La República Democrática del Congo confirmó 2.181 casos y 864 muertes desde que declaró el brote el 15 de mayo. La epidemia, causada por el virus Bundibugyo, avanza en medio del conflicto armado, el desplazamiento de comunidades y una respuesta sanitaria incapaz de reconstruir la mayoría de las nuevas cadenas de transmisión.
La República Democrática del Congo enfrenta una epidemia de ébola que continúa creciendo más rápido que la capacidad de las autoridades para detectar, aislar y tratar a todas las personas infectadas. El último informe difundido por el Gobierno congoleño elevó el balance a 2.181 casos confirmados y 864 fallecimientos, lo que representa una tasa de letalidad del 39,6%. En las 24 horas comprendidas por el reporte se incorporaron 56 contagios y 36 muertes, mientras 722 pacientes permanecían hospitalizados o aislados y 412 habían recibido el alta.
La epidemia fue declarada el 15 de mayo y está causada por el virus Bundibugyo, una especie menos frecuente que el virus de Zaire asociado con la gran crisis de África occidental de 2014 a 2016. Dos días después de la declaración congoleña, la Organización Mundial de la Salud determinó que el brote constituía una emergencia de salud pública de importancia internacional. Es el decimoséptimo brote de ébola documentado en el país desde que la enfermedad fue identificada en 1976.
Una epidemia que crece más rápido que la respuesta
Médicos Sin Fronteras advirtió que los contagios confirmados se triplicaron en menos de cinco semanas, al pasar de aproximadamente 650 a más de 2.000, mientras que las muertes aumentaron de alrededor de 130 a más de 750 durante ese mismo período. La organización considera que la respuesta continúa siendo insuficiente frente a una epidemia que se extiende hacia nuevas áreas y mantiene una transmisión sostenida.
La situación es particularmente preocupante porque cerca del 80% de las nuevas infecciones identificadas a mediados de julio no podían relacionarse con cadenas de transmisión conocidas. Esto significa que los equipos sanitarios descubren a numerosos enfermos sin haber localizado previamente a la persona que los contagió ni a todos sus contactos posteriores. Cuando el virus circula de esa manera, el aislamiento llega tarde y aumenta el número de personas expuestas dentro de las familias, los centros sanitarios y las comunidades.
El rastreo alcanzaba aproximadamente al 67% de los contactos registrados. Aunque el porcentaje puede parecer elevado, deja fuera del seguimiento a una de cada tres personas que pudieron haber estado expuestas. La movilidad entre localidades, las dificultades para ingresar a territorios inseguros y la desconfianza de algunas comunidades reducen la posibilidad de vigilar síntomas durante los 21 días correspondientes al período máximo de incubación.
El conflicto armado facilita la circulación del virus
El epicentro se encuentra en Ituri, en el nordeste del país, pero los CDC también confirmaron casos en Kivu del Norte, Kivu del Sur, Haut-Uele y Tshopo. Son territorios atravesados por desplazamientos de población, actividades comerciales y mineras, carreteras de acceso difícil y la presencia de grupos armados. Ese contexto impide trasladar rápidamente muestras, medicamentos, personal y equipos de protección.
Muchas personas llegan a los centros de tratamiento cuando la enfermedad se encuentra en una etapa avanzada. Otras mueren en sus hogares sin ser diagnosticadas, lo que impide incorporarlas oportunamente a las estadísticas y aumenta el riesgo durante los cuidados familiares y los funerales. La OMS considera que los registros oficiales podrían subestimar de manera considerable el verdadero alcance de la epidemia, aunque esa diferencia todavía no puede medirse con precisión.
El sistema sanitario también está siendo afectado desde adentro. Más de cien trabajadores de la salud contrajeron la enfermedad y profesionales de establecimientos en Bunia y Rwampara iniciaron protestas por salarios impagos y condiciones de trabajo peligrosas. La falta de personal protegido y remunerado reduce la capacidad de atender pacientes y, al mismo tiempo, convierte a hospitales y centros de salud en posibles espacios de transmisión.
Sin vacuna aprobada para esta especie del virus
No existe una vacuna aprobada específicamente contra el virus Bundibugyo ni un tratamiento antiviral cuya eficacia haya sido demostrada y autorizada para esta especie. Las vacunas utilizadas contra el virus del Zaire no pueden considerarse automáticamente eficaces frente al brote actual. La atención se concentra por eso en el aislamiento, la reposición de líquidos, el tratamiento de síntomas y complicaciones, el control de infecciones y el rastreo de contactos.
La ausencia de herramientas aprobadas no significa que la investigación esté detenida. En el Congo comenzó un ensayo clínico con tratamientos experimentales, entre ellos remdesivir y el anticuerpo MBP134. Los resultados todavía no permiten afirmar que exista una cura, pero el estudio busca determinar si esos medicamentos pueden reducir la mortalidad cuando se administran junto con los cuidados de apoyo.
Uganda inicia la cuenta regresiva, pero todavía no está libre del brote
La expansión transfronteriza alcanzó Uganda, donde se confirmaron 20 casos y dos muertes. Quince pacientes se habían infectado en el Congo y cinco contagios ocurrieron dentro de Uganda. El último enfermo fue dado de alta el 16 de julio, tras lo cual comenzó la cuenta regresiva de 42 días exigida por la OMS. Solo si durante ese período no aparece ningún caso nuevo podrá declararse formalmente terminado el brote en territorio ugandés.
También se atendieron casos importados fuera de África central. Francia confirmó la infección de un médico que había trabajado en el Congo, mientras Alemania recibió a un trabajador humanitario estadounidense contagiado. Ambos episodios fueron manejados mediante aislamiento y no demuestran una transmisión comunitaria sostenida en Europa.
El peligro principal permanece dentro de las comunidades
El número de casos confirmados convierte al actual episodio en el mayor brote conocido provocado por el virus Bundibugyo y en una de las epidemias de ébola más graves registradas en el Congo. Sin embargo, la dimensión más inquietante no está únicamente en el total acumulado, sino en la cantidad de contagios que aparecen sin conexión epidemiológica conocida.
El ébola no se transmite por el aire como el sarampión o la gripe. El contagio ocurre por contacto directo con sangre y otros fluidos corporales de una persona enferma o fallecida, así como con objetos contaminados. Precisamente por eso, localizar a cada paciente, proteger a quienes lo cuidan y controlar los funerales resulta decisivo. Cuando una guerra impide realizar esas tareas, la enfermedad encuentra nuevas oportunidades para circular.
La epidemia todavía puede contenerse, pero los datos disponibles indican que la respuesta no avanza al mismo ritmo que el virus. Mientras decenas de contagios continúen apareciendo fuera de las cadenas conocidas y parte de la población permanezca lejos de los centros sanitarios, el balance oficial seguirá mostrando únicamente la porción de la emergencia que las autoridades logran identificar.



























