Sáenz, Jaldo, Jalil y Valdés llegaron a la Casa Rosada con la libreta de comunicaciones llena de reclamos: pusieron votos, acompañaron leyes y ahora quieren rutas, autorización para endeudarse, obras y compensaciones energéticas. Santilli los recibió justo cuando el Gobierno necesita aprobar el Presupuesto 2027 y juntar voluntades para las PASO. La familia federal atraviesa una crisis: mami llama cuando necesita algo, los chicos obedecen y después papá queda explicando por qué otra vez no vino a buscarlos.
Los gobernadores dialoguistas finalmente hicieron lo que hace cualquier criatura cuando mamá no le da bola: fueron a acusarla con papá.
Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil y Juan Pablo Valdés llegaron hasta el despacho de Diego Santilli con una colección bastante nutrida de reclamos. Obras demoradas, rutas, problemas para tomar o refinanciar deuda, subsidios energéticos y una sensación que recién ahora parece haber adquirido categoría de descubrimiento científico: ellos ponen los votos y la Casa Rosada pone el visto.
No piden demasiado.
Después de acompañar varias iniciativas del Gobierno quieren que alguien cumpla algunas de las cosas prometidas.
Caprichosos.
Uno les da gobernabilidad, reuniones, fotos, llamados telefónicos y hasta café, y ellos pretenden que además hagan las obras.
Así no se puede criar gobernadores.
“Papi, yo me porté bien”
Sáenz fue el que llegó con el boletín bajo el brazo.
“La lealtad es una avenida de ida y vuelta”, protestó el salteño, explicando que cuando la Casa Rosada necesita apoyo legislativo los teléfonos provinciales parecen una central de telemarketing, pero una vez conseguidos los votos desaparece hasta el doble tilde azul.
El gobernador descubrió que la avenida era efectivamente de ida y vuelta.
Él iba y Milei volvía con sus votos.
Sáenz tiene experiencia en esta relación familiar. Ya había definido al Gobierno como una “paloma de iglesia” que “caga a los fieles”.
Metáfora impecable.
Lo extraordinario es que después de semejante diagnóstico siguió sentado debajo del campanario con la boca abierta.
También llegó a decir que le gustaría cantar con Milei sobre un escenario y sus legisladores acompañaron distintas iniciativas oficialistas.
Ahora está enojado.
No porque mamá haya cambiado.
Porque mamá volvió a hacer exactamente lo que él había dicho que hacía.
La política argentina posee esa capacidad extraordinaria para convertir la reincidencia en sorpresa.
Mamá llama únicamente cuando necesita que ordenen el Congreso
El mecanismo que describen los gobernadores es sencillo.
Cuando faltan votos:
“Gustavo querido, ¿cómo estás?”
“Osvaldo, hermano.”
“Raúl, tenemos que construir juntos.”
“Juan Pablo, el país necesita hombres responsables.”
Aprobada la ley: “Hola, usted se ha comunicado con la Casa Rosada. Nuestro horario de atención a gobernadores es durante la próxima votación.”
Por eso la aparición de Santilli resulta providencial.
Alguien tiene que recibir a los chicos.
Escucharlos.
Asentir.
Tomar nota.
Decir que comprende.
Prometer que hablará con mamá.
Básicamente, una tenencia compartida del federalismo.
Santilli quedó así convertido en el padre que recibe a cuatro criaturas indignadas porque llevan meses esperando la bicicleta prometida.
Solo que la bicicleta son rutas nacionales, financiamiento y obras públicas.
Y los nenes manejan provincias.
“A tu hermano del Sur le sacamos el gas, a vos te vemos la luz”
La terapia familiar también incluyó la energía.
Los gobernadores norteños reclamaron que, si se modifica el régimen de zonas frías, exista algún mecanismo que contemple a las zonas cálidas, donde buena parte del consumo energético se concentra en electricidad para soportar temperaturas altísimas.
Es razonable.
En la Patagonia necesitan gas para no congelarse.
En el Norte necesitan electricidad para no morir hervidos.
La solución nacional parece consistir en poner a competir a los argentinos para determinar quién sufre el clima más barato.
Jaldo planteó la necesidad de compensar ambas realidades.
Podríamos simplificar el sistema.
Zona fría: pague.
Zona caliente: pague.
Zona templada: pague.
Zona pobre: pague primero.
Y si siente que la factura es excesiva, recuerde que el equilibrio fiscal también necesita calefacción.
Los chicos amenazan con no hacer la tarea
Sáenz además adelantó que sus legisladores no acompañarán cambios que perjudiquen la Emergencia en Discapacidad.
Y reclamó que al equilibrio fiscal se le agregue equilibrio social.
Mamá seguramente anotó el planteo.
En la heladera.
Debajo del imán.
Porque ahora viene el verdadero problema familiar: el Gobierno necesita nuevamente a sus criaturas.
Está el Presupuesto 2027.
Está la reforma electoral.
Está la discusión sobre las PASO.
Y ahí ocurre el milagro anual del federalismo argentino:
las provincias vuelven a existir.
De pronto los gobernadores dejan de ser esos señores molestos que piden rutas y empiezan a convertirse en “actores fundamentales para alcanzar consensos”.
Qué lindo es sentirse querido.
Aunque sea hasta que termine la votación.
De las PASO no hablaron porque los chicos tampoco son boludos
Jaldo aseguró que durante la reunión no se habló de la reforma electoral.
Perfecto.
El Gobierno necesita desesperadamente definir qué hará con las PASO.
Los gobernadores tienen votos fundamentales.
Se reúnen durante horas con el jefe de Gabinete.
Pero no hablaron del tema.
Seguramente discutieron qué regalarle a Santilli para el Día del Padre.
Los mandatarios no tienen ninguna necesidad de apurarse.
Sus votos valen.
Y después de comprobar cómo funciona la reciprocidad con la Casa Rosada, entregar ahora el apoyo sería parecido a prestarle plata nuevamente al primo que todavía te debe Navidad de 2018.
Primero que aparezcan las garantías.
Después hablamos.
Los gobernadores aprendieron.
Tarde, pero aprendieron.
La familia se reúne porque hay una herencia que votar
La ronda continuará con Carlos Sadir y Gustavo Melella, mientras Leandro Zdero postergó su visita.
Más gobernadores.
Más reclamos.
Más café.
Más federalismo.
Más promesas.
Y una Casa Rosada que necesita aprobar el Presupuesto y resolver una reforma electoral decisiva para 2027.
De manera que durante las próximas semanas los gobernadores volverán a recibir atención, cariño y posiblemente hasta mensajes de buenos días.
Después veremos.
La escena completa tiene algo de familia ensamblada en mediación judicial.
Los gobernadores dicen que cumplieron.
Mamá dice que no alcanza la plata.
Papá Santilli promete hablar con ella.
Los chicos quieren las obras.
Y en el medio aparece una carpeta que dice PRESUPUESTO 2027.
Ahí, curiosamente, todos vuelven a ser familia.
Sáenz resumió el conflicto diciendo que la lealtad debe ser una avenida de ida y vuelta.
Tiene razón.
Solo le faltó entender cómo estaba organizada la casa: mamá se queda con los votos, papá escucha los reclamos y los chicos se enteran después de que la bicicleta nunca estuvo en el Presupuesto.


























