A tres días del inicio de la Copa Mundial de la FIFA 2026, el evento deportivo más importante del planeta se encuentra envuelto en una polémica que excede largamente las cuestiones futbolísticas. La política migratoria del presidente Donald Trump, en particular sus restricciones a ciudadanos de países mayoritariamente musulmanes y africanos, está generando un clima de tensión y discriminación que amenaza con empañar el torneo. Las denuncias se multiplican: equipos enteros que no pueden ingresar, árbitros rechazados en las fronteras, periodistas y fotógrafos deportivos deportados, y una sensación generalizada de que el país anfitrión está aplicando un doble estándar inadmisible para un evento de esta magnitud.
El caso de Irán: la parábola del “día de juego”
El ejemplo más paradigmático es la selección de Irán. El embajador iraní en México, Abolfazl Pasandideh, fue contundente: los jugadores de la selección de Irán solo podrán ingresar a Estados Unidos el día de sus partidos del Mundial. “Pueden entrar por la mañana y el mismo día tienen que irse”, declaró el diplomático a medios mexicanos .

No es una medida de seguridad puntual. Es una política de Estado. Las visas otorgadas a los futbolistas iraníes son estrictamente diarias y de un solo uso. El plantel, que concentra sus entrenamientos en Tijuana, México, volará a Los Ángeles solo para jugar y regresará inmediatamente después del partido .
Las contradicciones legales son evidentes. La FIFA obliga a cada selección a realizar una conferencia de prensa el día previo a cada partido en la ciudad sede. Con las visas diarias, los periodistas y el cuerpo técnico no pueden ingresar el día anterior. El reglamento choca contra la pared de la política migratoria estadounidense.
El presidente de la Federación Iraní de Fútbol, Mehdi Taj, advirtió que el equipo se vería obligado a considerar “otras decisiones” si las visas no se emitían a tiempo . Taj, un ex comandante de la Guardia Revolucionaria, fue uno de los afectados: su visa fue denegada por las autoridades estadounidenses . También le fue negada la visa al gerente de logística del equipo. Un total de 15 funcionarios de la federación iraní permanecen sin poder ingresar al país .
El periodismo también es víctima
La Asociación Internacional de la Prensa Deportiva (AIPS), presidida por el italiano Gianni Merlo, denunció que muchos periodistas acreditados enfrentan problemas graves con las visas. “Hay numerosos casos de colegas iraníes y africanos que han recibido visas de entrada única”, declaró Merlo. “Esto significa que si su selección juega en Canadá o México y deciden seguirlas, ya no podrán regresar a Estados Unidos” .
El gobierno estadounidense no distingue entre un hincha, un periodista o un terrorista. El perfil de riesgo lo define la nacionalidad, no el comportamiento. No importa cuántos mundiales haya cubierto el periodista. No importa si su país no tiene conflictos activos con Estados Unidos. El pasaporte es la prueba. Y la prueba es eliminatoria.
Human Rights Watch y la tregua del ICE
La organización Human Rights Watch (HRW) exhortó a la FIFA a presionar al gobierno estadounidense para establecer una “tregua del ICE” durante el Mundial. La solicitud incluye garantías de que las autoridades se abstendrán de realizar operativos de control migratorio en los estadios y sus alrededores .
La Central Laboral AFL-CIO, que representa a 15 millones de trabajadores, envió una carta a Gianni Infantino exigiendo que mantenga a los agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) fuera de las ciudades anfitrionas. La organización advirtió que la colaboración de la FIFA con las políticas migratorias de la Casa Blanca genera un “ambiente de trabajo inseguro” que podría obligar a los sindicatos a tomar “acciones colectivas” .
La ACLU se sumó al reclamo. En una carta conjunta, instó a la FIFA a reconocer la gravedad de las políticas migratorias de Trump, señalando que el organismo rector del fútbol mundial “no ha ofrecido garantías significativas” y que su presidente, Gianni Infantino, “se ha alineado peligrosamente con la administración” . La organización recordó que el gobierno de Trump no se presentó a su Revisión Periódica Universal (UPR) ante la ONU en noviembre de 2025, una evasión “sin precedentes” de su obligación de informar sobre su desempeño en materia de derechos humanos .
El partido de fondo: el deporte como pantalla
La pregunta que debemos hacernos es por qué este Mundial sigue adelante. Por qué la FIFA, que boicoteó a Rusia y amenazó con sancionar a Qatar, guarda silencio frente a las políticas migratorias de Estados Unidos.
Los brotes de hantavirus en los cruceros, las alertas de ébola en África, los filtros sanitarios de México… todo fue un ensayo. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) intensificaron la vigilancia sanitaria en las fronteras, y los gobiernos de Estados Unidos, México y Canadá coordinaron protocolos de respuesta inmediata ante posibles brotes. El Mundial es el ensayo general de un sistema global de control de la movilidad humana.
Trump no necesita prohibir el mundial. Necesita controlar quién entra. Y lo está logrando.
Un científico analiza hechos. Un analista de inteligencia busca patrones. El patrón aquí es claro: visas de un día para los jugadores iraníes, visas denegadas para los funcionarios de su federación, visas de entrada única para periodistas, deportaciones masivas en las ciudades sede, presión de los sindicatos para que la FIFA intervenga, advertencia de HRW y silencio cómplice de Infantino.
Todo ocurre mientras el mundo mira los goles. La xenofobia no es una consecuencia no deseada de la política migratoria. Es el objetivo. El control de la población es el objetivo. La normalización de la discriminación es el objetivo.
El código de la exclusión está en marcha. El mundo está mirando, pero no está mirando bien.



























