Agustín Issin, el piloto corporativo de 46 años con 25 de experiencia en la aviación, se sentó este jueves frente al juez Ariel Lijo a contar cómo facturó el vuelo de vuelta del jefe de Gabinete desde Punta del Este. Según la documentación que ya está en el expediente, Issin compró un paquete de 10 vuelos por 42.250 dólares. Uno de ellos lo usó Adorni. El de ida lo pagó la productora Imhouse, del periodista Marcelo Grandio, amigo del funcionario y contratista de la TV Pública. Adorni, mientras tanto, dijo en conferencia que “no tiene nada que esconder” y que los que preguntan son “apenas periodistas”. Y se fue enojado. La justicia, en cambio, no se enoja: allana, levanta secretos fiscales y pone la lupa en cada factura.
Adorni se subió al estrado de la conferencia de prensa a gritar que “sos apenas un periodista, no un juez”, a pocas cuadras de la Casa Rosada el piloto Agustín Issin se sentaba frente al juez federal Ariel Lijo a contar cómo facturó el vuelo de vuelta del jefe de Gabinete desde Punta del Este.
Issin, de 46 años, piloto corporativo con 25 años de experiencia que voló aviones de línea para Latam y hoy trabaja para la empresa Consultatio, compró un paquete de 10 vuelos por 42.250 dólares. Pagó en efectivo. Uno de esos vuelos fue el que usó Adorni para regresar a Buenos Aires con su esposa Bettina Angeletti y sus dos hijos después del fin de semana de carnaval. La factura de ese tramo, emitida por la empresa Alpha Centauri S.A., lleva su firma. Y la fecha es llamativa: 9 de marzo, casi un mes después del viaje y justo cuando el escándalo empezaba a explotar.
“La empresa que operó el vuelo fue Alpha Centauri, yo soy Broker. Al vuelo lo reservó y pagó Marcelo Grandio y yo le emití la factura por dicha reserva”, le había dicho Issin a La Nación días atrás. Ahora, bajo juramento, tuvo que repetirlo.
La productora y el amigo
El viaje de ida, el del 12 de febrero, tiene otro dueño. La factura está a nombre de Imhouse S.A., la productora del periodista Marcelo Grandio, el amigo de Adorni que también viajó en el avión y que, según sus propias declaraciones, los alojó en su casa de Uruguay. Por ese tramo se pagaron 4.830 dólares (unos 7 millones de pesos) que se transfirieron desde una cuenta bancaria en pesos. Grandio dijo primero que Adorni había pagado el vuelo. Después dijo que cada uno pagó su parte. Después dejó de hablar.
La Justicia, en cambio, no dejó de hablar. El juez Lijo levantó el secreto fiscal de Imhouse S.A. y de Issin. Le pidió al Banco Santander toda la información sobre las cuentas de Imhouse, sus movimientos, sus cheques, sus transferencias. Le pidió a la UIF si hay reportes de operaciones sospechosas. Le pidió a la Televisión Pública que informe todos los contratos que tiene con Grandio. Y a la Secretaría General de la Presidencia, la de Karina Milei, le pidió que informe si Adorni tenía alguna misión oficial, alguna autorización, algún viático.
El video que lo delató
El 11 de marzo, cuando la polvareda ya era insostenible, filtraron un video. Se ve a Adorni y su esposa Bettina Angeletti subiendo al avión privado en el aeropuerto de San Fernando. El periodista Marcelo Grandio también aparece. La matrícula del Honda Jet es LV-HWA. La operadora es Alpha Centauri. El vuelo partió el 12 de febrero a las 20.21 y aterrizó a las 20.56 en Punta del Este. El regreso fue el 17 de febrero. Grandio no volvió. Adorni sí, con toda su familia.
Adorni dijo que fue un viaje personal, que pagó su parte, que no tiene nada que esconder. Pero cuando le preguntaron cuánto pagó, dijo “mi proporcional” sin dar números. Cuando le preguntaron por la casa en el country Indio Cua Golf Club que su esposa compró en noviembre de 2024, dijo que “lo que no está declarado es porque el plazo legal para la presentación todavía no está vencido”. Cuando le preguntaron por qué el vuelo lo pagó una productora que contrata con la TV Pública, área que él mismo controla, dijo que “es una operación política”.
Lo que la justicia encontró (y sigue buscando)
El miércoles 24, la Policía de Seguridad Aeroportuaria allanó la sede de Alpha Centauri S.A. por orden de Lijo. Secuestraron presupuestos, contratos, registros de clientes. También le pidieron a la Oficina Nacional de Contrataciones todos los vínculos comerciales de Imhouse S.A. con el Estado. Y a la Televisión Pública, los detalles de los programas que Grandio tiene en pantalla.
El fiscal Gerardo Pollicita, que investiga junto a Lijo, ya pidió que citen a declarar a Grandio y a Issin. Los dos serán testigos en una causa que, según fuentes judiciales, podría encuadrar en delitos de dádivas o enriquecimiento ilícito. Porque si el vuelo fue un regalo, es dádiva. Si el dinero salió de la productora que contrata con el Estado, hay incompatibilidad. Si los gastos no se condicen con los ingresos, hay enriquecimiento ilícito. Las tres patas de un mismo banquito que se tambalea.
La defensa que no defiende
Adorni dijo en su conferencia que “no puedo responder sobre aspectos específicos porque podría entorpecer lo que está en trámite”. Lo dijo con el tono de quien se cree perseguido, no con el de quien tiene que dar explicaciones. Dijo que “con mi dinero hago lo que quiero” . Dijo que los periodistas no tienen derecho a preguntar porque “son apenas periodistas, no jueces”. Y después, visiblemente enojado, se fue.
El problema, Manuel, es que la Justicia sí es juez. Y los jueces ya están preguntando. Le preguntaron a Issin. Le van a preguntar a Grandio. Le pidieron a Karina Milei los papeles. Le allanaron la empresa que facturó los vuelos. Le levantaron el secreto fiscal de los que pagaron. La investigación no es una operación política. Es un expediente con facturas, fechas, montos, transferencias bancarias, videos y un piloto que declaró bajo juramento.
El “próximo paso” de la transparencia
Adorni dijo que “todo lo que tiene que estar declarado está declarado”. Pero la casa en el country no figuraba hasta que la denunciaron. La factura del vuelo de vuelta apareció un mes después, cuando ya había escándalo. La productora que pagó el viaje de ida tiene contratos millonarios con la TV Pública, que depende de él. Y el piloto que facturó el paquete de 10 vuelos lo hizo en efectivo.
El que las hace, las paga, dicen. Pero acá el que las hace parece creer que con enojarse y cerrar la conferencia alcanza.
El juez Lijo, en cambio, no se enoja. Allana. Investiga. Levanta secretos. Cita testigos. Y mientras tanto, el expediente sigue creciendo.


























