Con una deuda superior a $220.000 millones, afiliados que denuncian cortes de prestaciones y trabajadores que cobran alrededor de un millón, el Gobierno encontró la cura para la crisis sanitaria militar: una nueva estructura jerárquica donde el presidente puede embolsar $7,8 millones. La motosierra finalmente llegó a OSFA. Le puso corbata.
La obra social de las Fuerzas Armadas estaba en terapia intensiva. Faltaban prestaciones, sobraban deudas y en Rosario unos 3.700 afiliados llegaron a pasar semanas sin cobertura.
El Gobierno estudió cuidadosamente el cuadro clínico y encontró el diagnóstico:
faltaban gerentes.
Así nació la nueva estructura de OSFA, presentada bajo dos palabras que en la administración libertaria empiezan a tener la misma relación con la realidad que “temporal” con un impuesto argentino: desburocratización y eficiencia.
Para desburocratizarla crearon una estructura con seis gerencias de Nivel I, más de quince subgerencias y múltiples coordinaciones. Es la primera motosierra conocida que, después de cortar, deja más organigrama que árbol.
Arriba de la criatura estará un presidente con jerarquía de secretario de Estado y un salario bruto informado de $7.834.476 mensuales. Los demás integrantes del Directorio tendrán rango de subsecretarios y habrá además un gerente general extraescalafonario.
Todo muy austero.
El afiliado quizá no consiga traumatólogo, pero puede dormir tranquilo sabiendo que la cadena de mando administrativa tiene pulso, presión y obra social completa.
Más abajo aparecen trabajadores del interior con salarios de entre $800.000 y un millón de pesos. La distancia salarial permite comprender perfectamente el nuevo concepto sanitario: unos administran la crisis y otros tienen el privilegio de vivir adentro.
Mientras tanto, la deuda estructural denunciada supera los $220.000 millones. La anterior IOSFA incluso había recurrido a un préstamo de emergencia de $40.000 millones con el IAF.
Pero sería injusto decir que no apareció plata.
Apareció arriba.
La reorganización además concentra decisiones en Buenos Aires mientras las delegaciones provinciales quedan fundamentalmente vinculadas al circuito administrativo de afiliaciones y atención al beneficiario.
Federalismo sanitario versión libertaria: la enfermedad puede ocurrir en cualquier provincia; la gerencia, por suerte, permanece cerca de Puerto Madero.
La situación adquiere todavía más sarcasmo porque el personal de las Fuerzas Armadas viene acumulando conflictos por ingresos, mientras los docentes civiles militares denunciaron salarios insuficientes y endeudamiento para cubrir gastos cotidianos.
Así que el sistema consiguió una hazaña de coordinación: el docente puede pedir un préstamo para comer y el afiliado puede rezar para conseguir cobertura, pero arriba nadie tendrá que atravesar semejante indignidad con $7,8 millones brutos.
En Rosario el contraste alcanzó niveles directamente obscenos. Unos 3.700 afiliados estuvieron tres semanas sin cobertura por una deuda de $1.200 millones con una prestadora.
Consultas, internaciones y tratamientos comprometidos.
Eso sí: ahora hay organigrama nuevo.
Porque cuando un sistema sanitario debe miles de millones, pierde profesionales, arrastra conflictos salariales y deja afiliados sin atención, existen dos posibilidades: poner recursos en las prestaciones o crear cargos jerárquicos.
El Gobierno eligió la única que garantizaba cobertura inmediata: la de los funcionarios.
La vieja IOSFA fue disuelta. Llegó OSFA con la promesa de eficiencia.
Y finalmente puede decirse que algo funciona perfectamente.
La obra social podrá estar quebrada, pero la cúpula acaba de recibir el alta.

























