Mayra Mendoza acusó al gobernador de repartir fondos con discrecionalidad, abandonar obras hídricas clave para Quilmes y romper la unidad después de su reelección. “No hay nada peor que ser desleal”, disparó. El peronismo bonaerense volvió a su estado natural: todos piden unidad mientras verifican que el lanzallamas tenga nafta.
El peronismo bonaerense terminó la tregua.
Duró bastante.
Casi nadie alcanzó a darse cuenta de que había empezado.
Mayra Mendoza volvió a apuntar contra Axel Kicillof y esta vez sacó del cajón una de las palabras que en el peronismo vienen inmediatamente antes del velorio político: “Desleal”.
La diputada camporista acusó al gobernador de haber dividido al espacio después de su reelección en 2023, cuando lanzó su propia agrupación, y aseguró que existe “cierto grado de discrecionalidad” en el reparto de recursos provinciales hacia los municipios políticamente más cercanos a Kicillof.
En criollo:
—Compañero, los fondos son para todos.
—Por supuesto.
—¿Entonces cuándo llegan?
—Cuando seas todos.
Mayra reconoció que Nación le debe a la Provincia unos $15 billones, pero sostuvo que eso no alcanza para explicar las diferencias en el financiamiento municipal.
Porque una cosa es que Milei no mande plata.
Otra, que Kicillof tenga poca.
Y otra bastante más peronista: discutir qué compañero recibe la poca plata que Milei no mandó.
El cuarto carril de la discordia
El reclamo concreto pasa por las obras hídricas de los arroyos San Francisco y Las Piedras, que afectan a Quilmes y otros distritos del sur del Conurbano y demandarían más de USD 400 millones.
Mayra sostiene que alcanzan a unas 500.000 personas que viven cerca de esos cursos de agua y cuestiona que la Provincia priorice otras inversiones.
Ahí apareció el cuarto carril de la autopista Buenos Aires-La Plata.
“Entiendo que está bien, pero para mí es una decisión porteña”, disparó.
Su razonamiento fue bastante sencillo: el automovilista puede salir un poco antes.
El vecino inundado tendría que aprender a manejar kayak.
La discusión alcanzó así una profundidad extraordinaria.
Kicillof construye un carril.
Mayra quiere obras para los arroyos.
Y el peronismo ya tiene seis carriles internos, todos de contramano.
Cristina, la madre de todas las facturas
Pero el agua fue apenas la introducción.
Después apareció Cristina.
Mayra sostuvo que la expresidenta “nos dio las oportunidades a todos por igual, pero algunos quizás más” y que ahora algunos no estarían devolviendo aquello que recibieron.
Y remató:
“No hay nada en la vida que sea peor que ser desleal y desagradecido”.
En cualquier otro partido eso sería una crítica.
En el peronismo es prácticamente una cabeza de caballo arriba de la mesa de luz.
El mensaje para Kicillof resulta difícil de confundir:
Cristina te hizo.
Cristina te bancó.
Cristina te dio oportunidades.
Y ahora estás armando rancho propio.
Favor recibido, factura emitida.
La discusión también desnuda el problema central de la sucesión peronista rumbo a 2027. Kicillof intenta construir una estructura propia mediante el Movimiento Derecho al Futuro; el kirchnerismo busca conservar capacidad de conducción y La Cámpora no piensa observar desde la platea cómo el gobernador se emancipa.
Todos quieren derrotar a Milei.
Primero necesitan resolver una cuestión más urgente:
quién derrota a quién dentro del peronismo para tener el privilegio de intentarlo.
Y mientras Mayra acusa a Axel de dividir, el axelismo acusa al cristinismo de no dejar crecer a nadie, los intendentes reclaman lugares, Massa mira desde un costado y Cristina conserva la lapicera simbólica.
Una familia normal.
Solamente que el asado se hace con padrón electoral.
Lo extraordinario es que todos continúan hablando de unidad.
Unidad del movimiento.
Unidad contra Milei.
Unidad del campo nacional y popular.
Unidad para 2027.
La palabra aparece tanto que empieza a generar sospechas.
Porque cada vez que alguien pronuncia “unidad” en el peronismo bonaerense, un dirigente manda a medir su candidatura.
Mayra dice que Kicillof dividió al peronismo.
Kicillof construye su propio espacio.
La Cámpora se prepara para disputarle poder.
Los intendentes se organizan.
Massa conserva los suyos.
Y todos aseguran trabajar para evitar una fractura.
Perfecto.
El peronismo está tan unido que ya necesita escribano para hacer el reparto de los pedazos.


























