Marcelo Rivas Piasentini, el hombre que ponía los números en la provincia de Juan Pablo Valdés, tuvo que hacer las valijas después de que los maestros descubrieran que su sueldo de marzo venía con un agujero de hasta 800 lucas. La excusa oficial fue un “error en la liquidación”, pero en la calle le pusieron otro nombre: choreo. Los docentes salieron a las plazas, rodearon la casa de la ministra de Educación, cantaron el himno en la vereda y le recordaron al gobernador radical que el sueldo no se toca. Rivas Piasentini, que venía desde la gestión de Gustavo Valdés, se fue a su casa con el rabo entre las patas. El que entró en su lugar es Héctor Grachot, el número dos, que ya salió a decir que “fue desafortunado” y que el diálogo nunca se cortó. Pero los maestros no están para diálogos: quieren que les devuelvan la guita, que les blanqueen lo que cobran en negro, que les arreglen las escuelas y que les garanticen que esto no vuelva a pasar. Y mientras tanto, el gobierno de Milei, tan amigo de Valdés, le giró a Corrientes 8 mil millones de pesos en Aportes del Tesoro Nacional. La plata para pagar sueldos estaba. El problema fue otro: la prioridad no era el bolsillo de los que educan a los pibes.
La docencia correntina no es joda. Es la misma que en 1999 le plantó cara a otro gobierno que les quiso meter la mano en el bolsillo y los hizo correr. Es la que ahora, en marzo de 2026, volvió a llenar las plazas, a cortar calles, a rodear la casa de la ministra de Educación, Ana Miño, en Paso de los Libres, y a cantar el himno en la vereda mientras los patrulleros miraban sin saber qué hacer.
El detonante fue simple: los maestros cobraron el sueldo de marzo y se encontraron con descuentos de hasta 800 mil pesos. Un descuento, dijo el gobierno, por adherir al paro nacional del 2 de marzo. Un “error en la liquidación”, dijeron después. Una “acumulación excesiva de dos ítems”, dijo el gobernador Juan Pablo Valdés. Los docentes, que no son boludos, le pusieron otro nombre: afano.
Los números que hacen arder
La Asociación Correntina de Docentes Provinciales (ACDP) denunció “descuentos sangrientos” que alcanzaron porcentajes “que ni siquiera la Justicia cuando tiene embargo lo hace”. En algunos casos, las quitas fueron del 40% al 60% del ingreso total. Un profesor que lleva 30 años en el aula, que cobraba alrededor de 1,2 millones, se encontró con 400 lucas menos. Una maestra de escuela rural, con 700 mil pesos de bolsillo. La cuenta no daba ni para dos paquetes de papel higiénico, como escupieron en la asamblea de la plaza 25 de Mayo .
Los autoconvocados, esos docentes que ya no le creen ni a los gremios ni al gobierno, salieron con un comunicado que merece vitrina: “No fue la voz tibia de tres gremios la que estremeció las calles. Fueron los docentes libres de ataduras y de pactos estériles quienes irrumpieron con dignidad”.
El ministro que se fue con la cola entre las patas
Marcelo Rivas Piasentini había llegado al Ministerio de Hacienda en 2018, en la gestión de Gustavo Valdés, y se mantuvo cuando asumió el hermano Juan Pablo en diciembre pasado. Era un tipo estable, de esos que saben manejarse entre números y política, que se codeaba con los intendentes y los financistas.
Pero los descuentos docentes le movieron el piso. El miércoles 25, después de una semana de marchas y puteadas, Valdés le pidió la renuncia. Rivas Piasentini no tuvo tiempo de despedirse. En su lugar entró Héctor Grachot, el subsecretario de Finanzas, que juraba ese mismo jueves en el Salón Amarillo de Casa de Gobierno. Grachot salió a hablar con la prensa y dijo que “fue desafortunado”, que “está todo solucionado” y que “el diálogo nunca se cortó”.
Los docentes, que vienen de escuchar promesas vacías, no le creyeron ni el saludo.
La plata que sí había
Porque si algo sobra en este cuento no es la falta de plata, sino la falta de prioridades. La misma semana que los docentes correntinos se quedaban con el sueldo cortado, el gobierno de Javier Milei reactivó el reparto de Aportes del Tesoro Nacional (ATN). Entre el 19 y el 20 de marzo, la Casa Rosada distribuyó 47 mil millones de pesos entre 11 provincias aliadas. Corrientes fue la más beneficiada: se llevó 8 mil millones de pesos.
Ocho mil millones. En dos días. Mientras los docentes peleaban por que les devolvieran 800 lucas, la Nación le soltaba la mano al gobernador amigo. Valdés, que había prestado votos clave para las reformas libertarias en el Congreso, recibió su premio en tiempo récord.
La plata para pagar sueldos estaba. La plata para reintegrar descuentos estaba. Lo que no estaba era la voluntad de priorizar el bolsillo de los maestros por sobre las cuentas políticas.
La calle no se calma
El miércoles 25, mientras el gobierno anunciaba la salida de Rivas Piasentini, los docentes volvieron a llenar la plaza 25 de Mayo. Gritaron que “el sueldo no se toca”, que el aumento del 6% que les ofrecieron no sirve para nada, que quieren el blanqueo total de sumas fijas y que los códigos 193 y 632 (los de los descuentos) no vuelvan a aparecer. A la ministra de Educación, Ana Miño, le dedicaron una frase que retumbó: “Que se ponga de acuerdo en lo que va a decir; no puede decir tres cosas distintas el mismo día».
La presión no se detuvo con la renuncia del ministro. Los gremios SUTECO, ACDP y AMET, junto a los autoconvocados, ya convocaron nuevas concentraciones para este viernes. El conflicto se encamina a un endurecimiento de las posturas.
El sueldo no se toca
Valdés dijo que el descuento fue “excesivo” y que lo solucionaron. Pero los docentes le recordaron que en 1999 el gobierno de turno también les prometió soluciones y terminó con la provincia prendida fuego. La historia en Corrientes tiene memoria. Y los maestros no son de los que olvidan.
Rivas Piasentini se fue. Grachot promete diálogo. Milei, desde Buenos Aires, sigue girando plata a los gobernadores amigos. Pero en las aulas correntinas la bronca no se calma con un cambio de funcionario. Se calma con sueldos que alcancen, con respeto por el bolsillo ajeno, con escuelas que no se caigan a pedazos.
Porque el sueldo no se toca, che. Ni con descuentos, ni con excusas, ni con ministros que se van en medio de la tormenta. La docencia correntina lo dejó claro en la vereda de la ministra, en la plaza, en cada asamblea: al que le meta la mano en el bolsillo, lo corren. Como corrieron a Rivas Piasentini. Como correrán al que venga después.
El pap frita de Valdés, sigue diciendo que fue un “error de liquidación” mientras te llevás 8 mil millones de la Nación y a tus maestros les descuentan hasta el polvo de arroz. Ojalá te dure el gusto de manguear guita en Buenos Aires, porque acá en Corrientes te van a hacer acordar lo que pasó en el 99. A los docentes no se les toca el sueldo, pelotudo.


























