Fernando Brun, segundo de Pablo Quirno en Cancillería, busca quedarse con la embajada argentina en Ginebra ante una posible salida del canciller para reemplazar a Manuel Adorni. La maniobra abrió una feroz interna con el actual embajador Carlos Foradori, en medio de la salida argentina de la OMS y la crisis política que atraviesa el Gobierno libertario.
La decisión del gobierno de Javier Milei de oficializar la salida de Argentina de la Organización Mundial de la Salud no solamente abrió un conflicto diplomático internacional. También detonó una feroz disputa interna dentro de la Cancillería argentina por uno de los destinos más estratégicos del servicio exterior: la representación permanente ante los organismos internacionales en Ginebra.
La pelea enfrenta al actual embajador argentino en Suiza, Carlos Foradori, con Fernando Brun, actual segundo del canciller Pablo Quirno y uno de los funcionarios que más rápidamente se alineó al núcleo duro libertario dentro del Palacio San Martín.

Según fuentes diplomáticas consultadas por InfoNegro, la interna se aceleró después de que Quirno comenzara a comentar dentro de su entorno político que sigue siendo una de las opciones preferidas de Karina Milei para reemplazar a Manuel Adorni en caso de que el escándalo patrimonial que rodea al funcionario termine forzando su salida.
La posibilidad de un desembarco de Quirno en la Jefatura de Gabinete encendió alarmas dentro de Cancillería y abrió movimientos anticipados entre funcionarios que buscan preservar posiciones de poder o asegurarse refugios diplomáticos antes de un eventual recambio interno.
Fernando Brun aparece hoy como uno de los principales protagonistas de esa maniobra.
El funcionario, que había sido embajador argentino en Alemania y logró sobrevivir políticamente a la salida de Gerardo Werthein, ocupa desde junio del año pasado la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales. Sin embargo, dentro del Palacio San Martín admiten que Brun no está seguro de conservar influencia en un nuevo reordenamiento interno y por eso busca garantizarse un destino internacional de peso.
“Brun busca refugio en Ginebra”, resumió un diplomático con acceso directo a la interna libertaria.
Pero el problema es que la plaza ya tiene dueño.
Y Foradori no piensa cederla fácilmente.
“Foradori y Brun están en guerra por quedarse con la embajada en Ginebra”, explicó a InfoNegro una fuente diplomática al tanto de la disputa. Según esa reconstrucción, ambos funcionarios comenzaron durante los últimos meses a sobreactuar públicamente alineamientos ideológicos con el mileísmo para fortalecer posiciones frente al círculo presidencial.

La radicalización discursiva de Foradori quedó especialmente expuesta durante la reciente Asamblea Mundial de la Salud, donde defendió públicamente la salida argentina de la OMS con un discurso cargado de retórica libertaria.
“Ahora tenemos un gobierno que sabe combinar, con las dosis exactas y adecuadas, cuatro ingredientes vitales: firmeza, prudencia, imaginación y audacia”, afirmó el embajador argentino ante organismos internacionales.
La declaración continuó con un tono todavía más alineado al discurso presidencial. “Eso le permite saber, en cada caso y ante cada circunstancia, qué tiene que hacer, cómo lo tiene que hacer y con quién lo tiene que hacer, sin necesidad de contar con la tutoría de una burocracia internacional”, sostuvo.
Dentro de Cancillería varios diplomáticos interpretaron esas declaraciones como parte de una demostración explícita de lealtad política hacia Milei y Karina.
La pelea además arrastra viejas heridas dentro del servicio exterior argentino.
Foradori quedó marcado desde 2022 por el escándalo desatado luego de que el exvicecanciller británico Alan Duncan revelara públicamente que el diplomático argentino habría estado alcoholizado cuando se negoció el controvertido pacto Foradori-Duncan firmado durante el gobierno de Mauricio Macri en septiembre de 2016.
Aquel acuerdo había generado una enorme polémica en Argentina porque contemplaba flexibilizar restricciones sobre actividades económicas británicas en torno a las Islas Malvinas, incluyendo pesca, hidrocarburos y vuelos.
El escándalo dejó a Foradori durante años prácticamente fuera de destinos relevantes dentro de la diplomacia argentina hasta el regreso de la derecha al poder con Milei.
Ahora busca consolidar definitivamente su supervivencia política en Ginebra.
Mientras tanto, Brun también intenta mostrar fidelidad absoluta al oficialismo.
Fuentes diplomáticas recuerdan especialmente una misión oficial encabezada por el funcionario hacia una isla del Caribe que habría implicado gastos superiores a los 100 mil dólares y que dentro de Cancillería todavía genera fuertes cuestionamientos internos.
En paralelo, la tensión ocurre en uno de los momentos más sensibles de la política exterior libertaria.
La salida argentina de la OMS provocó fuertes críticas internacionales, especialmente por el contexto sanitario global atravesado por el brote internacional de hantavirus y las advertencias de organismos sanitarios sobre riesgos epidemiológicos crecientes.
Además, el Gobierno enfrenta creciente aislamiento diplomático en distintos organismos multilaterales debido a posiciones extremas adoptadas durante los últimos meses.
Por eso, la representación argentina en Ginebra se volvió una pieza estratégica central.
Allí funcionan la OMS, la Organización Internacional del Trabajo, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y buena parte de las principales estructuras multilaterales del sistema internacional contemporáneo.
La pelea entre Brun y Foradori no es solamente una disputa burocrática.
Es una batalla de supervivencia política dentro de un gobierno atravesado por internas, crisis de gestión y creciente fragilidad internacional.


























