En la misa de San Cayetano, el arzobispo de Buenos Aires cuestionó el aumento de tarifas, alquileres, alimentos, la precarización laboral y el endeudamiento familiar. Sin nombrar al Presidente, enfrentó el dogma libertario con la nueva encíclica de León XIV: la libertad económica no es absoluta y la propiedad privada debe subordinarse al bien común.
El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Ignacio García Cuerva, utilizó la celebración de San Cayetano para trazar una radiografía de la crisis social y enfrentar, desde la Doctrina Social de la Iglesia, los principios económicos defendidos por el gobierno de Javier Milei. Frente a miles de personas congregadas en el santuario de Liniers, advirtió que los salarios no alcanzan, que numerosas familias necesitan sostener dos o más trabajos y que el endeudamiento se convirtió en una trampa que “asfixia”.
García Cuerva no mencionó al Presidente ni atribuyó expresamente cada crítica al Gobierno. Sin embargo, su rechazo a la absolutización del mercado, la defensa de la justicia social y la denuncia sobre la distancia entre los modelos teóricos y el padecimiento cotidiano confrontaron directamente con el discurso libertario.
“San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo, que no quiere resignarse a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y asfixian a muchísimas familias”, afirmó.
La homilía se produjo un día después de la movilización contra la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y en una jornada atravesada por la tradicional marcha de organizaciones sindicales y sociales bajo la consigna “Paz, pan, tierra, techo y trabajo”.

El país que no aparece en los balances oficiales
El arzobispo cuestionó la naturalización del deterioro económico y social. Describió una sociedad que permanece “pasiva y silenciosa” mientras aumentan el transporte público, las tarifas, los alquileres y los alimentos.
También advirtió sobre el silencio frente a quienes buscan comida entre los residuos y ante la pérdida del poder adquisitivo: “Mudos cuando no reclamamos pacíficamente que el sueldo no alcanza, y no decimos nada ante hermanos que revuelven la basura para comer”.
La descripción se opone a la lectura gubernamental que presenta el equilibrio fiscal, la desaceleración de algunos indicadores y la desregulación como pruebas suficientes de recuperación. García Cuerva no discutió cifras macroeconómicas específicas; planteó que cualquier evaluación pierde legitimidad cuando no coincide con las condiciones materiales de quienes viven de su trabajo.
“Atragantados de bronca porque parece que el bienestar económico nunca va a llegar al ciudadano común”, sostuvo.
El mensaje no estuvo dirigido exclusivamente al oficialismo. El arzobispo también cuestionó a una dirigencia que habla sobre la pobreza sin acercarse a quienes la padecen y que, mientras promete soluciones, conserva condiciones de vida completamente alejadas de las mayorías.
Habló de un pueblo “cansado de promesas incumplidas y dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades y se dan la buena vida”. La frase extiende la crítica sobre el conjunto de la representación política, aunque adquiere un significado inevitable frente a un Gobierno que presenta el ajuste como sacrificio necesario y futuro bienestar.
Los dogmas que se estrellan contra la realidad
Uno de los pasajes más políticos de la homilía estuvo dedicado a los “ideologismos” que impiden observar el padecimiento cotidiano.
García Cuerva describió una mirada “empañada de prejuicios, nublada de ideologismos que hacen análisis teóricos que luego se estrellan con la realidad cotidiana, que la gente sencilla y de a pie conoce muy bien porque la padece todos los días”.
La frase golpea sobre un punto central del discurso libertario. Milei interpreta la economía desde una ortodoxia que atribuye al mercado la capacidad de organizar eficientemente la sociedad y presenta la intervención estatal como una distorsión casi siempre perjudicial.
El arzobispo opuso a esa concepción el relato bíblico de la multiplicación de los panes y los peces. “En la lógica del mercado, esos panes y pescados no alcanzarán nunca para dar de comer a una multitud; pero en la lógica de la fraternidad y el compartir, es mucho”, señaló.
La metáfora no constituye un programa económico, pero fija un principio político y moral: la eficiencia del mercado no puede convertirse en el único criterio para distribuir recursos ni para decidir quién accede a las condiciones indispensables para vivir.
León XIV contra la libertad económica absoluta
García Cuerva respaldó su posición citando Magnifica Humanitas, la encíclica publicada por León XIV en mayo de 2026. El documento papal sostiene que la libertad económica debe evaluarse según su contribución al bien común y la dignidad de las personas.
La referencia es correcta y resulta especialmente significativa en la Argentina de Milei. La encíclica afirma que no alcanza con exaltar la iniciativa privada mientras una multitud permanece sin trabajo digno, protección social o acceso a bienes fundamentales. También establece que el Estado debe armonizar los intereses en conflicto, proteger a los sectores más débiles y garantizar una organización justa de la sociedad.
El documento de León XIV va todavía más lejos respecto de la propiedad. Sostiene que el derecho a la propiedad privada existe, pero se encuentra subordinado al destino universal de los bienes. Recuerda que la tradición cristiana nunca consideró la propiedad como un derecho “absoluto o intocable” y que la tierra, el agua, el aire y los recursos naturales deben servir a toda la familia humana.
Estas definiciones chocan frontalmente con la filosofía del proyecto debatido en el Senado bajo el nombre de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Aunque García Cuerva no estableció esa relación de manera explícita, su homilía ocurrió inmediatamente después de que el oficialismo debiera retirar los capítulos destinados a flexibilizar la compra de tierras por extranjeros y modificar la Ley de Manejo del Fuego.
La Iglesia no niega la propiedad ni la iniciativa privada. Lo que rechaza es su transformación en derechos ilimitados, separados de las necesidades sociales y del bien común.
“Que se multiplique la justicia social”
El arzobispo cerró su mensaje recuperando una expresión que Milei y referentes libertarios atacan de manera sistemática: justicia social.
“Que se multiplique la justicia social, aquella a la que León XIV define como una forma concreta de seguimiento de Jesús y de fidelidad a su Evangelio”, pidió García Cuerva.
También reclamó que se multipliquen el diálogo, la búsqueda de consensos, las oportunidades laborales para los jóvenes y el bien común. La referencia a León XIV no fue decorativa. En Magnifica Humanitas, el Papa ubica la justicia social entre los principios necesarios para impedir que la desigualdad, las nuevas tecnologías y la concentración económica produzcan formas renovadas de exclusión.
García Cuerva recordó además una definición papal sobre el trabajo: “En el centro de cualquier dinámica laboral no deben situarse ni el capital, ni las leyes del mercado, ni el lucro, sino la persona, la familia y su bien”.
El contraste con el Gobierno resulta difícil de disimular. Milei considera la justicia social una aberración porque, según su interpretación, requiere que el Estado utilice recursos obtenidos coercitivamente mediante impuestos. La Iglesia, en cambio, la presenta como una exigencia del Evangelio y como una obligación destinada a proteger la dignidad humana.
Una Iglesia que eleva el tono
La homilía de San Cayetano forma parte de una secuencia de pronunciamientos eclesiásticos sobre pobreza, empleo, jubilaciones, salarios y asistencia alimentaria. La Iglesia argentina evitó, en general, una ruptura institucional abierta con Milei, pero sus principales referentes endurecieron el lenguaje a medida que el ajuste avanzó sobre las condiciones de vida.
El mensaje adquiere mayor relevancia tras la confirmación de que León XIV visitará la Argentina en noviembre. La Casa Rosada intenta presentar el viaje como un éxito diplomático y una reivindicación de sus valores “judeocristianos”. Sin embargo, el pensamiento económico y social del Pontífice establece límites muy claros frente a la absolutización del mercado, el abandono de los vulnerables y la conversión del trabajo en una mercancía.
El Gobierno podrá recibir al Papa con honores y buscar la fotografía institucional. Será más difícil apropiarse de un mensaje que exige salarios dignos, intervención estatal en defensa del bien común, función social de la propiedad y justicia para quienes quedan excluidos.
En San Cayetano, García Cuerva no necesitó pronunciar el nombre de Milei. Habló del boleto, las tarifas, los alquileres, los alimentos, los trabajadores con dos empleos, las familias ahogadas por créditos y las personas que revuelven la basura para comer. El destinatario político quedó señalado por la realidad.
Frente a un Gobierno que mide el éxito desde las planillas fiscales, el arzobispo colocó otro indicador sobre el altar: si el sueldo no alcanza y el bienestar nunca llega al ciudadano común, el modelo podrá cerrar en los cálculos, pero sigue abierto como una herida en la calle.


























