Marco Palazzo, influencer de ultraderecha que se cree periodista, fue a TN a bardear a la AFA y se comió un golazo en contra. Dijo que el fútbol argentino lo sostiene el Estado, que la AFA es estatal y que Sturzenegger la «desreguló».
En la televisión argentina pasan cosas maravillosas: gente que va a discutir con una convicción absoluta sobre temas que no entiende ni un poco. Esta vez el protagonista fue Marco Palazzo, influencer libertario de manual, especialista en hablar fuerte de cosas que nunca se tomó el trabajo de leer, que apareció en TN dispuesto a explicar por qué detesta a la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y terminó dando una pequeña clase pública de ignorancia política, económica y deportiva.
La escena arranca como empiezan todas las discusiones libertarias sobre fútbol: con un discurso grandilocuente sobre el Estado, la libertad y el mercado. Palazzo se acomodó en el estudio, infló el pecho y largó la frase que supuestamente iba a ordenar el debate:
“Soy libertario, detesto la AFA porque yo no creo que el Estado tenga que hacerse cargo del fútbol”.
Hasta ahí parecía una discusión ideológica clásica: estatismo contra mercado, clubes contra empresas, el viejo debate sobre las Sociedades Anónimas Deportivas que el gobierno viene empujando hace rato. El problema es que el influencer arrancó su discurso con un pequeño detalle técnico: la AFA no es estatal.
Ni más ni menos.
La Asociación del Fútbol Argentino es una asociación civil privada, fundada en 1893, que organiza los torneos del país y administra las selecciones nacionales, pero no forma parte del Estado ni depende del presupuesto público.
El diputado Esteban Paulón, que estaba en el estudio, se lo recordó con una frase bastante simple: la AFA no es un organismo estatal.
Y ahí empezó el espectáculo.
Porque en lugar de decir “bueno, tenés razón”, Palazzo decidió redoblar la apuesta, que es lo que suele pasar cuando alguien se queda sin argumentos pero no quiere perder la discusión. Entonces lanzó la teoría que hizo estallar las redes: dijo que la AFA no era estatal “porque Federico Sturzenegger la desreguló”.
Sí.
Sturzenegger.
Desreguló.
La AFA.
Una institución fundada en el siglo XIX.
La cara de los presentes en el estudio fue una mezcla de sorpresa, incomodidad y diversión, ese momento televisivo donde todos se dan cuenta de que el debate se acaba de caer por un agujero negro de desinformación.
En redes sociales el fragmento del programa empezó a circular a velocidad de meme. No porque la discusión sobre el fútbol argentino no sea interesante, sino porque el episodio revelaba algo bastante más grande: la facilidad con la que algunos opinadores profesionales hablan de cualquier tema con una seguridad que no resiste ni una búsqueda en Wikipedia.
Y lo curioso es que esta no es la primera vez que Palazzo queda en esa posición incómoda de experto improvisado. Hace poco también protagonizó otro momento viral cuando intentó hacerse el canchero con un efectivo de seguridad y terminó exhibiendo el mismo problema: hablar primero, informarse después.
El caso es interesante por otra razón.
Durante meses el debate político sobre el fútbol argentino se llenó de discursos sobre el mercado, la libertad económica y la necesidad de transformar los clubes en empresas privadas. Es un debate legítimo. Se puede discutir si los clubes deben seguir siendo asociaciones civiles o si deberían transformarse en sociedades anónimas.
Pero lo mínimo que exige una discusión pública es saber de qué se está hablando.
Porque cuando alguien llega a un estudio de televisión a explicar que el fútbol argentino depende del Estado y descubre en vivo que la AFA es una organización privada, lo que queda en evidencia no es un matiz ideológico.
Es algo bastante más simple.
Que la convicción no reemplaza al conocimiento.
Y que a veces la televisión, con su costumbre de invitar opinadores veloces y expertos instantáneos, termina produciendo escenas pedagógicas involuntarias: un libertario que fue a dar una clase sobre fútbol y terminó recibiendo una sobre cómo funciona realmente la institución que organiza el deporte más popular del país.
Una pequeña tragedia para el debate público.
Y una comedia perfecta para internet.


























