los usuarios y no sobre las empresas que obtienen rentabilidad del negocio.
Qué manera de complicar una reunión técnica con preguntas.
Salino advirtió que el cambio podría significar un incremento del 55% en las tarifas de gas de su provincia y afectar a 92 mil usuarios. Recordó, además, que San Luis viene soportando temperaturas extremadamente bajas e incluso nevadas.
Porque el clima, aparentemente infiltrado por el populismo, se niega a respetar las planillas de Excel.
La discusión tiene un detalle maravilloso: el Gobierno pretende reemplazar parte de un criterio geográfico objetivo por un esquema más focalizado.
Es decir, usted puede vivir donde nieva, despertarse con el auto congelado y tener pingüinos pidiendo permiso para entrar al living.
Pero el Estado primero deberá determinar si usted merece tener frío subsidiado o frío a precio de mercado.
Una factura de medio palo también calefacciona
Carambia puso sobre la mesa la imagen que resume el problema.
Una familia santacruceña pagando 315 mil pesos de gas.
Con el nuevo esquema, según planteó el senador, podría acercarse a los 500 mil.
Medio millón.
Por gas.
Llegado ese nivel tarifario ya no corresponde enviar una factura.
Corresponde mandar una escritura.
El usuario abre el sobre, mira el importe y automáticamente aumenta tres grados la temperatura corporal.
Es termodinámica libertaria.
Incluso podría diseñarse una aplicación oficial para evitar el consumo:
“Su factura estimada para este mes es de $487.392”.
¿Desea encender la estufa?
SÍ.
¿Está seguro?
SÍ.
¿Habló con su familia?
SÍ.
¿Consideró emigrar a Paraguay?
CANCELAR.
La ventaja es que se terminarían rápidamente los problemas de consumo excesivo.
A 500 mil pesos la factura, nadie deja una hornalla prendida.
Uno mira la perilla y siente respeto institucional.
El frío también entró en la grieta
El dictamen reunió las firmas de senadores de La Libertad Avanza, el PRO y varios legisladores aliados. No acompañaron, entre otros, Mariana Juri, Carambia, Salino y Alejandra Vigo.
De modo que incluso el frío consiguió lo que parecía imposible: armar su propia coalición parlamentaria.
Y todavía falta la discusión en el recinto.
El Gobierno defenderá la necesidad de ordenar subsidios.
Las provincias reclamarán que no se puede tratar igual a territorios con condiciones climáticas radicalmente distintas.
Las empresas hablarán de costos e inversiones.
Los senadores harán cuentas.
Y las familias harán lo mismo que hacen siempre cuando la política termina de discutir sus modelos económicos:
pagarán lo que puedan.
El asunto, además, tiene una crueldad difícil de esconder detrás del vocabulario técnico. La calefacción en buena parte de la Patagonia no es un lujo suntuario ni una costumbre extravagante de personas que se encariñaron demasiado con la estufa. En determinadas épocas del año es una necesidad elemental.
Puede discutirse quién debe recibir subsidios, cuánto cuestan, cómo se financian y si el esquema de 2021 fue demasiado amplio.
Lo complicado es explicar que una familia que necesita gas durante todo el día debe aceptar una factura que puede acercarse al medio millón porque el problema estaba en la falta de racionalidad del beneficio.
Sobre todo cuando la racionalidad termina con el usuario parado frente al termostato haciendo una evaluación costo-beneficio entre pagar el gas o conservar la circulación sanguínea.
Carambia, al menos, consiguió sintetizar varias horas de política energética en cuatro palabras.
“Nos cagamos de frío”.
El Gobierno podrá modificar el régimen, recalcular subsidios, reducir beneficiarios y explicar distribución, transporte, Cammesa, inversiones y eficiencia.
Todo perfectamente técnico.
Todo perfectamente ordenado.
Solo falta resolver un pequeño detalle.
Cómo hacer para que, cuando llegue el invierno, también se entere el termómetro.


























