El semáforo de Coninagro volvió a mostrar un panorama crítico para la producción del interior. Yerba mate, arroz, leche, vino, algodón, mandioca y hortalizas continúan con rentabilidad negativa, mientras los productores denuncian que los precios que reciben siguen perdiendo frente a la inflación y el aumento de los costos.
La recuperación económica que exhibe el Gobierno nacional continúa sin reflejarse en gran parte del interior productivo. El último Semáforo de Economías Regionales elaborado por Coninagro volvió a mostrar un escenario preocupante: ocho de las principales actividades agropecuarias permanecen en situación crítica y otras siete presentan dificultades para recuperar rentabilidad, en un contexto de costos elevados, consumo debilitado y precios que no acompañan la inflación.
El informe correspondiente a mayo no mostró mejoras respecto del relevamiento anterior. Apenas cuatro actividades lograron ubicarse en la categoría verde, mientras la mayor parte de las producciones regionales continúa atravesando problemas estructurales que afectan la rentabilidad de los productores.
Entre las actividades calificadas en rojo figuran la yerba mate, arroz, vino y mosto, algodón, leche, mandioca y hortalizas. Según Coninagro, el principal problema es económico: los valores que reciben los productores crecieron por debajo de la inflación y del incremento de los costos operativos, reduciendo los márgenes y dificultando cualquier recuperación.
La producción lechera también continúa bajo presión. A la pérdida de rentabilidad se suma la caída del consumo interno. Datos del Observatorio de la Cadena Láctea muestran que durante el primer cuatrimestre del año el consumo de leche fluida descendió un 2,1%, mientras que la leche en polvo registró una caída interanual del 23%.
Las actividades clasificadas en amarillo —como forestación, tabaco, cítricos dulces, peras, manzanas, aves, porcinos y papa— tampoco logran consolidar una recuperación. Coninagro señala que enfrentan una combinación de demanda débil, precios rezagados y costos elevados que prolonga los tiempos necesarios para recuperar competitividad.
Otro indicador que monitorea la entidad refleja cuánto del precio final que paga el consumidor queda efectivamente en manos del productor. Solo cuatro cadenas —papa, hortalizas, porcinos y ovinos— mejoraron su participación respecto de los promedios históricos. En el resto de las actividades, la participación del productor volvió a reducirse.
En la cadena lechera, por ejemplo, el tambero recibió apenas el 23% del valor final, cinco puntos porcentuales menos que el promedio histórico. En la carne vacuna la participación cayó al 58%, también por debajo de los niveles habituales.
La situación de la yerba mate continúa siendo una de las más delicadas. Durante mayo, la tonelada de hoja verde se pagó alrededor de 240.000 pesos, lo que representa una caída real cercana al 20% respecto del año anterior. La producción disminuyó un 3%, mientras el consumo interno permanece estancado en torno a los seis kilos por habitante al año.
La vitivinicultura tampoco logró revertir la tendencia negativa. La superficie cultivada se redujo un 2%, la vendimia cayó un 7% respecto de la campaña anterior y el precio promedio recibido por los productores descendió un 23% interanual en términos reales.
En el caso del algodón, aunque el precio pagado al productor mostró una mejora respecto del año anterior, la fuerte reducción de la superficie sembrada —del 43%— anticipa una caída de casi un tercio en la producción de la campaña 2025/2026.
El informe de Coninagro vuelve a mostrar que la desaceleración de la inflación no alcanza para recomponer la situación de buena parte de las economías regionales. Mientras los costos continúan elevados y el consumo interno permanece débil, numerosas actividades del interior siguen operando con márgenes cada vez más estrechos, comprometiendo la continuidad de miles de productores y economías locales.



























