Un abrazo desde el balcón de la Casa Rosada alcanzó para desatar una ola de fervor entre Las Fuerzas del Cielo. En el oficialismo ya no esperan definiciones políticas ni cierres de listas: ahora interpretan los gestos presidenciales como si fueran versículos revelados.
En La Libertad Avanza la política dejó de ser una actividad racional hace tiempo. Ya no se discuten ideas, no se cuentan votos ni se construyen liderazgos. Se observan abrazos. Y si el abrazo viene desde el balcón de la Casa Rosada, directamente adquiere categoría de milagro.
Eso ocurrió cuando Javier Milei estrechó en un efusivo abrazo a Santiago Caputo frente a las cámaras. Para cualquier mortal fue una escena de afecto entre dos dirigentes. Para Las Fuerzas del Cielo fue mucho más: la confirmación de que su líder espiritual sigue bendecido y, por lo tanto, volverán a tener un lugar en las listas de 2027.

La interpretación fue inmediata. No hubo comunicado oficial, ni reunión partidaria, ni resolución interna. No hacía falta. En el mileísmo más devoto un abrazo vale más que un decreto y una foto pesa más que cualquier órgano partidario. Donde otros ven protocolo, ellos leen profecías.
No es casual. Durante meses el ejército digital y político que responde a Caputo sintió que Karina Milei, Lule Menem y Sebastián Pareja los habían condenado al purgatorio libertario. Los lugares importantes del poder quedaban siempre del otro lado del cielo. Pero bastó un gesto presidencial para que reapareciera la esperanza. Como en toda religión, la fe nunca muere; apenas espera una nueva señal.
La frase que comenzó a circular entre los caputistas resume mejor que cualquier análisis el nuevo clima interno: «Sin nosotros no llegan». Una declaración de fe, de poder y también de advertencia. Porque en el universo libertario nadie quiere quedarse afuera del Arca cuando llegue el cierre de listas.
Mientras tanto, Karina sigue administrando el aparato político, los Menem negocian con gobernadores, Santilli arma puentes con la vieja política y el Gobierno intenta sostener una economía que hace equilibrio sobre la cornisa. Sin embargo, dentro del oficialismo la noticia trascendental fue otra: el Presidente abrazó al asesor correcto.

La escena confirma que La Libertad Avanza terminó construyendo una liturgia propia. Antes los partidos elegían candidatos mediante internas, congresos o acuerdos políticos. Ahora alcanza con aparecer en el encuadre adecuado, recibir un abrazo presidencial y esperar que las milicias digitales hagan el resto. La rosca fue reemplazada por la iconografía.
En cualquier fuerza política el poder se mide por los votos, los cargos o la capacidad de negociación. En el mileísmo empieza a medirse por la cercanía física al Presidente. Hay ministros con despacho que envidian un abrazo. Hay legisladores que cambiarían una banca por una foto. Y hay dirigentes que descubrieron que la mejor estrategia electoral ya no es recorrer la provincia: es no perder de vista el balcón.
Porque en el Evangelio según Javier ya no importan las bienaventuranzas.
Importa ser uno de los abrazados.
Porque de ellos serán las listas.



























