Primero, una aclaración para los distraídos. El FGS (Fondo de Garantía de Sustentabilidad) no es una caja chica del PRO, ni un fondo especulativo de Caputo, ni la alcancía de Karina Milei. Es la reserva de los jubilados. La plata que el Estado nacional administra en nombre de quienes ya no pueden trabajar. Nació en 2008, cuando Cristina Fernández de Kirchner nacionalizó las AFJP y el Estado se quedó con todas las acciones que esas administradoras tenían en empresas privadas. Hoy, ese fondo maneja un patrimonio que algunos estiman entre 9.000 y 15.000 millones de dólares. Y Milei, el mismo que dice que «el Estado es una organización criminal», está jugando a ser accionista mayoritario.
La motosiera que no corta: el Estado compra acciones en lugar de venderlas
Milei prometió privatizar todo. Dijo que el Estado no tiene que ser empresario. Que la libertad es lo primero. Sin embargo, entre fines de 2023 y octubre de 2025, el FGS aumentó su participación en empresas privadas. Compraron acciones de YPF (pasaron del 1% al 6,76%), de BYMA (la bolsa porteña, del 0,33% al 6,77%), de Banco Galicia (del 18,1% al 21,65%) y de Banco Macro (del 28,8% al 29,76%).
También incrementaron su presencia en TGS, Central Puerto, BBVA, Cresud, IRSA, Loma Negra y Pampa Energía, entre otras. La consultora 1816 calculó que el FGS hizo compras de acciones por el equivalente a 1.426 millones de dólares entre mayo y noviembre de 2025. La motosierra, cuando se trata de meter la mano en la lata de los jubilados, se transformó en una licuadora de guita.
La estrategia de Caputo: comprar barato, vender caro (y de paso, jugar a ser dueño)

El argumento oficial es que las acciones estaban a precios bajos, que la economía se va a recuperar, que van a subir y que entonces las van a vender. Es la lógica de un especulador financiero, no de un funcionario público. Caputo está usando la plata de los jubilados como si fuera su propio fondo de inversión. Compra barato, espera que suba y planea vender caro. El problema es que la plata no es de él. Es de la gente que no puede trabajar. Es de los que mañana no van a tener un peso para comer porque el gobierno se la jugó en la Bolsa.
El patrimonio del FGS pasó de 41.184 millones de dólares a 75.492 millones de dólares entre diciembre de 2023 y abril de 2026. Un crecimiento del 83,3% en moneda extranjera en poco más de dos años. Suena bien, hasta que uno mira de dónde salió esa plata: el fondo se deshizo de deuda pública para comprar acciones, apostando a que el Merval iba a subir más que los bonos. Una timba financiera. Si la Bolsa se derrumba, los jubilados se quedan con el culo al aire.
Macri ya lo intentó: el mismo libreto, los mismos actores, el mismo curro
La idea no es nueva. En mayo de 2018, Mauricio Macri intentó vender las acciones del FGS en medio de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Necesitaba dólares para fortalecer las reservas del Banco Central. El proyecto nunca avanzó porque necesitaba una ley. Pero la idea quedó flotando en el ambiente. Los mismos economistas que hoy están en el gobierno de Milei son los mismos que hace ocho años quisieron rifar el patrimonio de los jubilados para pagar la fiesta del endeudamiento macrista.
Milei estaría planeando algo muy similar. Las fuentes de La Libertad Avanza confiesan que hay «serio interés» de varias empresas en recuperar sus acciones. Quieren que el Estado se retire de sus directorios. Quieren quedarse con la guita. La idea es vender las acciones, hacerse de divisas y «terminar con este injusto avance del Estado», según la jerga libertaria.
El lobby empresario y la presión para usar la lata
Mientras tanto, el sector privado presiona para usar el FGS como un salvavidas para reactivar la construcción y el mercado hipotecario. El exsecretario de Finanzas, Miguel Kiguel, fue claro: «Hay que pensar en el FGS, que tiene plata y es una pena que hoy no haga nada, se la pasa mirando». La banca comercial quiere que el fondo compre paquetes de créditos hipotecarios securitizados. Las energéticas quieren que financie obras de infraestructura. Todos quieren la plata. Y el gobierno, en lugar de blindar los ahorros de los jubilados, está especulando con ellos.
El cerrojo legal que los frena (por ahora)
La Ley 27.574, sancionada en 2020, actúa como un cerrojo que impide al gobierno vender las acciones sin el aval de dos tercios del Congreso. Eso frenó los intentos de Macri y por ahora frena a Milei. La Ley Bases original incluía un capítulo para liquidar los activos del FGS y transferir la plata al Tesoro, pero la oposición y los gobernadores lo hicieron sacar. Por ahora, la lata está blindada. Pero los lobbystas no descansan.
Caputo dice que el Estado es un lastre, que hay que reducir el gasto público, que la motosierra corta parejo. Pero la realidad es tozuda. En lugar de vender las acciones del FGS, las está comprando. Engordando la cartera del Estado. Aumentando la participación pública en el mercado de capitales. Y mientras tanto, el empresariado presiona para quedarse con la lata y el gobierno especula en la Bolsa con la guita de los que ya no pueden trabajar.
No es coherencia. Es especulación. No es transparencia. Es opacidad. No es libertad. Es un negociado.
Caputo cree que puede jugar a ser trader con la plata de los jubilados. Milei cree que puede vender el patrimonio nacional a precio vil sin que nadie se entere. Los empresarios amigos esperan en la fila para llevarse la mejor tajada.
Y los jubilados, mientras tanto, siguen esperando que les aumenten la jubilación. Esperan que el gobierno les devuelva lo que les sacó con el ajuste. Esperan que alguien defienda sus intereses. Esperan sentados. Porque la única certeza que les queda es que, con este gobierno, la plata nunca va a estar segura.

























