El plan del Presidente es una obra de teatro en tres actos: reelección en 2027, después pasar la posta en 2031 a su mentor intelectual Agustín Laje. Sí, el youtuber cordobés que cree que el feminismo es una conspiración comunista, que la homosexualidad es una enfermedad y que en San Juan, hace unos años, soltó la perla inmortal: «19 muertes por aborto no configuran un problema de salud pública». Mientras tanto, la oposición bosteza, los gobernadores hacen la cola para la foto y el país se pregunta si esto es real o estamos en un capítulo de Los Simpson versión criolla.
Agosto de 2024. Faltaba un año para las legislativas, el dólar hacía plancha en una pecera intervenida y Javier Milei juntaba a la mesa chica para largar lo que en ese momento sonaba a delirio místico con eco en Olivos: que en 2027 habría intento de reelección. Nadie lo firmó ante escribano, nadie lo gritó en cadena nacional, pero viste cómo es esto: cuando el runrún arranca, es porque alguien ya le dio cuerda.
Para 2031, el nombre que empezó a circular no fue el de un gobernador con gestión ni el de un cuadro técnico con espalda política. No. El apuntado sería Agustín Laje. El filósofo de YouTube. El general de la guerra cultural versión podcast. El póster digital de pibes de 15 con foto en sepia y frase incendiaria en la bio. El mismo que en San Juan, en 2019, dijo que las mujeres que mueren por abortos clandestinos no eran un problema de salud pública porque “solo fueron 19”. Diecinueve, como si la vida fuera una estadística que se puede redondear para abajo.
Y en el mismo chismerío político —porque en Argentina el poder se cocina más en sobremesas que en comités— también se comenta que a Karina Milei no le copa nada la idea. Sí, Karina: la tarotista para los detractores, la armadora todoterreno para los propios, la ex vendedora de tortas por Instagram, relacionista pública, devenida en secretaria de la Presidencia, presentada alguna vez en medios internacionales como “la esposa” del Presidente. “El Jefe”, le dice el peluca con papada. Y si no le gusta, no le gusta. Punto.
Nada está escrito. Todo es potencial, off the record, lengua suelta y operador con café frío. Pero este país tiene una costumbre hermosa y peligrosa: los delirios místicos arrancan como chiste de Twitter y terminan en la boleta del cuarto oscuro.
EL CURRÍCULUM DEL HEREJE (PORQUE HAY QUE LEERLO PARA CREERLO)
Agustín Laje tiene 37 años, es cordobés y su currículum parece armado por un escritor de sátira política que se quedó sin ideas. Estudió Ciencia Política en la Universidad Católica de Córdoba, tiene una maestría en Filosofía en la Universidad de Navarra (esa del Opus Dei que te mira feo si no vas a misa) y cursó «contraterrorismo» en el Centro William J. Perry de la Universidad Nacional de Defensa de Estados Unidos. O sea, el Pentágono. El mismo lugar donde entrenan tipos para matar gente, pero bueno, son detalles.
Su carrera como influencer de la derecha empezó temprano. A los 15 años, cuando los pibes normales juntaban figuritas, él iba al colegio con carteles de víctimas de Montoneros para «equilibrar la memoria» del 24 de marzo. A los 16 ya publicaba cartas de lectores en La Nación y escribía en La Nueva Provincia, ese diario bahiense que durante la dictadura apoyaba a los milicos con la misma efusividad que hoy algunos apoyan a Milei.
Su mentor es Nicolás Márquez, otro personaje de la derecha más añeja que el vino toro, que le dijo una vez: «No seas un militante berreta, sé un intelectual». Y Laje se lo tomó tan en serio que se pasó de rosca. Juntos escribieron «El libro negro de la nueva izquierda», un texto que en Amazon tiene reseñas de cinco estrellas escritas por tipos que todavía usan la foto de Perón en el comedor. En ese libro, Laje sugiere que el feminismo radical «acepta la pedofilia y el incesto» como parte de su plan para destruir la familia. No es joda, lo pueden googlear.
LAS PERLAS LAJEANAS: UNA COLECCIÓN PARA LA ETERNIDAD
El catálogo de frases de Laje es tan extenso que merece una muestra en el Malba. Ha dicho que la homosexualidad es una «tendencia» que no debería promoverse, como si fuera una moda de los ’80. Ha sostenido que el matrimonio igualitario es parte de una conspiración global contra los valores occidentales. Pero su obra maestra, la que debería estar enmarcada en la entrada del Congreso, la soltó en San Juan, en abril de 2019.
Era el Primer Congreso Internacional Provida, en el Centro de Convenciones. La «ola celeste» había copado la provincia con sus pañuelos y sus cantitos. Laje llegó como estrella de rock, con su look de intelectual joven y su discurso aceitado. En diálogo con Diario Huarpe, soltó esta bomba: «Las cifras oficiales respaldadas por la OMS dicen que en 2017 murieron 19 mujeres por abortos. 19 muertes no configuran un problema de salud pública. Lo que configura un problema de salud pública son las 6 mil mujeres que se mueren por cáncer de mama».
O sea, según el razonamiento del futuro sucesor de Milei, si te morís por un aborto clandestino no importa porque no llegás al «cupo» de muertes para ser considerada un problema. Es como si un médico te dijera: «Mirá, tenés cáncer pero como hay poca gente con tu enfermedad, no nos vamos a ocupar». Una lógica digna de un gerente de productividad obsesionado con los números.
Ese mismo día, en los pasillos del congreso, se vendían sus libros junto a merchandising celeste. Los fans hacían cola para sacarse fotos y para que les firme los pañuelos. Laje, sonriente, autografiaba todo lo que le ponían adelante, como una estrella de rock en su mejor momento. Afuera, el feminismo le gritaba «asesino». Adentro, él firmaba y cobraba regalías.
LA RELACIÓN CON MILEI: UN AMOR INTELECTUAL (Y POLÍTICO)
El vínculo entre Milei y Laje viene de lejos, de cuando el peluca era solo un economista furioso que iba a programas de televisión a putear a todo el mundo. Laje lo paseó por el mundo, lo presentó en conferencias, lo apuntaló en su etapa de construcción mediática. En noviembre de 2023, cuando Milei ganó el ballotage, Laje posteó una foto de 2022 junto a él con un texto que parecía escrito por un iluminado: «Las ideas de la libertad vencieron a la mafia política, al aparato del Estado, a los asesores de Lula, a los periodistas ensobrados, a los artistas prebendarios, a los empresaurios, a los sindicalistas dinásticos, a los ex terroristas disfrazados de demócratas, a los lobbistas del género».
Una catarata de lugares comunes que resumía la cosmovisión lajeana: todo lo que no piensa como él es parte de una conspiración para destruir la libertad. Una suerte de manual de paranoia política hecho discurso.
En marzo de 2025, el gobierno lo eligió para narrar el video oficial por el Día de la Memoria. Laje, con su voz de intelectual profundo, sostuvo que la política de derechos humanos de las últimas décadas fue una «herramienta de adoctrinamiento» y reclamó una «memoria completa» que incluya a las víctimas de las organizaciones guerrilleras. Los organismos de derechos humanos repudiaron. Las Abuelas se reunieron con el Papa. Y Laje siguió su camino, firme en su misión de «batalla cultural».
EL PLAN SUCESORIO: DE YOUTUBE A LA ROSADA (¿POR QUÉ NO?)
Según las versiones que circularon en su momento, Milei estaría podrido de las internas entre el sector de Victoria Villarruel y el de Karina Milei. Podrido de que le rompan las bolas con disputas de poder. Por eso ya estaría proyectando a Laje como su delfín para 2031, después de una eventual reelección en 2027.
En el entorno presidencial, cuentan que valoran la inteligencia del cordobés, pero reconocen que tiene un problemita: «Tiene bajo nivel de conocimiento por fuera de los adolescentes hombres». O sea, Laje es una estrella para pibes de 15 a 25 que ven sus videos mientras juegan a la Play, pero fuera de ese nicho no lo conoce ni el loro. Pero Milei confía en que para 2031, con la maquinaria del Estado detrás, el nivel de conocimiento va a aumentar. Total, si logró que un tipo que decía que iba a dolarizar y cerrar el Banco Central llegara a presidente, cualquier cosa es posible.
LO QUE PASABA EN EL PAÍS MIENTRAS TANTO (DATOS DUROS PARA NO OLVIDAR)
Mientras Milei proyectaba el futuro con Laje, la economía real seguía su curso de siempre. El riesgo país, ese termómetro que mide cuánto desconfían los inversores, trepaba. Las reservas netas seguían negativas. La industria había caído 3,9% en diciembre. El comercio se contrajo 1,3%. La gente, la que no milita la batalla cultural sino que labura de sol a sol, seguía comprando dólares como si no hubiera mañana: 3.146 millones netos en enero. Una fuga, porque es una fuga, que no se detiene.
Pero bueno, son detalles. Lo importante es la batalla cultural. Lo importante es que el heredero del «primer presidente liberal libertario del mundo» sea un tipo que dijo que las muertes por aborto ilegal no son un problema de salud pública. Un tipo que cree que el feminismo es una conspiración. Un tipo que firmaba pañuelos celestes en San Juan mientras afuera le gritaban «asesino».
LO QUE DICEN LOS NÚMEROS DE LAJE (PARA QUE NO QUEDE DUDA)
Laje tiene 2,2 millones de suscriptores en YouTube y casi un millón en Instagram. Sus videos acumulan millones de reproducciones. En ellos, despliega su teoría de la «batalla cultural» y convence a pibes de que el feminismo es el enemigo, que la ideología de género es una herramienta de dominación y que la derecha tiene que dejar de ser «tibia» y salir a pelear. Es el influencer de la antipolítica, el profeta de la reacción.
En febrero de 2025, su nombre apareció en el escándalo de la criptomoneda $LIBRA, vinculado a los empresarios Novelli y Walsh. En junio de 2025, generó polémica al postear que «no se puede convivir con personas de izquierda» porque «no son ciudadanos sino enemigos». Después tuvo que salir a aclarar, a decir que lo habían malinterpretado, pero el daño ya estaba hecho. O el bien, según para quién.
Para los que creemos que somos mucho y parió la abuela
Imaginemos la escena. Año 2031. Argentina tiene un presidente que llegó al poder después de haber sido youtuber, que cree que el feminismo es una conspiración y que las muertas por aborto no son un problema de salud pública. Un tipo que, en su juventud, firmaba pañuelos celestes en San Juan mientras una multitud lo aclamaba. Un tipo que estudió en el Pentágono y en el Opus Dei, mezcla explosiva si las hay.
Mientras tanto, los gobernadores aliados seguirán haciendo cola para la foto. La oposición seguirá mirando para otro lado, discutiendo internas y repartiéndose cargos. Los medios debatirán si Laje es un intelectual o un farsante. Y la gente, la de a pie, la que no llega a fin de mes, la que no compra dólares ni viaja a Brasil, seguirá preguntándose si todo esto es real o si estamos viviendo en un capítulo de Black Mirror escrito por un guionista borracho.
Lo único seguro es que, en abril de 2019, en un centro de convenciones de San Juan, un tipo con pinta de youtuber firmaba pañuelos celestes mientras decía que 19 muertes no son un problema. Ese tipo podría ser presidente en 2031. Y lo más triste de todo es que acá no se va a mover un carajo para evitarlo.


























