Un informe del Instituto Argentina Grande reveló que, desde fines de 2023, el salario mediano perdió capacidad para comprar casi diez tanques de nafta. Al mismo tiempo, la mora crediticia alcanzó a uno de cada ocho argentinos y el recorte a las universidades coincidió con una fuerte caída de la recaudación por Bienes Personales.
El deterioro del poder adquisitivo continúa dejando huellas en la economía cotidiana de los argentinos. Un informe elaborado por el Instituto Argentina Grande (IAG) muestra que, desde noviembre de 2023 hasta julio de 2026, el salario mediano del sector privado registrado perdió capacidad para comprar casi diez tanques de combustible. Al mismo tiempo, crecen las dificultades para pagar créditos y el ajuste sobre las universidades nacionales vuelve a quedar bajo la lupa frente a la reducción de la recaudación por el impuesto a los Bienes Personales.
El estudio reúne indicadores sobre salarios, endeudamiento y gasto público que reflejan el impacto de la política económica sobre los ingresos de los hogares y las cuentas del Estado.
El salario compra cada vez menos combustible
Uno de los datos más ilustrativos del informe compara la evolución de los salarios con el precio de la nafta.
En noviembre de 2023, el salario mediano permitía adquirir el equivalente a 26,3 tanques de 50 litros de nafta súper. En julio de 2026 esa capacidad cayó a 16,4 tanques, lo que representa una pérdida de 9,9 tanques, es decir, una reducción cercana al 38% del poder de compra medido en combustible.
La diferencia responde a que, durante ese período, los salarios aumentaron un 311%, mientras que el precio de la nafta acumuló una suba del 558%, muy por encima de la evolución de los ingresos laborales.
Además, desde el inicio del conflicto en Medio Oriente y la posterior suba internacional del petróleo, el salario perdió capacidad para comprar otros tres tanques adicionales.
Uno de cada ocho argentinos ya está en mora
El deterioro del ingreso también comenzó a reflejarse con fuerza en el sistema financiero.
Según el relevamiento, 12 de cada 100 argentinos presentan atrasos significativos en el pago de sus obligaciones crediticias, mientras que en apenas un año 2,4 millones de personas ingresaron a la categoría de deudores morosos.
El fenómeno alcanza tanto a bancos tradicionales como a entidades financieras no bancarias, aunque el mayor deterioro aparece en el financiamiento para consumo.
En las cadenas de electrodomésticos, por ejemplo, la morosidad ya alcanza el 50%, lo que significa que uno de cada dos créditos otorgados presenta atrasos superiores a los plazos previstos.
El informe atribuye esta situación a la combinación entre altas tasas de interés y pérdida sostenida del poder adquisitivo.
Universidades y Bienes Personales
Otro de los ejes del estudio compara el ajuste aplicado sobre las universidades nacionales con la disminución de recursos tributarios provenientes del impuesto sobre los Bienes Personales.
Según el IAG, la reducción de las alícuotas implementada tras el blanqueo de capitales de 2025 implicó resignar aproximadamente $3,2 billones de recaudación a valores constantes.
En paralelo, el ajuste presupuestario sobre las universidades nacionales representó alrededor de $2,4 billones durante el mismo período.
De acuerdo con el análisis, el monto dejado de recaudar mediante la reducción del impuesto habría sido suficiente para compensar completamente el recorte aplicado al sistema universitario e incluso generar recursos adicionales.
Un mismo diagnóstico
Aunque analizan variables diferentes, los tres indicadores convergen en una misma conclusión: los ingresos de los trabajadores continúan perdiendo capacidad de compra frente a bienes y servicios esenciales, las familias encuentran mayores dificultades para cumplir con sus compromisos financieros y el ajuste fiscal repercute sobre áreas estratégicas como la educación superior.
El informe plantea que la desaceleración de la inflación no logró traducirse, hasta el momento, en una recuperación del poder adquisitivo. Mientras algunos indicadores macroeconómicos muestran estabilidad, el comportamiento de los salarios, el aumento de la mora y la reducción del gasto educativo reflejan que buena parte del ajuste continúa siendo absorbido por los hogares.



























