Entre febrero y junio de 2025, un equipo de investigadoras e investigadores afrolatinoamericanos decidió documentar lo que muchas mujeres negras ya viven en primera persona: la academia está lejos de ser neutral. Impulsado por la Coalición por la Libertad Académica en las Américas (CLAA) y CLACSO, el estudio indagó qué ocurre cuando las afrodescendientes intentan hacer ciencia. Presentados en Bogotá, los resultados trazan un mapa de barreras, silencios y resistencias. Porque para ellas, la libertad académica no es un punto de partida: es una conquista colectiva y permanente.
La universidad presume de neutralidad como quien presume de buena conciencia. Habla de mérito, de excelencia, de citas indexadas. Pero hay cuerpos que entran a sus aulas teniendo que demostrar el doble para que se les reconozca la mitad.
Para las investigadoras afrodescendientes, la historia empieza ahí, en esa frontera invisible. No atraviesan la puerta con la tranquilidad de quien sabe que pertenece. La cruzan sabiendo que serán evaluadas antes de hablar, medidas antes de investigar, puestas a prueba antes de enseñar. Cargan con la exigencia de justificar su presencia, con la certeza de que sus temas serán considerados “demasiado identitarios” y con la experiencia repetida de que su palabra pesa menos cuando aspira a la teoría que cuando se limita al testimonio.
Por eso este estudio no es un trámite académico más. Es un gesto político. Y tiene fecha y tiene marco.
Se realizó entre febrero y junio de 2025 en el contexto de la Beca “Fortalecimiento de la investigación comparada y el pensamiento crítico en el marco de la libertad académica en las Américas”, impulsada por la Coalición por la Libertad Académica en las Américas (CLAA) y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). No nació en el vacío: forma parte de una apuesta regional por mirar de frente aquello que durante años se prefirió esquivar.
La investigación lleva un título largo y preciso —“Libertad académica afrodiaspórica. Las asociaciones de investigadores/as afrodescendientes y su papel en las luchas contra el sexismo y el racismo en el campo académico”— porque largo y complejo es el problema que aborda. Fue liderada institucionalmente por Anny Ocoró Loango (FLACSO Argentina) y contó con un equipo integrado por Jorge Enrique García Rincón, Silvia Finocchio, Arbey Bustamante y Camila Landazury.
El primer encuentro virtual del grupo tuvo lugar los días 19 y 20 de febrero de 2025: allí comenzó a tomar forma una conversación que ya venía latiendo en muchas trayectorias individuales. Los avances se presentaron el 11 de junio de 2025 en Bogotá, durante la X Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales, en un foro que reunió a los siete equipos seleccionados en esta iniciativa.
El proyecto se inscribe en una convocatoria más amplia que se extiende desde septiembre de 2024 hasta agosto de 2026, con un objetivo claro: profundizar el análisis sobre la libertad académica en las Américas y fortalecer colectivos de investigación capaces de pensarla desde sus propias grietas.

LAS BARRERAS QUE NO SE VEN EN LOS CURRÍCULUM
El estudio puso nombre a lo que durante años circuló como intuición, como malestar íntimo, como conversación en voz baja. Identificó las barreras que enfrentan las investigadoras afrodescendientes en el campo académico. No son muros visibles. No hay carteles que prohíban el paso. Son mecanismos más eficaces precisamente porque parecen naturales.
Está el racismo epistémico, que decide —sin declararlo— qué saberes cuentan como universales y cuáles quedan confinados a lo “particular”, qué metodologías son rigurosas y cuáles se tildan de militantes, qué bibliografías integran el canon y cuáles permanecen en los márgenes. Las investigadoras negras cargan con la sospecha de que su producción intelectual es demasiado situada, demasiado encarnada, demasiado incómoda para ocupar el centro.
Está el racismo institucional, que no grita pero organiza. Se manifiesta en estructuras de poder donde los puestos de decisión siguen siendo mayoritariamente blancos, en comités evaluadores con escasa diversidad, en criterios de excelencia diseñados desde una perspectiva que no las incluye. No se trata de un error administrativo: es una arquitectura.
Y está el sexismo, que no actúa solo sino entrelazado con lo anterior, formando un nudo difícil de desatar. Porque ser mujer en la academia ya supone atravesar techos invisibles. Ser mujer negra implica, además, cargar con estereotipos que las colocan del lado de la emoción antes que de la razón, de la experiencia antes que de la teoría, de la activista antes que de la científica.
Nada de esto aparece en los currículum. No figura en las actas de evaluación ni en los rankings universitarios. Pero condiciona trayectorias, ralentiza carreras, desgasta vocaciones.
Y eso es, precisamente, lo que el estudio decidió mirar de frente.

LAS ASOCIACIONES COMO ESTRATEGIA DE SUPERVIVENCIA
Frente a ese paisaje, el estudio no se quedó en la herida. Buscó las tramas de resistencia. Y allí aparecieron las asociaciones de investigadores e investigadoras afrodiaspóricas como algo más que un dato organizativo: como una forma de supervivencia colectiva.
Porque cuando la institución no ofrece cobijo, se inventa comunidad.
Estas asociaciones, dispersas a lo largo del continente, no funcionan sólo como redes de contacto académico. Son espacios donde no es necesario traducir la experiencia del racismo para que sea comprendida. Son lugares donde la sospecha deja de ser individual para volverse estructura. Son, también, laboratorios políticos desde los que se disputan sentidos sobre qué conocimiento vale y quién tiene derecho a producirlo.
El estudio caracterizó con detalle las estrategias que desarrollan para enfrentar el sexismo y el racismo epistémico e institucional. No se trata de declaraciones solemnes. Son acciones concretas: redes de tutoría para jóvenes investigadoras que ingresan a un sistema que no las esperaba; presión sostenida para modificar criterios de evaluación; visibilización de producciones académicas afrodescendientes; construcción de circuitos alternativos de publicación y circulación; articulación con movimientos sociales para que el conocimiento no quede encapsulado en la torre de marfil.
Estas asociaciones no sólo acompañan trayectorias individuales. Intervienen en la estructura misma del campo académico. Desafían el canon, amplían bibliografías, disputan presupuestos, exigen representación en los espacios de decisión.
No piden permiso para existir. Producen condiciones para que otras puedan hacerlo.
Y en ese gesto, la libertad académica deja de ser una palabra abstracta para convertirse en práctica cotidiana, en red tejida, en defensa compartida.
LO QUE ESTO SIGNIFICA
Que este estudio exista ya es un acontecimiento. Que haya sido financiado por la CLAA y CLACSO, que se haya desarrollado con rigor metodológico y claridad política, que haya puesto datos allí donde antes había intuiciones, no es un detalle administrativo. Es una toma de posición.
Durante demasiado tiempo, la academia latinoamericana se pensó a sí misma como un territorio inmune. Prefirió creer que el racismo era un problema social, no institucional. Que el sexismo se resolvía con protocolos y no con transformaciones profundas. Que la libertad académica era un principio abstracto que descendía, generoso, sobre todos por igual.
Este estudio viene a desmentir esa comodidad.
Demuestra que la libertad académica no es una superficie lisa. Que se distribuye de manera desigual. Que hay cuerpos que ingresan a la universidad con menos margen de error, menos indulgencia, menos crédito simbólico. Que hay epistemologías que son celebradas como universales y otras que deben justificar su existencia.
Y también afirma algo decisivo: las asociaciones de investigadoras afrodescendientes no son un gesto identitario ni un espacio accesorio. Son una condición de posibilidad. Sin ellas, muchas trayectorias quedarían aisladas; muchos saberes no circularían; muchas voces volverían al silencio.
El estudio no ofrece redenciones fáciles. Ofrece evidencia. Y con esa evidencia obliga a formular una pregunta incómoda: ¿quiénes sostienen hoy la ficción de la neutralidad y a quién beneficia esa ficción?.
Porque la libertad académica, cuando no es para todas, no es libertad. Es privilegio administrado con lenguaje elegante.
RECOMENDACIONES PARA SEGUIR PENSANDO
Los resultados finales se esperan para agosto de 2026. Pero el estudio no cierra con un punto final, sino con una incomodidad abierta.
Propone fortalecer la libertad académica en clave afrodiaspórica e interseccional. Dicho así podría sonar técnico. No lo es. Implica que las universidades revisen sus propios mecanismos de exclusión, que se pregunten quiénes evalúan, qué se considera excelencia, qué bibliografías se legitiman y cuáles permanecen en los márgenes.
Implica que los organismos de ciencia repiensen criterios de financiamiento y evaluación que, bajo apariencia neutral, reproducen desigualdades históricas. Implica que las asociaciones continúen tejiendo redes, sosteniendo tutorías, creando espacios de circulación para saberes que durante demasiado tiempo fueron considerados periféricos.
No son recetas mágicas. Son puntos de partida.
Pero, sobre todo, el estudio deja flotando una pregunta que no puede delegarse a las comisiones académicas: ¿qué estamos haciendo, desde nuestros propios lugares, para que la universidad deje de ser un espacio donde las mujeres afrodescendientes deben esforzarse el doble para ser escuchadas la mitad?.
Porque la libertad académica no se declama. Se construye.
Y cuando no es compartida, deja de ser libertad para convertirse en privilegio con retórica ilustrada.
FICHA TÉCNICA DEL ESTUDIO
Nombre: Libertad académica afrodiaspórica. Las asociaciones de investigadores/as afrodescendientes y su papel en las luchas contra el sexismo y el racismo en el campo académico
Período de realización: febrero – junio 2025 (en el marco de la beca 2024-2026)
Lugar de presentación de avances: Bogotá, Colombia (X Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales, 11 de junio de 2025)
Equipo de investigación: Fue liderada institucionalmente por Anny Ocoró Loango (FLACSO Argentina) y contó con un equipo integrado por Jorge Enrique García Rincón, Silvia Finocchio, Arbey Bustamante y Camila Landazury
Tipo: Beca de investigación «Fortalecimiento de la investigación comparada y el pensamiento crítico en el marco de la libertad académica en las Américas»
Financian: Coalición por la Libertad Académica en las Américas (CLAA) y Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)
Duración del programa: septiembre 2024 – agosto 2026
Objetivo: Analizar el papel de las asociaciones de investigadores/as afrolatinoamericanas en la lucha contra el sexismo, el racismo, y las desigualdades de clase que afectan a las mujeres afrodescendientes en el campo académico .
Hallazgos principales:
- Identificación de barreras específicas que enfrentan las mujeres afrodescendientes en la academia (racismo epistémico, racismo institucional, sexismo)
- Caracterización de las estrategias que desarrollan las asociaciones afrodiaspóricas para combatir estas desigualdades
- Mapeo de las limitaciones para la producción de conocimiento y la presencia en espacios académicos
Recomendaciones: Fortalecer la libertad académica en clave afrodiaspórica e interseccional en la región.



























