Un homenaje a José Manuel de la Sota consiguió reunir a Sergio Massa, Juan Schiaretti, Martín Llaryora y buena parte de las distintas especies del peronismo. Candelaria de la Sota pidió diálogo y durante unas horas nadie se fue puteando. El experimento fue considerado exitoso y los médicos ya estudian si puede repetirse sin anestesia.
José Manuel de la Sota murió hace ocho años y acaba de conseguir algo que varios dirigentes peronistas no pudieron hacer estando vivos, con despacho, chofer y presupuesto:
juntar al peronismo.
El Hotel Savoy recibió a Sergio Massa, Martín Llaryora, Juan Schiaretti, Gerardo Zamora, Juan Manuel Olmos, Carlos Bianco, Juan Manuel Urtubey y otros dirigentes. También estuvo el banquero Jorge Brito.
Había tantas líneas internas juntas que el salón no necesitaba Wi-Fi.
Ya tenía internas.
Pero la verdadera atracción era otra.
Massa y Schiaretti compartiendo techo.
En 2023 tomaron caminos distintos y Massa terminó responsabilizando en buena medida al juego de Schiaretti en el balotaje por su derrota frente a Milei. Tres años después pudieron saludarse cordialmente.
El SAME, preventivamente, dejó el motor encendido.
Massa llegó sobre la hora, abrazó efusivamente a Llaryora y después saludó a Schiaretti.
Más frío.
Pero correcto.
Todavía no es unidad: es cadena de frío.
—Hola, Gringo.
—Hola, Sergio.
—¿Todo bien?
—Sí.
—Bueno.
Los médicos dieron por terminado el procedimiento.
Candelaria de la Sota observó semejante zoológico político y pidió que iniciaran “el camino del diálogo”.
Una manera finísima de decir:
“Muchachos, prueben cinco minutos sin cagarse una elección entre ustedes.”
Y funcionó.
Nadie abandonó el hotel.
Nadie armó otro peronismo en el ascensor.
Nadie anunció una lista propia desde el baño.
Para los estándares del PJ fue Yalta.
El encuentro llegó, además, después del triunfo peronista en Marcos Juárez, dato que probablemente colaboró con la repentina vocación ecuménica.
El peronismo acaba de redescubrir una vieja propiedad física:
cuando gana, los compañeros empiezan a parecer menos hijos de puta.
El otro dato interesante fue Candelaria.
Su convocatoria tuvo tal volumen político que algunos asistentes interpretaron su discurso como un lanzamiento, aunque nadie supo precisar lanzamiento a qué.
Perfecto.
Eso sí es peronismo puro.
Primero se lanza.
Después vemos el cargo.
La ausencia de Natalia de la Sota agregó la dosis necesaria de normalidad. La diputada mantiene diferencias con Schiaretti y Llaryora y no estuvo en el homenaje; la explicación fue que tenía una actividad en Río Cuarto.
Menos mal.
Una reunión peronista sin una ausencia cargada de interpretaciones ya parecía inteligencia artificial.
Lo notable es que el homenaje a De la Sota terminó funcionando como una pequeña mesa de aproximación entre sectores que vienen acumulando diferencias.
Y ahí aparece la crueldad del asunto.
De la Sota llevaba ocho años fallecido.
Massa y Schiaretti necesitaron todo ese tiempo para conseguir un saludo cordial.
Si esperan otros ocho capaz se siguen en Instagram.
El acto terminó sin heridos.
Massa salió por sus propios medios.
Schiaretti también.
Llaryora conservó signos vitales.
Candelaria quedó políticamente bajo observación.
Y el SAME pudo retirarse sin intervenir.
Primer ensayo de unidad peronista 2026: todos sobrevivieron.
Ahora viene la etapa verdaderamente peligrosa: volver a juntarlos cuando haya que repartir las candidaturas.

























