La posibilidad de que la Justicia le cierre a Gustavo Sáenz la puerta de otro mandato despertó el humanismo del peronismo salteño: mientras el gobernador sigue vivo, gobierna y hasta podría ser candidato, ya tantean a Emiliano Durand para sucederlo. El intendente promete acompañar a Sáenz si compite; si no, podría quedarse con la candidatura. También circulan Royón, Jarsún y hasta reapareció el Oso Leavy. Nadie traicionó a nadie: simplemente están esperando que la Corte confirme a quién hay que velar.
Gustavo Sáenz todavía gobierna Salta, camina, habla, negocia, firma decretos y seguramente desayuna sin asistencia respiratoria.
Pero en el peronismo ya comenzaron a preguntarse qué talle de saco usa Emiliano Durand.
La duda sobre si la Justicia permitirá que Sáenz busque otro mandato en 2027 abrió esa etapa tan sensible de la política argentina en la que nadie quiere que te pase nada, pero ya preguntaron cuánto cuesta el cajón.
El intendente de Salta capital aparece como una alternativa atractiva para sectores del peronismo si la Corte deja al gobernador afuera de la competencia.
Durand tiene algo que hoy cotiza más que un programa de gobierno: es opositor a Milei.
Sáenz, en cambio, mantiene una relación mucho más cercana con la Casa Rosada y está peleado con el kirchnerismo.
Traducido al castellano electoral: mientras Sáenz tenga candidatura, es un enemigo. Si pierde la candidatura, su posible heredero puede convertirse en compañero.
No es oportunismo.
Es reciclaje político.
El muerto todavía no murió, por favor no estacionar la carroza
Durand dijo que si Sáenz compite en 2027, él irá nuevamente por la intendencia y acompañará al gobernador.
Una declaración de lealtad conmovedora.
Sobre todo por el tamaño del “si”.
Porque si Sáenz no puede competir, el escenario cambia.
Y ahí aparece la posibilidad de que el propio gobernador impulse a Durand como sucesor.
Sería una transición ordenada: Sáenz pondría el candidato, Durand recibiría la bendición y sectores del peronismo que hoy no quieren saber nada con el gobernador descubrirían que su heredero siempre les pareció un muchacho bárbaro.
La política argentina tiene esas epifanías.
Uno puede pasar años denunciando un espacio político hasta que aparece una encuesta favorable.
Entonces ya no es un espacio político.
Es un puente para construir consensos.
Si además tiene quince puntos, el puente lleva peaje.
El problema no es Sáenz: es quién se queda con las llaves
Existe otra posibilidad.
Que Sáenz no pueda presentarse pero elija como sucesora a Flavia Royón o impulse a Ignacio Jarsún.
Ahí Durand podría plantarse y competir por la gobernación.
De manera que la doctrina quedó bastante clara:
Si Sáenz es candidato, Durand está con Sáenz.
Si Sáenz no es candidato y unge a Durand, Durand está con Sáenz.
Si Sáenz no es candidato y unge a otro, Durand podría estar con Durand.
Por fin una doctrina política imposible de traicionar.
El peronismo no saencista, mientras tanto, niega conversaciones con el intendente.
También aclara que está dispuesto a dialogar con cualquier dirigente opositor a Milei.
Pero no hablan de Durand.
Hablan únicamente de un intendente de Salta capital, opositor a Milei, con votos, territorio y posibilidades de ser gobernador si Sáenz queda afuera.
Si aparece otro con esas características, seguramente también lo llaman Emiliano Durand.
Apareció el Oso: cuando faltan votos hasta el ex vuelve a ser fachero
En el armado también volvió a aparecer Sergio “Oso” Leavy.
El año pasado armó una lista separada y obtuvo algo más de ocho puntos. Fuerza Patria consiguió alrededor de catorce.
Cristina Kirchner habría quedado furiosa con Leavy porque consideraron que esa división perjudicó las posibilidades del peronismo.
Pero pasó el tiempo.
Y ocho puntos continúan siendo ocho puntos.
Entonces el Oso, que ayer era responsable de la fragmentación, empieza lentamente a convertirse en “un dirigente con fuerte inserción territorial”.
Es uno de los fenómenos químicos más extraordinarios de la política.
Agarrás un traidor.
Le agregás ocho puntos.
Revolvés hasta marzo.
Y obtenés un compañero.
Si trae quince, es referente.
Si trae veinte, conductor.
Y si garantiza una gobernación, Cristina nunca estuvo enojada: fueron diferencias metodológicas magnificadas por los medios.
También hay conversaciones con Yolanda Vega, cercana a Sáenz.
Porque si vamos a reconstruir el movimiento, reconstruyámoslo bien.
Que no quede afuera nadie que pueda aportar fiscales, intendentes, votos, una traffic o aunque sea dos docenas de empanadas para el acto.
La ideología termina exactamente donde empieza el 15%
El peronismo no saencista podría representar alrededor de quince puntos.
Ahí está la verdadera doctrina.
Quince.
No Marx.
No Perón.
No Cooke.
Quince.
Porque en una elección apretada entre el oficialismo provincial y los libertarios, ese caudal puede decidir la gobernación.
Y quince puntos producen reconciliaciones que ni el papa.
Con quince puntos se supera una interna.
Se perdona una traición.
Se olvida un insulto.
Se encuentra una coincidencia histórica.
Y si son decisivos para ganar, hasta puede descubrirse que aquella persona a la que llamabas funcional a la derecha en realidad estaba atravesando una etapa de autonomía táctica.
Por eso todos empiezan a observar qué sucederá con Sáenz.
La Corte todavía no decidió.
El gobernador todavía no está afuera.
Durand todavía no anunció candidatura.
El PJ salteño dice que todavía no negocia con él.
Sáenz todavía podría elegir otro sucesor.
Y Leavy todavía tendría que atravesar el filtro de Cristina.
No hay absolutamente nada resuelto.
Por eso ya están todos negociando.
Falta únicamente que alguien avise al gobernador.
Aunque probablemente ya lo sepa.
Después de todo, Sáenz lleva suficientes años en política para entender una regla básica del oficio:
cuando tus compañeros empiezan a preocuparse demasiado por tu sucesión, conviene dejar de tomar café en las reuniones.
La carrera electoral de 2027 todavía ni largó y en Salta ya están acomodando candidatos alrededor de una candidatura que todavía no murió.
Pero tampoco hace falta dramatizar.
Esto no es una autopsia anticipada.
Es apenas política argentina practicando medicina preventiva:
primero reparten los órganos y después preguntan si el paciente tenía obra social.


























