La interna libertaria ya no es una grieta. Es un abismo. Patricia Bullrich desafió a Javier Milei en público, le ofreció la renuncia (él no la aceptó), y ahora el bloque de La Libertad Avanza en el Senado se prepara para la guerra. La causa inmediata es el pliego de la jueza María Verónica Michelli, la candidata al Tribunal Oral Federal N°3 de La Plata que el gobierno quiere voltear porque es cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, el mismo que investigó el caso $LIBRA y el patrimonio de Manuel Adorni.
El problema no es Michelli. El problema es que Karina Milei y su tropa de «termos» con obediencia debida no toleran que nadie les lleve la contra. Y Bullrich, que tiene votos, estructura y mejor imagen que el Presidente, no está dispuesta a ser una flor en el wall de los hermanos Milei.

La guerra de los pliegos y la «objeción de conciencia»
El lunes, Bullrich llamó por teléfono a Javier Milei. Le dijo que no iba a votar el retiro del pliego de Michelli. Que ejercía su «derecho a la objeción de conciencia». Que si quería, le aceptara la renuncia como jefa del bloque. Milei la escuchó, no le aceptó la renuncia, pero la interna quedó expuesta. La frase que resume todo, dicha por un senador libertario a Infobae, es lapidaria: «La discusión ahora es se vota con Karina o con Patricia».
El gobierno cometió un error político monumental. La jueza Michelli ya tenía los avales de nueve de los 17 senadores que integran la Comisión de Acuerdos. Entre ellos, Maximiliano Abad (UCR), Mariana Juri (UCR), Carolina Losada (UCR), Flavia Royón (Primero los salteños), Carlos Espínola (Provincias Unidas) y Martín Goerling (PRO). Todos aliados. Todos habían firmado. Y la Casa Rosada, en lugar de gestionar el disenso con inteligencia, ordenó el retiro del pliego sin dar explicaciones. La patada al tablero fue total.
El jefe de la bancada del PRO, Martín Goerling, fue claro: «Mi opinión personal, del bloque y del partido, es una locura el retiro del pliego y no vamos a acompañar el pedido en el recinto». Carolina Losada, senadora radical que suele tener buena sintonía con el gobierno, también anunció que votará a favor de Michelli. «Acompañar los cambios que la Argentina necesita también implica ser coherentes con lo que la Justicia exige en una república», escribió en X. Incluso Francisco Paoltroni, un senador libertario que suele alinearse con la Rosada, adelantó que votará para sostener el pliego.
El «termo» de Karina y la rebelión de los senadores
El origen del problema es cultural. Karina Milei construyó su tropa con militantes que se pegan un termo en la cabeza para demostrar obediencia. Sergio «Tronco» Figliuolo, el candidato a diputado que se filmó en vivo pegándose un termo en la cabeza con cinta adhesiva, fue la síntesis perfecta del estilo: «Hay cosas en las que hay que ser termo. Primero se levanta la mano. Luego se pregunta».
Bullrich nunca fue termo. No pide permiso. No levanta la mano. Avisó que no sería vertical. Y ahora, la profecía se cumplió.
La ex ministra de Seguridad sabe que tiene mejor imagen que Milei. Sabe que tiene votos propios. Sabe que si la echan, puede armar su propio espacio. Por eso habla con Mauricio Macri, por eso se reúne con empresarios en Pilar, por eso juega al paddle y se muestra cómoda en el Senado mientras los hermanos Milei se desgastan en la Rosada.
El peronismo mira el quilombo y se frota las manos. La interna libertaria les da oxígeno puro. En el Senado, la votación por el pliego de Michelli será el primer round de una pelea que recién empieza. Los aliados del PRO y la UCR ya adelantaron que no acompañarán el retiro. Los senadores libertarios están divididos. Y Karina, que nunca confió en Bullrich, ya la puso en la mira.
La guerra en el Senado no es por una jueza. Es por el poder. Karina Milei quiere un bloque de obediencia debida, de «termos» que voten sin preguntar. Patricia Bullrich quiere conservar su independencia, su capital político y su libertad de acción.

El Presidente, en el medio, escucha, negocia, pero no resuelve. Porque resolver implicaría elegir entre su hermana y su senadora más poderosa. Y esa decisión, en la Argentina de la grieta, nunca es fácil.
Mientras tanto, los senadores aliados ya saben lo que tienen que hacer. Los peronistas miran el reloj y esperan. Y los hermanos Milei, que se creían dueños de la pelota, descubren que en el Congreso también se juega el partido.

























