Las empresas multinacionales que operan en Argentina remitieron USD 2.022 millones en dividendos al exterior durante los últimos seis meses, el mayor flujo de utilidades de las últimas décadas. El sector petrolero lidera las transferencias, aunque también aparecen cerealeras, puertos, industrias y entidades financieras, en un contexto de reservas frágiles y creciente dependencia del endeudamiento externo.
La salida de divisas vuelve a ocupar un lugar central en el debate económico argentino. Desde diciembre de 2025, las empresas multinacionales radicadas en el país giraron USD 2.022 millones en concepto de utilidades hacia sus casas matrices, una cifra que representa el mayor proceso de remisión de dividendos registrado en décadas y que vuelve a poner bajo presión la disponibilidad de dólares del Banco Central.
El dato surge del último informe del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE), elaborado sobre estadísticas del Banco Central, que muestra cómo la flexibilización del mercado cambiario permitió reactivar un mecanismo que durante años permaneció restringido por las limitaciones para acceder a divisas oficiales.
El estudio señala que el principal protagonista de esta nueva ola de giros es el sector petrolero, favorecido por las ganancias extraordinarias generadas por el desarrollo de Vaca Muerta. Solo esa actividad transfirió USD 734 millones durante el período analizado.
Detrás aparecen otros sectores estratégicos de la economía argentina:
- Metales: USD 279 millones.
- Oleaginosas y cerealeras: USD 176 millones.
- Industria alimenticia: USD 162 millones.
- Industria química: USD 161 millones.
- Transporte: USD 106 millones.
- Entidades financieras: USD 99 millones.
La presencia de empresas cerealeras y de los puertos privados del Gran Rosario resulta particularmente significativa, ya que por esa región sale cerca del 80% de las exportaciones agroindustriales del país, uno de los principales generadores de divisas de la economía argentina.
Un proceso que recién comienza
Los economistas de MATE sostienen que los USD 2.022 millones representan apenas el comienzo de un ciclo que podría profundizarse durante el segundo semestre.
La explicación es normativa. Desde diciembre comenzó a habilitarse el giro de utilidades correspondientes a los balances de 2025, por lo que muchas compañías todavía no ejecutaron la distribución de dividendos aprobada por sus accionistas.
Durante los años de controles cambiarios, las empresas enfrentaban fuertes restricciones para remitir ganancias al exterior y, en muchos casos, recurrían a mecanismos alternativos como préstamos entre compañías del mismo grupo económico, pagos por servicios intrafirma o intereses financieros para retirar divisas del país.
Con la reapertura del Mercado Libre de Cambios impulsada por el Gobierno nacional, esas operaciones volvieron a canalizarse mediante el sistema oficial.
Presión sobre las reservas
El informe también advierte que la salida de utilidades ocurre en un contexto delicado para la economía argentina.
Aunque las reservas brutas del Banco Central muestran una recuperación respecto de los mínimos registrados en años anteriores, diversos analistas coinciden en que las reservas netas continúan siendo reducidas, por lo que cada dólar que abandona el sistema financiero adquiere una importancia creciente.
Los datos de MATE muestran además que durante mayo la economía real generó USD 2.834 millones, mientras que la economía financiera demandó USD 4.296 millones, impulsada por intereses de deuda, dolarización de excedentes, salida de capitales y giros de utilidades. Esa diferencia solo pudo cubrirse mediante USD 5.107 millones obtenidos por nuevo endeudamiento público y privado.
En el acumulado desde el inicio de la actual gestión, el informe sostiene que la economía real generó USD 52.223 millones, mientras que la economía financiera consumió USD 81.215 millones, una brecha que volvió a financiarse con nueva deuda y otros mecanismos extraordinarios de ingreso de divisas.
El debate económico vuelve a escena
La reactivación de los giros de dividendos reabre una discusión histórica sobre el equilibrio entre atraer inversiones y preservar las reservas internacionales.
Para quienes respaldan la flexibilización cambiaria, permitir que las empresas remitan utilidades constituye una condición necesaria para recuperar la confianza de los inversores y facilitar el ingreso de nuevos capitales.
En cambio, sectores críticos sostienen que la liberalización acelera la salida de divisas en un país con escasez estructural de dólares y obliga a compensar ese drenaje mediante un mayor endeudamiento externo.
Mientras tanto, el Banco Central enfrenta el desafío de sostener la estabilidad cambiaria en un escenario donde la generación genuina de dólares continúa siendo insuficiente para cubrir simultáneamente las necesidades productivas, los compromisos financieros y las crecientes remesas de utilidades hacia el exterior.



























