La celebración por el subcampeonato de la Selección Argentina terminó con incidentes en el centro porteño. La Policía de la Ciudad dispersó a los manifestantes con gases lacrimógenos, balas de goma y un camión hidrante. Entre los afectados hubo familias con niños.
Lo que durante varias horas fue una multitudinaria celebración en el Obelisco terminó en una violenta represión policial. A poco más de treinta minutos para la medianoche, efectivos de la Policía de la Ciudad avanzaron sobre los miles de hinchas que permanecían en la zona con gases lacrimógenos, balas de goma y un camión hidrante, en un operativo que dejó 15 detenidos y al menos siete personas heridas, según el balance oficial.
La concentración había comenzado tras la final del Mundial, en la que la Selección Argentina cayó ante España, y se desarrolló durante gran parte de la noche sin incidentes de gravedad. Miles de personas ocuparon el Obelisco y distintos tramos de la avenida 9 de Julio para despedir al equipo dirigido por Lionel Scaloni y agradecer la campaña que volvió a colocar al seleccionado entre los mejores del mundo.
El escenario cambió abruptamente cuando los efectivos antidisturbios comenzaron a avanzar sobre los manifestantes. En pocos minutos, el centro porteño quedó envuelto por gases lacrimógenos mientras el camión hidrante y la policía motorizada empujaban a la multitud hacia las calles laterales.
Las imágenes transmitidas en vivo por distintos canales de televisión mostraron escenas de corridas y desesperación. Entre quienes escapaban del operativo había familias enteras y numerosos niños que habían permanecido durante horas participando de los festejos.
Las cámaras registraron además el avance de los efectivos hasta la avenida Belgrano, mientras continuaban las detonaciones de balas de goma y se multiplicaban las detenciones. El clima festivo que había predominado desde el final del partido dio paso, en cuestión de minutos, al caos y la desconcentración de los asistentes.
La explicación de la Policía
La Policía de la Ciudad sostuvo que el operativo comenzó luego de que «un grupo de violentos» arrojara botellas contra los efectivos que custodiaban el perímetro del Obelisco.
Según la versión oficial, varias personas atravesaron el vallado de seguridad instalado alrededor del monumento y fueron reducidas por los agentes. A partir de ese momento, la fuerza decidió desplegar el camión hidrante y a la división motorizada para dispersar a quienes consideró responsables de los disturbios.
Sin embargo, las imágenes registradas por las transmisiones televisivas mostraron que el operativo también alcanzó a numerosos asistentes que no participaban de los incidentes, incluidos grupos familiares que intentaban retirarse del lugar cuando comenzaron los disparos de balas de goma y el lanzamiento de gases lacrimógenos.
Mientras la Policía sostiene que la intervención buscó controlar a grupos violentos, organismos de derechos humanos y distintos sectores políticos reclamaron que se investigue si el uso de la fuerza fue proporcional, especialmente por la presencia de familias y menores de edad en una concentración que, hasta momentos antes del operativo, se desarrollaba de manera mayoritariamente pacífica.



























