Un banquero holandés confesó rituales con niños en un hotel del centro porteño. Documentos desclasificados revelan que Jeffrey Epstein financió el plan «Ciudad Segura» de Buenos Aires en 2014, ejecutado por empresas israelíes vinculadas al Mossad mientras Mauricio Macri era Jefe de Gobierno. Juan Grabois denunció orgías en Lago Escondido con jueces y empresarios. Joe Lewis, amigo de Macri y socio de Epstein, era el anfitrión. Roberto Giordano recibía transferencias del pedófilo en Punta del Este. Más de setecientas referencias a la Argentina, con nombres tachados, esperan ser desclasificadas.
La red de vigilancia que llegó a Buenos Aires
En 2014, mientras Mauricio Macri era Jefe de Gobierno porteño, se lanzó el ambicioso plan «Ciudad Segura»: cien cámaras de alta definición, centros de monitoreo, patrulleros con reconocimiento de patentes y quinientos kilómetros de fibra óptica.
Lo que nunca se dijo es que Jeffrey Epstein era uno de los principales inversores de Reporty Homeland Security, empresa fundada por exmiembros de las Fuerzas de Defensa de Israel y dirigida por el ex primer ministro Ehud Barak.
Los documentos internos de Reporty son escalofriantes: la app podía rastrear la ubicación de los usuarios incluso desactivada, generar mapas de interiores con precisión milimétrica, y enviar los datos automáticamente a centros de comando. Un informe confesaba: «Con Reporty, las autoridades tienen el poder de controlar a la masa en la red social».
En un reporte confidencial de 2014 enviado a Epstein, bajo el subtítulo «Argentina (Buenos Aires)», se leía: «Se espera que Mer Group termine la instalación de cámaras, observación y sistemas de inteligencia en Buenos Aires este año para el enorme proyecto de Ciudad Segura».
Mer Group, otra empresa israelí, enviaba reportes técnicos a Epstein sobre el avance del proyecto y sugería contratar «los mejores abogados» para esquivar conflictos legales por invasión a la privacidad. Las licitaciones de aquella etapa, casualmente, no se encuentran digitalizadas.
La confesión del banquero: un hotel en Buenos Aires
En 2017, el exbanquero holandés Ronald Bernard declaró ante cámara que en los niveles más altos de las finanzas globales lo invitaron a participar de sacrificios rituales con niños en el extranjero. Y dio una coordenada precisa: un hotel muy conocido, en el centro de Buenos Aires, con sótanos profundos donde ocurrían cosas que la ciudad no veía.
Ningún fiscal investigó. El hotel sigue en pie.
Lago Escondido: las orgías que denunció Grabois
En octubre de 2022, en pleno escándalo por la reunión de jueces en la estancia de Joe Lewis, Juan Grabois declaró en C5N y Radio 10 que, según testigos de la zona, en Lago Escondido no solo se hablaba de política: había ritos sexuales, orgías, con participación de jueces, empresarios y políticos.
Fue tratado de conspiranoico. Nadie investigó.
Joe Lewis no es un personaje secundario: es magnate británico, dueño de doce mil hectáreas en la Patagonia, amigo personal de Mauricio Macri (quien lo visitó en Lago Escondido usando su helicóptero privado), y socio y amigo de Jeffrey Epstein durante décadas. En los archivos del pedófilo, Lewis aparece mencionado, y hay anotaciones como «Joe – reunión – Bariloche – privado».
Roberto Giordano y las transferencias de quinientos dólares
Los archivos desclasificados también revelan que Epstein realizó múltiples transferencias de quinientos dólares a una cuenta de Roberto Giordano en Punta del Este en 2006. El estilista, fallecido en 2024, organizaba megadesfiles donde desfilaban modelos adolescentes. En diciembre de 2016, Epstein viajó «urgentemente» a Punta del Este, postergando una reunión con Ehud Barak.
Más de setecientas referencias a la Argentina con nombres tachados
En total, los archivos contienen más de setecientas menciones a la Argentina: números de teléfono con código +54, anotaciones crípticas como «BA – hotel – noche – 3», registros de al menos tres visitas de Epstein al país, y nombres que aparecen tachados, ocultados, eliminados de los documentos antes de su publicación.
Cada nombre tachado es un agujero negro en la historia. El gobierno de Estados Unidos sabe quiénes son. La justicia argentina podría pedir que se revelen esos nombres. Pero no lo hace.
¿A quién protegen esas manchas negras? ¿A jueces que viajaban a Lago Escondido? ¿A empresarios que financiaban campañas? ¿A políticos que hoy ocupan bancas en el Congreso? ¿A los mismos que aparecen en las anotaciones crípticas sobre un hotel porteño con sótanos profundos?
Un memorando interno del FBI de 2020 reportaba que una fuente había concluido que Epstein «era un agente del Mossad cooptado» y había sido «entrenado como espía».
El patrón que nadie quiere ver
Juntemos las piezas:
Una red de vigilancia israelí con inversión de Epstein se instala en Buenos Aires durante la gestión Macri. Un banquero arrepentido confiesa sacrificios rituales en un hotel porteño. Un dirigente social denuncia orgías en Lago Escondido, propiedad de Joe Lewis, amigo de Macri y socio de Epstein. Epstein transfiere dinero a Giordano en Punta del Este y viaja «urgentemente» allí. Más de setecientas referencias a la Argentina esperan ser desclasificadas, con nombres tachados que nadie se atreve a revelar.
¿Todo esto es casualidad? ¿Cuántas coincidencias hacen falta para que alguien, con nombre y apellido, se anime a bajar a esos sótanos?
Expediente Connors: caso abierto.



























