La inflación de marzo se ubicaría en 3,3%, con subas de hasta 9,8% en combustibles y 7,5% en carne. En paralelo, el poder adquisitivo caería más de 3 puntos en el trimestre, profundizando el deterioro del ingreso.
La inflación no cede donde más impacta. Mientras los indicadores generales muestran cierta desaceleración en comparación con los picos de 2024, el comportamiento de los precios en marzo vuelve a poner el foco en un problema central: el deterioro del poder adquisitivo.
Según la consultora Equilibra, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) habría registrado una suba del 3,3% mensual y del 32,5% interanual, en un mes atravesado por múltiples shocks de precios. Pero más allá del promedio, lo relevante está en la composición de ese aumento.

Dónde pega la inflación
El incremento estuvo impulsado principalmente por dos componentes:
Regulados
- Suba promedio: 5,1%
- Nafta: +9,8%
- Tabaco: +4,5%
Alimentos y bebidas
- Suba general: 4,2%
- Carne: +7,5%
Estos rubros tienen un impacto directo sobre el consumo cotidiano. No se trata de bienes postergables: son gastos estructurales de los hogares.
Inflación núcleo: el problema persistente
Uno de los datos más relevantes es que la inflación núcleo —la que excluye precios regulados y estacionales— también se ubicó en 3,3%, en línea con el índice general.
Esto indica que:
la inflación no es solo efecto de ajustes puntuales
existe una inercia inflacionaria consolidada
Dentro de este componente, se destacan:
- Educación: +20%
- Resto de bienes y servicios: +2,9%
El dato clave: cae el salario real
Más allá del índice de precios, el problema central está en los ingresos.
Según la estimación de Equilibra, el primer trimestre cerraría con:
inflación acumulada superior al 9%
caída del poder adquisitivo de más del 3%
Esto implica que, incluso con cierta desaceleración inflacionaria, los salarios no logran acompañar la suba de precios.
El mecanismo que se repite
La dinámica económica muestra un patrón que se consolida:
- los precios suben impulsados por regulados y alimentos
- los salarios crecen por debajo de la inflación
- el poder de compra se reduce
- el consumo se contrae
Este circuito no es nuevo, pero se vuelve más persistente.
Un ajuste que no es uniforme
La composición de la inflación también muestra una distribución desigual del impacto:
- los sectores de menores ingresos destinan mayor proporción a alimentos
- el aumento en carne y productos básicos golpea más fuerte en esos hogares
- los regulados, como combustibles, impactan indirectamente en toda la cadena de precios
En este sentido, la inflación no afecta a todos por igual.
El rol de los precios regulados
El aumento de combustibles vuelve a aparecer como un factor clave.
Aunque desde el Gobierno se busca moderar la suba —con acuerdos como la estabilización de precios de YPF por 45 días—, el impacto ya se trasladó al índice de marzo.
Además, las proyecciones indican que: un aumento adicional del 10% en abril podría sumar 0,4 puntos a la inflación
Más allá del dato: el problema es el ingreso
El foco del análisis económico ya no está solo en la inflación, sino en la relación entre precios e ingresos.
Porque una inflación del 3% mensual puede parecer moderada en términos históricos, pero:
si los salarios crecen menos
el resultado es pérdida real
En ese punto, el problema deja de ser la inflación en sí misma.
Pasa a ser la capacidad de sostener el consumo.
Menos inflación, pero más presión
El dato de marzo confirma una tendencia: la inflación desacelera, pero no desaparece. Y lo hace en un contexto donde los ingresos siguen perdiendo terreno.
La consecuencia es clara:
- los precios suben
- los salarios no alcanzan
- el consumo se ajusta
Y en ese equilibrio, lo que se reduce no es la inflación.
Es la capacidad de compra.



























