Brenda Peluffo escribe y protagoniza Animales Artificiales II, un biodrama que atraviesa memoria, ficción, identidad y paso del tiempo a partir de una mujer que nunca terminó de irse: Gloria. Con dirección de Eduardo Pavelic, la obra se presenta los viernes a las 20:30 en Espacio Tole Tole Teatro, Pasteur 683, CABA.
Gloria no vuelve porque, en realidad, nunca se fue. Lo que desapareció fue el decorado. Desde esa imagen, tan teatral como íntima, “Animales Artificiales II. Biodrama de una actriz” propone entrar en un territorio donde las fronteras entre personaje y persona comienzan a desdibujarse, y donde el escenario deja de funcionar como refugio de la ficción para convertirse en el lugar desde el cual interrogar la propia existencia. Escrita y protagonizada por Brenda Peluffo, con dirección general de Eduardo Pavelic, la obra se presenta los viernes a las 20:30 en Espacio Tole Tole Teatro, Pasteur 683, CABA, como parte de la convocatoria Tole Tole Coproduce 2026.
La premisa contiene una pregunta incómoda y profundamente humana: ¿qué queda de una mujer frente al paso del tiempo? No se trata solamente de observar cómo envejece un cuerpo ni de reconstruir nostálgicamente aquello que alguna vez fue. Animales Artificiales II se pregunta también por los personajes que continuamos habitando cuando las circunstancias que los hicieron posibles ya cambiaron, por las identidades que arrastramos aun después de abandonar determinados escenarios y por esa zona incierta en la que representar una vida puede terminar revelando más verdad que intentar explicarla.
En el centro está Gloria, una presencia que reaparece sin necesidad de demostrar que continúa viva. Su existencia parece responder a otra necesidad: la del propio escenario, que reclama cuerpos atravesados por historias, actrices capaces de entrar sin pedir permiso y experiencias que no puedan reducirse a una caracterización. La obra recupera a Gloria para colocarla nuevamente frente al tiempo, pero también frente a aquello que alguna vez interpretó, deseó, perdió o creyó dejar atrás. Allí comienza el juego del biodrama: cuando la biografía deja de ser simplemente antecedente y se convierte en material escénico.
La elección del subtítulo, “Biodrama de una actriz”, señala precisamente ese movimiento. Vida y teatro dejan de ocupar compartimentos separados. La memoria puede convertirse en dramaturgia, una experiencia puede transformarse en escena y un personaje puede devolverle preguntas a quien lo interpreta. El teatro, acostumbrado durante siglos a fabricar ficciones para hablar de la condición humana, encuentra aquí otro mecanismo: tomar una vida, acercarla al escenario y observar qué sucede cuando los límites entre ambas empiezan a resquebrajarse.

Peluffo concentra además diferentes dimensiones de la construcción artística de la pieza. No solo firma la dramaturgia y asume la interpretación, sino que también está a cargo del vestuario y el diseño de escenografía. Esa acumulación de tareas adquiere especial sentido en una propuesta en la que la actriz no llega simplemente a ocupar un universo creado por otros, sino que participa de la elaboración material y simbólica del mundo que posteriormente deberá habitar frente al público. Eduardo Pavelic conduce la dirección general, mientras Neno VD realiza el diseño de iluminación y la fotografía, y Andrés Sánchez se desempeña como asistente de dirección.
El paso del tiempo ocupa un lugar particularmente fértil dentro de esa construcción. Para una actriz, el tiempo no sucede únicamente fuera del escenario: modifica los personajes disponibles, transforma la relación con el cuerpo, altera la mirada ajena y obliga a negociar con una industria cultural que muchas veces establece qué edades pueden ser visibles y cuáles deben correrse discretamente hacia los márgenes. Frente a ello, Animales Artificiales II propone exactamente lo contrario: colocar ese cuerpo con historia en el centro y preguntarse qué puede contar ahora que no hubiera podido contar antes.
La frase “actrices que entran a escena sin pedir permiso” resume buena parte de esa posición. La presencia deja de depender de la autorización simbólica de una mirada exterior. Gloria aparece porque tiene todavía algo que poner en movimiento, no porque necesite certificar su vigencia. En esa diferencia se juega una parte importante de la propuesta: el tiempo no necesariamente vacía a los personajes; puede cargarlos de nuevas capas, contradicciones y sentidos.
También la memoria aparece lejos de cualquier pretensión documental. Recordar nunca significa reproducir exactamente aquello que ocurrió. Seleccionamos, deformamos, completamos vacíos, olvidamos detalles y reorganizamos acontecimientos desde el presente. Cuando ese mecanismo llega al teatro, la frontera entre verdad y ficción se vuelve todavía más compleja. ¿Cuánto de aquello que una actriz recuerda pertenece a la mujer y cuánto al personaje? ¿Cuánto queda de los papeles interpretados después de abandonar el escenario? ¿Puede una ficción terminar formando parte de la biografía de quien la representó?
Es precisamente allí donde Animales Artificiales II encuentra uno de sus interrogantes más sugerentes: qué personajes seguimos habitando. Porque salir de escena no garantiza necesariamente abandonar un personaje, del mismo modo que cerrar una etapa de la vida tampoco significa desprenderse inmediatamente de quien fuimos mientras la atravesábamos. Algunas identidades permanecen como vestuarios invisibles; otras reaparecen muchos años después y obligan a mirar nuevamente aquello que creíamos resuelto.
La coproducción con Espacio Tole Tole inscribe además la propuesta dentro de un teatro independiente porteño que continúa funcionando como laboratorio para dramaturgias alejadas de las exigencias del gran circuito comercial. La obra fue realizada en el marco de Tole Tole Coproduce 2026, convocatoria del espacio ubicado en Pasteur 683, donde la cercanía entre intérprete y espectadores favorece especialmente una experiencia construida alrededor de la exposición, la memoria y la intimidad.
En Animales Artificiales II el artificio teatral no desaparece; queda expuesto. Escenografía, iluminación, vestuario, interpretación y dirección continúan construyendo representación, pero detrás de ese mecanismo aparece una pregunta mucho menos artificial: qué hacemos con las vidas que fuimos acumulando. Gloria regresa precisamente a ese territorio donde una mujer puede encontrarse con sus personajes sin que resulte sencillo determinar quién está mirando a quién.
Quizás por eso la imagen inicial resulta tan poderosa. Gloria no vuelve. Nunca se fue. Lo que desapareció fue el decorado. Cuando se retiran las escenografías, cuando termina una función, cuando cambian los cuerpos y los años empiezan a modificar aquello que creíamos permanente, permanece algo que el teatro conoce muy bien: la necesidad de volver a contar. Animales Artificiales II coloca esa necesidad frente al público y deja que memoria y ficción se observen mutuamente hasta confundirse. Porque a veces el escenario no sirve para escapar de la vida, sino para acercarse tanto a ella que ya resulta imposible saber dónde termina una y comienza el otro.
“Animales Artificiales II. Biodrama de una actriz” se presenta los viernes a las 20:30 en Espacio Tole Tole Teatro, Pasteur 683, CABA. Las entradas se encuentran disponibles en Alternativa Teatral.


























