El Presidente convocó para este martes a una nueva reunión de la mesa política en Casa Rosada. El objetivo es bajar la temperatura de una interna que la semana pasada estalló a cielo abierto. Se volverán a sentar frente a frente Santiago Caputo, el asesor estrella y líder de Las Fuerzas del Cielo, y los primos Martín y Eduardo «Lule» Menem, los hombres de confianza de Karina Milei en el armado territorial. En el medio, Milei hace malabares para que no se maten. O, al menos, para que no se maten en público. El jueves pasado se acusaron por una cuenta anónima en X. El domingo, en el Tedeum, se saludaron con una sonrisa fotocopiada. Hoy, a las 11, vuelven a la mesa.
El lunes, durante la celebración del 25 de Mayo, los Menem se acercaron a Caputo y se saludaron. La foto fue publicada en las redes oficiales. El mensaje era claro: estamos en paz, no pasa nada. Pero atrás de esa postal amable, las tropas digitales de ambos bandos siguen tirándose con munición pesada. «Le mienten al Presidente», dicen los caputistas. «No le mientan nunca más al Presidente», responden los menemistas.
Milei está harto. Al menos dos fuentes del Gabinete le confirmaron a esta agencia que al Presidente le molestó tener que salir a hablar públicamente del tema para apaciguar la escalada. Él quería que la interna se manejara por carriles subterráneos, como siempre se manejaron las internas del poder. Pero Caputo decidió exponer a los Menem en sus redes, y los Menem le respondieron con los tapones de punta. El muñeco se rompió en vivo y en directo.
El temario formal de la reunión incluye la estrategia para sancionar los últimos proyectos girados al Congreso. La Ley de Hojarasca, la reforma del Código Aduanero, el nuevo RIGI, el acuerdo con los fondos buitres. Todo eso está en la lista. Pero el plato fuerte será, una vez más, la interna.
Milei quiere equilibrar los platos. No puede prescindir de Caputo, que es su asesor más cercano, el hombre que diseñó la campaña y que sigue manejando los hilos de la comunicación oficial. Tampoco puede prescindir de Karina, que es su hermana, su jefa política y la dueña del armado territorial. Y los Menem son los brazos ejecutores de Karina en el Congreso y en las provincias.
El problema es que los tres quieren más poder del que tienen. Y que ninguno está dispuesto a ceder.
El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, fue el encargado de convocar la reunión. Adorni, que en teoría debería ser el coordinador de la administración, se ha convertido en el bombero de la mesa chica. Cuando la interna explota, él llama a reunión. Cuando hay que bancar al Presidente en el Congreso, él va al frente. Cuando hay que salir a mentir en la conferencia de prensa matutina, él está ahí. Adorni es el escudo humano de los Milei. Por eso no lo sueltan. Por eso lo blindan. Por eso no va preso.
La reunión de hoy es una prueba más de que la interna libertaria no tiene solución. No es una disputa ideológica. Es una lucha por el poder entre dos facciones que se odian pero que no pueden separarse porque necesitan del otro para sobrevivir. Caputo necesita el aparato territorial de Karina para ganar elecciones. Karina necesita el asesoramiento comunicacional de Caputo para sostener la imagen de Milei. Y Milei, en el medio, hace equilibrio en la cuerda floja.
El problema es que la cuerda se está cortando.
Los antecedentes no son alentadores. La última vez que se sentaron a la misma mesa, la tregua duró lo que duró un fin de semana. Caputo volvió a twittear. Los Menem volvieron a operar en las sombras. La interna volvió a explotar.
Milei dice que es especialista en «fingir demencia». Lo repite cada vez que le preguntan por la interna. Pero fingir demencia no es una estrategia de gobierno. Es una coartada para no tomar partido. Y no tomar partido, en una guerra entre dos facciones que se disputan el control del poder, es, en los hechos, tomar partido por la que tiene más poder de fuego. Por ahora, esa es Caputo. Pero Karina no se va a quedar de brazos cruzados. Y los Menem, tampoco.
Milei convocó a la mesa política. Caputo y los Menem se van a ver las caras. Van a hablar de leyes, de votos, de estrategias. Van a sonreír para la foto. Van a decir que el diálogo es fluido, que no hay internas, que todo está bajo control. Pero atrás de las sonrisas, los cuchillos siguen afilados.
La interna libertaria no se resuelve con reuniones de coordinación. Se resuelve con sangre. Y mientras Milei siga sin decidir quién manda, la sangre va a seguir corriendo por los pasillos de la Rosada. El problema es que la sangre no es de ellos. Es del gobierno. Y el gobierno, mientras ellos se pelean, se sigue desangrando.



























