Lilia Lemoine pasó de organizar la tropa digital contra Santiago Caputo y entrar con frecuencia a Olivos a descubrir una de las leyes fundamentales del karinismo: la lealtad es eterna hasta que deja de ser útil. Aislada del Equipo Rocket, enfrentada con Las Fuerzas del Cielo y con su reelección en duda, la diputada ya piensa en otro empleo: convertirse en vocera presidencial. En La Libertad Avanza, quedarse sin banca no significa quedar desempleado; significa actualizar LinkedIn.
Lilia Lemoine quería conquistar Internet.
Terminó tratando de conservar la banca.
La diputada había recibido de Karina Milei una misión digna de la NASA libertaria: organizar un ejército digital capaz de disputarle a Santiago Caputo el control de las redes oficialistas.
Era una guerra trascendental.
El país podía tener problemas con los salarios, la actividad o la deuda de las familias, pero alguien tenía que decidir quién administraba los memes.
Lilia aceptó.
Y nació el Equipo Rocket.
El nombre ya ofrecía algunas pistas sobre el desenlace.
Junto a Tronco, reunió influencers, acercó tropa digital a la Casa Rosada y empezó a imaginarse al frente de una maquinaria comunicacional propia. Detrás del operativo había además un sueño personal: convertirse algún día en vocera de Javier Milei.
Era un ascenso lógico.
De maquillarlo a explicar lo que quiso decir hay apenas dos pisos en el organigrama.
Pero entonces apareció Rufus.
La cuenta anónima atribuida a Martín Menem que atacaba a medio Gobierno mientras elogiaba al otro medio convirtió la interna libertaria en una remake de Gran Hermano, sólo que los participantes administraban el Estado.
Rufus pegaba contra Santiago Caputo, Patricia Bullrich, Sandra Pettovello y Toto Caputo mientras acariciaba digitalmente a Karina, Sebastián Pareja y Martín Menem.
Una cuenta anónima destinada a defender dirigentes terminó revelando exactamente quiénes estaban detrás.
Ni Sherlock Holmes se hubiera animado a pedir tanto.
Lemoine tomó partido.
Defendió a Tronco, Pareja y los Menem y se enfrentó al Gordo Dan y Las Fuerzas del Cielo.
Fue valiente.
Cuando terminó el tiroteo miró hacia atrás esperando encontrar a sus compañeros.
Había una planta.
Porque Tronco se corrió.
Pareja se corrió.
El Equipo Rocket se corrió.
Y Karina empezó a correrse.
Lilia había conseguido algo extraordinario: ganar una interna cuyo premio era quedarse sola.
Hasta Santiago Oría, con quien había impulsado el Equipo Rocket, tomó distancia.
El cohete había despegado.
Lo único que quedó en tierra fue Lilia.
Entonces empezó a ocurrir algo mucho más peligroso que una pelea pública en La Libertad Avanza.
Olivos dejó de abrirse igual.
No hubo comunicado.
No hubo expulsión.
No apareció Karina explicando nada.
Simplemente comenzó el método favorito del poder argentino: el freezer.
Primero entrás todos los días.
Después tres veces por semana.
Después «avisame antes».
Después «Karina está complicada».
Y finalmente descubrís que el guardia nuevo no sabe quién sos.
Lemoine todavía conserva un acceso presidencial que muchos ministros envidiarían y durante años tuvo un activo político difícil de medir en encuestas: además de diputada, era una persona de enorme cercanía con Milei y hasta cumplía funciones de maquilladora.
Pero la puerta empezó a ponerse pesada.
Es una tragedia política muy argentina.
Entraste por confianza y terminás necesitando turno.
El problema es que en 2027 vence su mandato.
Y el expediente legislativo que puede mostrar para pedir la renovación no parece precisamente la Biblioteca de Alejandría.
Por eso empezó a desarrollar trabajo territorial y viaja con frecuencia a Bahía Blanca para respaldar al concejal Felipe Ferrández.
La estrategia parece consistir en demostrar que detrás de la presencia permanente en redes existe una diputada.
Una revelación que seguramente sorprenderá a parte del electorado.
Pero Lilia tiene un plan B.
Si no renueva la banca, quiere convertirse en vocera presidencial.
Para eso necesita que Adrián Ravier deje el puesto y compita por la gobernación de La Pampa, una posibilidad que depende del calendario electoral provincial y de las decisiones del oficialismo.
Lilia observa el asunto con especial atención.
Probablemente sea la primera persona en la historia argentina que espera el desdoblamiento electoral pampeano como quien espera que se jubile un gerente.
Si Ravier se va, podría quedar una vacante.
Y ahí aparecería Lemoine.
La elección tendría cierta coherencia institucional.
Después de años dedicados a explicar en televisión qué quiso decir Milei, finalmente podrían empezar a pagarle específicamente por eso.
Pero hasta ese plan enfrenta competencia.
Porque el Congreso libertario descubrió la farandulización parlamentaria y Lilia perdió algo que durante mucho tiempo parecía imposible quitarle:
el monopolio del escándalo.
Llegaron Karen Reichardt y Virginia Gallardo.
Y de repente ser mediática, discutir frente a una cámara y producir episodios difíciles de explicar dejó de ser una especialidad para convertirse en bloque legislativo.
Reichardt terminó enfrentada en televisión por su iniciativa sobre criaderos de perros y se retiró a los gritos después de llamar «bobita» a una panelista.
Virginia Gallardo, mientras tanto, buscó impacto político filmando un spot en una funeraria.
La competencia es feroz.
Antes Lilia necesitaba competir con diputados.
Ahora tiene que competir con una funeraria.
En el bloque ya existe decepción con algunas de esas incorporaciones mediáticas por sus intervenciones públicas.
Es comprensible.
Cuando uno selecciona candidatos por notoriedad televisiva, siempre existe el riesgo imprevisible de que después actúen como personas famosas de televisión.
Karina, mientras tanto, toma distancia.
Y ésa es posiblemente la peor noticia para Lemoine.
Porque en La Libertad Avanza las elecciones pueden ganarse con votos.
Pero las listas se ganan con Karina.
Lilia todavía tiene tiempo para reconstruir vínculos, recuperar centralidad y convencer al vértice del poder libertario de que merece otros cuatro años.
O esperar que Ravier se vaya a La Pampa y probar suerte con la vocería.
Lo maravilloso es que ambas carreras dependen menos de los ciudadanos que de quién conserve la llave correcta dentro del Gobierno.
La diputada que alguna vez quiso comandar las redes libertarias quedó así atrapada en el algoritmo más despiadado de todos.
El de Karina Milei.
Y ese no necesita bloquearte.
Simplemente deja de mostrarte en el feed de las listas.


























