Olmos y La Cámpora cerraron una boleta para el Consejo de la Magistratura; Molea, el peronismo federal y parte del Frente Renovador armaron otra. Angelici juega la suya, los libertarios también presentan candidatos y todos quieren representar a los abogados encargados de elegir y controlar jueces. La Justicia argentina empieza por casa: antes de discutir quién administra los conflictos ajenos, consiguieron multiplicar los propios.
El peronismo volvió a demostrar su extraordinaria capacidad para construir unidad.
Se dividió en dos.
Pero tranquilos: esta vez no discuten una candidatura presidencial, una gobernación ni una intendencia.
Son abogados.
O sea que la pelea viene con matrícula.
De un lado quedaron Juan Manuel Olmos, La Cámpora y Jorge Rizzo, con Itati “Taty” Demarchi encabezando y Adriana Coliqueo como primera suplente.

Del otro, Diego Molea, sectores ligados a Martín Llaryora y parte del Frente Renovador.
La mesa de unidad estuvo.
Se habló.
Se negoció.
Se acercaron posiciones.
Y finalmente alcanzaron el consenso más tradicional del peronismo:
“Nos vemos en las urnas, compañero.”
Hasta Juan Martín Mena, ministro de Justicia bonaerense, había aparecido como candidato camporista. Pero quedó en el camino.
Un abogado resumió el mecanismo con una precisión casi médica: cuando el kirchnerismo te nombra demasiado pronto, “te hace sonar y te quedás sin nada”.
Hermoso sistema de promoción.
—Juan Martín, estás entre los candidatos.
—Qué alegría.
—Salió tu nombre.
—¿Y ahora?
—Andá actualizando LinkedIn.
Demarchi, mientras tanto, llegaría con respaldo inicial de unos 30 colegios de abogados de distintas provincias y con una característica política verdaderamente revolucionaria: serviría para “diluir” el peso kirchnerista.
El detalle es que en algunos lugares también la promocionan vinculándola con los laboralistas de Recalde.
Es como vender Coca-Cola diciendo:
“Cero azúcar. Sabor original.”
—¿Es kirchnerista?
—No.
—¿La apoyan sectores kirchneristas?
—Sí.
—¿Entonces?
—Es kirchnerismo descremado.
—¿Tiene La Cámpora?
—Puede contener trazas.
Molea decidió ir por otro lado con sectores del peronismo federal y el Frente Renovador.
Ya había ocurrido algo parecido cuatro años atrás, cuando la división se explicó mediante las bondades del sistema D’Hondt.
Porque cuando dos sectores peronistas se separan nunca es una interna.
Es matemática aplicada.
—¿Se rompieron?
—No.
—¿Van separados?
—Sí.
—¿Se enfrentan?
—Electoralmente.
—¿Entonces se rompieron?
—No entendés D’Hondt.
Y mientras el peronismo discute cuál de sus dos listas representa mejor la unidad, aparece Daniel Angelici.
Porque si estamos hablando del Consejo de la Magistratura y de mover piezas judiciales, que aparezca el Tano ya no es noticia.
Es señal de Wi-Fi.
Angelici impulsa a Alberto Biglieri, exconsejero porteño y actual interventor de la UOM. Necesita defender un lugar propio y compatibilizar intereses con sectores del PRO y radicales.
La política argentina consiguió así una especie extraordinaria:
el abogado sindical-judicial-electoral multitoma.
Enchufa donde haga falta.
También los libertarios presentaron lista, encabezada por Luis Palomino, vinculado a Sebastián Pareja, acompañado por Valeria Fredes, impulsada por Martín Menem.
Perfecto.
Ya tenemos:
Olmos y La Cámpora.
Molea, Llaryora y massistas.
Angelici y sus armados.
Los libertarios.
PRO.
Radicales orbitando.
Todo para elegir representantes de los abogados ante el organismo encargado, entre otras funciones, de intervenir en la selección y disciplina de magistrados.
Menos mal que se llama Consejo de la Magistratura y no Consejo de la Sencillez.
La escena podría terminar en cualquier estudio jurídico porteño:
—¿A quién representás?
—A los abogados.
—¿Qué sector?
—Peronismo.
—¿Cuál?
—El unido.
—¿Cuál de los dos?
—El nuestro.
—¿Y el otro?
—También dice que es el unido.
—¿Y Angelici?
—Tiene candidato.
—¿Los libertarios?
—También.
—¿Cuántas listas necesitamos para elegir abogados?
—Sí.
Después alguien preguntará por qué la Justicia argentina tarda años en resolver cualquier cosa.
No sean injustos.
Miren lo que tardan los abogados solamente para decidir quiénes son ellos mismos.
El peronismo quería evitar perder representación en el Consejo y terminó llegando a la elección con dos listas.
Una para unir.
Otra para unir a los que no pudieron unirse con los unidos.
Y ambas, naturalmente, en nombre de la unidad.
Perón quería una comunidad organizada. Sus herederos consiguieron algo más argentino: dos grupos de WhatsApp y un juicio por quién administra el original.


























