Federico Angelini dejó el Ministerio de Seguridad en medio de la feroz interna entre Patricia Bullrich y Karina Milei. El dirigente manejaba áreas sensibles vinculadas al despliegue federal y al Plan Bandera en Rosario. Su salida profundiza la fractura dentro del oficialismo y golpea uno de los principales bastiones de seguridad que exhibía el Gobierno.
📍 Buenos Aires / Rosario, 21 de mayo de 2026
La interna entre Patricia Bullrich y Karina Milei sumó este jueves un nuevo capítulo explosivo con la renuncia de Federico Angelini, uno de los funcionarios de mayor confianza política de Bullrich dentro del Gobierno nacional.
Angelini abandonó su cargo como subsecretario de Intervención Federal del Ministerio de Seguridad en medio de una escalada de tensiones entre el entorno de la exministra y la hermana presidencial, una pelea que ya atraviesa el corazón del oficialismo libertario y empieza a impactar sobre áreas sensibles de gestión.
La salida del dirigente rosarino se produjo apenas horas después de que trascendiera que Karina Milei desplazó a Bullrich de las reuniones de gabinete político, un gesto interpretado dentro de La Libertad Avanza como una humillación directa hacia una de las figuras con mayor peso electoral del espacio.
Fuentes oficiales consultadas por InfoNegro confirmaron que la situación interna alrededor de Angelini se había vuelto “insostenible” durante las últimas semanas, especialmente después del avance de funcionarios alineados con Karina dentro del Ministerio de Seguridad.
El dirigente había logrado sobrevivir incluso al desplazamiento de Bullrich del ministerio y al desembarco de Alejandra Monteoliva, quien originalmente respondía políticamente a la exministra pero terminó acercándose al armado de la hermana presidencial.
Sin embargo, el conflicto terminó detonando.
Y la renuncia de Angelini fue leída dentro del oficialismo como un mensaje político directo de Bullrich hacia los hermanos Milei.
El exfuncionario ocupaba un lugar estratégico dentro del esquema de seguridad nacional. Desde la Subsecretaría de Intervención Federal coordinaba despliegues de fuerzas federales en distintas provincias y tenía un rol clave en el llamado Plan Bandera, el operativo de seguridad impulsado por Nación para intervenir sobre la crisis narco en Rosario.
No era un cargo menor.
Angelini manejaba articulación con Gendarmería, despliegues territoriales y coordinación operativa federal en zonas consideradas críticas por el Gobierno.
Por eso, su salida abre interrogantes concretos sobre la continuidad política y operativa de algunos de los programas de seguridad que la administración libertaria venía utilizando como bandera de gestión.
Especialmente en Rosario.
La ciudad santafesina se convirtió durante el último año en uno de los principales escenarios donde el Gobierno buscó mostrar resultados frente a la violencia narco y la crisis de seguridad. El despliegue federal de fuerzas había sido además uno de los pocos puntos donde Bullrich conservaba capacidad de construcción política propia dentro de la estructura libertaria.
Ahora, ese equilibrio parece empezar a romperse.
Dentro del PRO santafesino la renuncia ya disparó especulaciones sobre el futuro político inmediato de Angelini. Sectores vinculados al gobernador Maximiliano Pullaro no descartan incorporarlo al Ministerio de Seguridad provincial, donde mantiene fuertes vínculos políticos y operativos.
“Maxi siempre quiso tener a Fede”, reconocieron dirigentes de Unidos consultados por InfoNegro.
La crisis expone además un problema mucho más profundo dentro del oficialismo.
La convivencia entre Karina Milei y Patricia Bullrich venía deteriorándose desde hace meses por disputas de poder, armado territorial, manejo de estructuras políticas y control sobre áreas estratégicas del Gobierno.
Bullrich conserva peso parlamentario, vínculos con sectores empresariales, respaldo dentro de las fuerzas de seguridad y una base política propia heredada del PRO. Karina, en cambio, consolidó un esquema de conducción mucho más cerrado alrededor del núcleo íntimo libertario y viene desplazando progresivamente a dirigentes que no responden directamente a su autoridad.
La renuncia de Angelini aparece así como un síntoma de una fractura cada vez más visible.
Y también como una señal de que la guerra interna dentro del oficialismo ya empezó a impactar sobre la propia estructura del Estado.
Porque detrás de la salida de un subsecretario no solamente hay una pelea personal entre dirigentes.
Hay una disputa feroz por control político, territorio, fuerzas federales y armado electoral dentro de un gobierno que empieza a mostrar grietas cada vez más profundas en su núcleo de poder.


























