Sindicatos presentaron una “canasta del hogar trabajador” que expone la brecha entre salarios y costo de vida. Según el informe, el ingreso necesario para vivir con dignidad es ocho veces mayor que el salario mínimo vigente. El estudio también advierte sobre endeudamiento récord y caída del poder adquisitivo.
Un informe elaborado por el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) reveló que una familia trabajadora en Argentina necesita $2.706.923 mensuales para cubrir sus necesidades básicas y alcanzar un nivel de vida considerado digno. La cifra surge de la denominada “Canasta Básica del Hogar Trabajador”, un indicador propio elaborado por sindicatos industriales y estatales que cuestiona las mediciones oficiales sobre el costo de vida.
El frente sindical —integrado por gremios como ATE, la UOM, la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso y sindicatos aeronáuticos— presentó el informe como una forma de visibilizar lo que consideran la verdadera distancia entre los ingresos de los trabajadores y el costo real de sostener un hogar.
Según los sindicatos, el cálculo demuestra que el Salario Mínimo, Vital y Móvil debería multiplicarse por ocho para cumplir con el principio constitucional que establece que el salario debe garantizar condiciones de vida dignas para los trabajadores.
El costo de una vida digna
El informe del FreSU desglosa los gastos mensuales que una familia trabajadora debería afrontar para cubrir necesidades consideradas básicas. La canasta incluye alimentación, vivienda, salud, transporte, educación, cultura, vestimenta y previsión.
De acuerdo con el relevamiento sindical, el presupuesto mensual necesario se distribuye de la siguiente manera:
- Alimentación: $618.583
- Vivienda: $533.942
- Transporte, vacaciones y esparcimiento: $554.511
- Salud: $329.582
- Previsión: $297.762
- Cultura y educación: $233.852
- Vestimenta: $138.693
El cálculo busca diferenciarse de las mediciones tradicionales que se concentran únicamente en la línea de pobreza. Para los gremios, medir cuánto cuesta evitar la pobreza no alcanza para definir el ingreso que necesita un trabajador.
“Mientras el Gobierno mide números de pobreza, nosotros presentamos números de dignidad”, sostuvo Daniel Yofra, secretario general de la Federación Aceitera, al presentar el informe.
La referencia oficial
Actualmente el cálculo oficial del costo de vida en Argentina está a cargo del INDEC, que publica mensualmente el valor de la canasta básica total, utilizada para determinar el umbral de pobreza.
Según los últimos datos disponibles del organismo estadístico, una familia tipo necesita una suma significativamente menor para no ser considerada pobre, ya que ese indicador mide únicamente el costo mínimo de bienes y servicios esenciales.
El contraste entre ambos cálculos revela dos enfoques distintos: mientras el indicador oficial define el ingreso mínimo para evitar la pobreza, la canasta sindical intenta estimar cuánto dinero sería necesario para sostener un nivel de vida considerado digno.
Salarios y pérdida de poder adquisitivo
El debate sobre el ingreso necesario para vivir en Argentina ocurre en un contexto marcado por la pérdida de poder adquisitivo del salario. Diversos informes económicos coinciden en que la inflación acumulada de los últimos años deterioró significativamente el ingreso real de los trabajadores.
Según estimaciones citadas por el FreSU, los trabajadores argentinos habrían perdido 54 billones de pesos en ingresos reales durante el actual ciclo económico, una caída que impacta tanto en el sector privado como en el empleo público.
El informe sostiene que la pérdida promedio de ingresos alcanza $2.125.000 en el sector privado y $11.021.000 en el sector público, cifras que reflejan el deterioro salarial acumulado frente al aumento sostenido de los precios.
Especialistas en economía laboral señalan que el problema no se limita al nivel de los salarios, sino también a la creciente distancia entre los ingresos y el costo real de la vida urbana, especialmente en rubros como alquileres, transporte y servicios básicos.
Endeudamiento creciente en los hogares
El deterioro de los ingresos también se refleja en el aumento del endeudamiento de las familias. Según el informe sindical, actualmente los hogares argentinos destinan el 26,3% de sus ingresos al pago de deudas, una proporción que se habría triplicado en el último año.
La deuda total de los hogares superaría los 36 billones de pesos, impulsada por el uso creciente de tarjetas de crédito, préstamos personales y financiamiento informal para cubrir gastos cotidianos.
Economistas consultados por distintos centros de estudio advierten que este fenómeno es característico de períodos de caída del poder adquisitivo, cuando las familias recurren al crédito para compensar la pérdida de ingresos reales.
Críticas al modelo económico
Durante la presentación del informe, dirigentes sindicales también cuestionaron la política económica del gobierno nacional. El secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, denunció lo que calificó como un “proceso de ajuste” que estaría reduciendo el consumo y afectando la actividad productiva.
En la misma línea, el titular de la UOM, Abel Furlán, afirmó que la caída del salario real impacta directamente en la industria y el comercio, ya que reduce la capacidad de compra de los trabajadores.
Los gremios sostienen que el debilitamiento del Consejo del Salario, el organismo encargado de fijar el salario mínimo en Argentina, dejó sin un ámbito efectivo de negociación para actualizar los ingresos frente al aumento del costo de vida.
Un debate que recién empieza
La publicación de la Canasta Básica del Hogar Trabajador reabre una discusión recurrente en la economía argentina: cuánto debería ganar un trabajador para sostener una vida digna.
Mientras el gobierno y los organismos estadísticos continúan utilizando indicadores basados en la línea de pobreza, sectores sindicales y académicos impulsan la creación de nuevos parámetros que reflejen con mayor precisión el costo real de vivir en el país.
El debate no es solo técnico. También define una cuestión política de fondo: cuál es el ingreso necesario para que el trabajo garantice algo más que la simple supervivencia.


























