La crisis por el proyecto que busca incorporar capital privado al negocio comercial de los Mundiales escaló a niveles inéditos. UEFA, Concacaf y la Confederación Asiática difundieron una carta conjunta en la que cuestionaron duramente la conducción de Gianni Infantino, denunciaron falta de transparencia y reclamaron una investigación independiente. El conflicto irrumpe a siete meses de las elecciones de FIFA de marzo de 2027.
La crisis institucional que atraviesa la FIFA sumó un capítulo que amenaza directamente el liderazgo de Gianni Infantino. La UEFA, la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (Concacaf) y la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) unificaron posiciones y difundieron una dura carta conjunta contra la conducción del dirigente ítalo-suizo.
El documento fue firmado por Aleksander Ceferin, presidente de UEFA; Salman bin Ibrahim Al Khalifa, titular de la AFC; y Víctor Montagliani, presidente de Concacaf. La frase elegida para abrir fuego resume la magnitud de la ruptura: “La confianza se rompe por medio del engaño”.
La ofensiva amplía considerablemente el conflicto que había comenzado con la resistencia europea al proyecto conocido como FIFA Forward Enterprise (FFE). Según la información difundida, la propuesta contempla crear una sociedad destinada a administrar y explotar comercialmente derechos audiovisuales, patrocinios, licencias y venta de entradas de las principales competiciones de FIFA, entre ellas la Copa del Mundo y el Mundial de Clubes.
El punto más controvertido es la posibilidad de vender entre un 20% y un 30% de esa estructura comercial a inversores privados. La iniciativa despertó cuestionamientos no sólo por la participación del capital privado en uno de los negocios deportivos más importantes del planeta, sino también por la manera en que habría sido impulsada.
“No tiene que ver con el dinero”
UEFA, Concacaf y AFC sostienen que la discusión excede el aspecto económico. En la carta aseguran que está en juego “la integridad del juego y la integridad de quienes son elegidos para liderarlo”.
Las tres confederaciones consideran insuficiente que FIFA reconozca errores durante el proceso. Para ellas, no se trató simplemente de fallas administrativas o de comunicación: cuestionan directamente el criterio político e institucional utilizado para avanzar con una transformación de semejante magnitud.
“No alcanza con admitir fallas de procedimiento”, sostienen. Según su planteo, intentar desprenderse de una participación comercial vinculada a las principales competiciones de FIFA constituye “una profunda falla de criterio”.
La acusación se vuelve todavía más grave cuando las confederaciones analizan cómo habría sido conducido el proyecto. Afirman que avanzar sin una consulta significativa y mediante un calendario acelerado no habría sido un simple descuido, sino una conducta “destinada a limitar el escrutinio”.
Es decir, la pelea dejó de ser únicamente por el modelo comercial del fútbol mundial. Ahora se discute abiertamente cómo Infantino ejerce el poder dentro de FIFA.
El cuestionamiento apunta directamente a Infantino
La carta contiene uno de los ataques institucionales más fuertes dirigidos contra el presidente de FIFA durante esta crisis.
“No es la conducta de un custodio del juego, sino de alguien que cree que el juego le debe responder a él”, afirmaron UEFA, Concacaf y AFC.
La declaración transforma una controversia económica en una crisis de liderazgo.
También quedó bajo cuestionamiento una reunión de urgencia realizada en Rabat y convocada por el propio Infantino. Según las tres confederaciones, allí no participaron integrantes del Consejo de FIFA ni representantes de las asociaciones nacionales, sino un funcionario electo junto con integrantes de la estructura ejecutiva.
Para los firmantes, esa reunión no solucionó el problema sino que reprodujo la metodología cuestionada: “Esto representa una continuación del mismo patrón de conducta que nos trajo hasta este momento”.
Exigen una investigación verdaderamente independiente
Otro frente de batalla es la investigación interna anunciada por FIFA para revisar lo sucedido.
UEFA, Concacaf y AFC consideran que una revisión conducida o condicionada por la propia administración cuestionada carecería de la independencia necesaria. Por eso reclaman que el análisis quede fuera de la estructura ejecutiva de FIFA.
“La administración de la FIFA no debería desempeñar ningún papel en la revisión”, señalaron.
Y agregaron otra frase particularmente dura: “Hay silencio donde debería haber rendición de cuentas, distancia donde debería haber apertura”.
El reclamo es significativo porque las confederaciones ya no están pidiendo solamente que se abandone o modifique el proyecto comercial. Están cuestionando los mecanismos internos de control y exigiendo determinar responsabilidades por la manera en que fue impulsado.
La rebelión se extiende
La incorporación de Concacaf y AFC modifica sustancialmente el mapa de poder.
La UEFA había encabezado inicialmente la resistencia al proyecto. Ahora tres de las seis confederaciones continentales aparecen alineadas en el cuestionamiento.
De acuerdo con la información conocida hasta el momento, Conmebol y la Confederación Africana de Fútbol (CAF) mantienen su respaldo a Infantino, mientras que la posición de la Confederación de Fútbol de Oceanía (OFC) permanece como una incógnita.
La división adquiere todavía mayor relevancia porque FIFA deberá celebrar elecciones el 18 de marzo de 2027 en Rabat, Marruecos.
Hasta hace poco, la continuidad de Infantino aparecía prácticamente despejada. La ruptura con tres confederaciones introduce ahora un escenario mucho más complejo, aunque todavía sería prematuro afirmar que su reelección está efectivamente perdida: la carta representa una demostración política de enorme peso, pero no equivale automáticamente a una mayoría electoral contra el presidente de FIFA.
El negocio multimillonario detrás de la pelea
El proyecto que originó la crisis apunta a centralizar la explotación comercial de algunos de los activos más valiosos del fútbol internacional.
La nueva sociedad gestionaría derechos audiovisuales, patrocinios, licencias y entradas de las principales competiciones. El esquema difundido contempla la incorporación de inversores privados mediante la venta de una participación minoritaria, mientras FIFA conservaría el control mayoritario.
Entre los nombres vinculados al proyecto aparecen el fondo Thrive Eternal, de Joshua Kushner, y JPMorgan como asesor. La valoración total de la estructura comercial se ubicaría alrededor de los 20.000 millones de dólares.
FIFA sostiene que el ingreso de capital permitiría incrementar considerablemente los recursos distribuidos entre sus 211 asociaciones miembro. Entre las promesas vinculadas al esquema aparece un aumento de los fondos destinados a las federaciones durante el ciclo 2027-2030.
Sus críticos ven exactamente el peligro contrario: que incorporar accionistas privados genere una obligación permanente de aumentar la rentabilidad y termine condicionando decisiones sobre calendarios, formatos, entradas, derechos televisivos y expansión de competiciones.
Ese fue precisamente uno de los argumentos centrales que UEFA utilizó desde el comienzo de la disputa.
Una crisis que ya supera al proyecto comercial
La última frase de la carta conjunta deja en claro que el problema ya no termina en FIFA Forward Enterprise.
“El liderazgo en el fútbol no es una posesión. Es un deber de servicio a la familia del fútbol que le confió esa responsabilidad”, señalaron las tres confederaciones.
El mensaje tiene un destinatario evidente.
Infantino enfrenta ahora algo más peligroso que el rechazo a uno de sus proyectos: una discusión pública sobre la legitimidad de su conducción, impulsada por tres organizaciones que representan una porción enorme del fútbol mundial.
A siete meses de las elecciones de Rabat, el dirigente que parecía encaminado hacia otra continuidad al frente de FIFA deberá reconstruir puentes, sostener a sus aliados y explicar cómo se tomó una decisión que sus adversarios califican directamente de “engaño”.
La pelea por el negocio de los Mundiales terminó abriendo una pelea mucho más grande: quién controla la FIFA y hasta dónde puede llegar el poder de su presidente.



























