El conflicto bélico desatado por el asesinato del líder supremo iraní Alí Jamenei no solo redefine el mapa geopolítico de Medio Oriente. También reconfigura, en silencio, las cuentas energéticas de Argentina. El precio internacional del gas natural licuado (GNL), combustible clave para atravesar los meses de mayor consumo, se duplicó en menos de una semana. Pasó de 10 a 20 dólares por millón de BTU . La causa inmediata: el cierre virtual del Estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del GNL mundial, y la suspensión de operaciones en la planta de Ras Laffan en Qatar, la mayor del planeta, tras un ataque con drones iraníes . Mientras el gobierno de Javier Milei negocia a contrarreloj la importación de cargamentos para el invierno, el déficit de cuenta corriente ya supera los 2.500 millones de dólares . La factura energética que parecía controlada vuelve a dispararse. Y el termómetro de esa crisis, para los argentinos, se llama tarifa.
Buenos Aires, 8 de marzo de 2026 – El impacto de la guerra en Medio Oriente ya no es una noticia lejana. Se cuela en la economía argentina por un canal silencioso pero letal: el gas natural licuado (GNL). El precio internacional del combustible que el país necesita importar cada invierno se duplicó con la crisis bélica. Pasó de alrededor de 10 dólares a cerca de 20 dólares por millón de BTU . El doble.
El sistema energético argentino sigue dependiendo del GNL para atravesar los meses de mayor consumo. El gasodoto de Vaca Muerta mejoró el panorama porque permite transportar más gas desde Neuquén hacia los centros urbanos. Pero la producción local todavía no alcanza para cubrir la demanda invernal .
La tormenta global que sacude los mercados
El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron la «Operación Furia Épica» contra Irán, que culminó con la muerte del líder supremo Alí Jamenei. La respuesta iraní no se hizo esperar: misiles sobre bases estadounidenses en Qatar, Bahréin, Kuwait y Emiratos Árabes. Pero el golpe más profundo para la economía global fue el cierre virtual del Estrecho de Ormuz .
Por ese estrecho pasaje transita diariamente aproximadamente una quinta parte del gas natural licuado del mundo . Qatar, el segundo exportador mundial de GNL, envía casi toda su producción anual —alrededor de 80 millones de toneladas— a través de este paso . Y la planta de Ras Laffan, la mayor instalación de exportación de GNL del planeta, fue atacada por drones iraníes y suspendió su producción .
QatarEnergy declaró por primera vez en su historia un caso de fuerza mayor en relación con sus obligaciones contractuales de suministro . El resultado: los precios del gas en Europa se dispararon más del 50% . El contrato de futuros TTF, referencia en el mercado holandés, alcanzó los 48 euros por megavatio-hora, su nivel más alto en casi un año . En apenas tres días, el precio acumuló una suba del 60% .
El impacto concreto en Argentina
Para Argentina, esos números no son abstractos. Durante la crisis energética global provocada por la guerra en Ucrania, cuando el gasoducto aún no estaba operativo, el país llegó a gastar cerca de 3.500 millones de dólares en importaciones de gas . El año pasado, con el gasoducto funcionando y precios internacionales más bajos, la factura cayó a unos 600 millones de dólares .
Pero el nuevo escenario internacional vuelve a cargar ese gasto. Si el gobierno sale a comprar GNL con los precios actuales, el costo podría duplicarse justo cuando la cuenta corriente argentina ya muestra un déficit superior a los 2.500 millones de dólares .
A ese cuadro se suma un cambio de reglas en el sistema energético local. El gobierno decidió avanzar con una licitación para transferir la importación de GNL, que hasta ahora realizaban las empresas estatales Enarsa y Cammesa, a un único operador privado . El problema es que ese proceso todavía no está definido. Y mientras se discute quién se quedará con el negocio de la importación, el calendario energético sigue corriendo.
Los cargamentos de gas no se compran de un día para otro. Deben contratarse con anticipación. Cuando esa planificación se retrasa, el margen se reduce. La alternativa es salir al mercado spot, el segmento de corto plazo del comercio mundial de GNL. Allí no hay contratos previos ni precios asegurados. Los cargamentos se compran sobre la hora y el valor se define en función de la urgencia y de la competencia entre compradores .
Además, con gran parte de la producción global afectada por la crisis en Medio Oriente, el mercado enfrenta una oferta más limitada. De hecho, Qatar ya avisó que suspende los envíos comprometidos con la Argentina . Eso obliga al gobierno a competir con otros compradores, especialmente Europa, que desde la ruptura energética con Rusia incrementó su dependencia del gas natural licuado .
En el sector energético repiten una advertencia inquietante: el gas licuado disponible en el mercado no alcanza para todos. Cuando un bien escasea, el precio se dispara. Y el gobierno ya dejó clara cuál es su lógica regulatoria frente a ese escenario: trasladar los costos a la demanda .
Los tres escenarios que enfrentan los usuarios
Los cálculos que circulan en el sector energético muestran la magnitud del impacto potencial en las tarifas que enfrentarán hogares e industrias :
- Si el sobrecosto se trasladara a la industria, el precio del gas pasaría de 4 dólares a 8,14 dólares por millón de BTU. Es una suba del 104%. El traslado es más directo porque los grandes usuarios ya compran gas sin subsidios.
- Si el ajuste recayera en los hogares, el impacto también sería significativo. El precio del gas que paga el usuario podría pasar de 3,79 dólares a 6,51 dólares por MMBTU.
- Si se trasladara el costo a la generación eléctrica, el precio del gas para las centrales pasaría de 4,45 dólares a 9,27 dólares por MMBTU, un salto del 108%. Si las usinas ya estuvieran pagando gas spot, el valor subiría de 7,50 a 11,31 dólares. El resultado sería un sobrecosto de 33,8 dólares por megavatio hora.
La pregunta inevitable es cuánto más pueden absorber los bolsillos, en un escenario económico de pérdida de poder adquisitivo y recesión, con cierres cotidianos de industrias y comercios .
El contexto europeo: reservas bajo mínimos
Las reservas europeas de gas estaban llenas en menos del 30% a finales de febrero, el nivel más bajo en esta época del año desde 2022 . La tarea de reabastecer los inventarios para el próximo invierno se ha encarecido dramáticamente. Compradores en Europa necesitan encontrar el equivalente a cerca de 700 cargas de GNL, o 67 bcm, para llenar los estoques en el verano, lo que representa unas 180 cargas, o 17 bcm, más que el año pasado .
Los Estados Unidos, mayor productor mundial de GNL, tienen poca capacidad ociosa para aumentar rápidamente la producción y compensar el suministro perdido, ya que las plantas operan cerca de su capacidad máxima y la mayoría de las cargas están comprometidas en contratos de largo plazo .
📍 El gas que falta, el invierno que viene y las tarifas que se vienen. La guerra en Medio Oriente ya tiene un precio para los argentinos. Y como siempre, la factura llega antes que el frío.



























