La moneda japonesa llegó a cotizar a 162,41 yenes por dólar, su peor registro desde 1986. El Gobierno advirtió que podría intervenir en el mercado, pero los analistas creen que la fortaleza del dólar y los problemas estructurales de la economía nipona seguirán presionando sobre la divisa.
El yen japonés volvió a sufrir una fuerte depreciación frente al dólar y alcanzó su nivel más bajo en casi cuatro décadas, un movimiento que refleja tanto la fortaleza de la moneda estadounidense como las dificultades que enfrenta Japón para sostener el valor de su divisa. Durante la última jornada de junio, el tipo de cambio llegó a 162,41 yenes por dólar, un piso que no se observaba desde 1986, antes de cerrar en torno a los 162,23.
La caída marca el cuarto trimestre consecutivo de depreciación para la moneda japonesa y vuelve a colocar al Banco de Japón bajo presión. La ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, reiteró que el Gobierno está dispuesto a intervenir en el mercado cambiario si considera que los movimientos son excesivos, aunque los operadores internacionales ponen en duda la capacidad de esas intervenciones para modificar una tendencia que consideran estructural.

El debilitamiento del yen tiene consecuencias directas sobre la economía japonesa. Si bien mejora la competitividad de las exportaciones, también encarece las importaciones de energía, alimentos y materias primas, elevando el costo de vida para hogares y empresas. En un país altamente dependiente del abastecimiento externo de combustibles, la depreciación de la moneda presiona sobre la inflación y obliga al Estado a mantener programas de subsidios para contener el impacto sobre el consumo.
Los analistas sostienen que uno de los principales motores de la caída del yen continúa siendo la amplia diferencia entre las tasas de interés de Japón y Estados Unidos. Mientras la Reserva Federal mantiene una política monetaria restrictiva para controlar la inflación, el Banco de Japón avanza con mucha más cautela en la normalización de su política monetaria, pese a haber elevado recientemente las tasas a su nivel más alto desde 1995.
Esa diferencia convierte al yen en una de las monedas preferidas para financiar operaciones de carry trade, una estrategia mediante la cual los inversores toman deuda en una moneda con tasas bajas para colocar esos recursos en activos con mayores rendimientos en otros mercados. Este flujo constante de capitales mantiene elevada la demanda de dólares y continúa debilitando la moneda japonesa.
En el mercado también existe expectativa por los próximos datos de empleo de Estados Unidos y por las definiciones que adopte la Reserva Federal respecto de las tasas de interés. Un escenario de crecimiento sólido o de inflación persistente podría fortalecer aún más al dólar y prolongar la presión sobre el yen.
En paralelo, el Banco de Japón deberá definir en su reunión prevista para mediados de julio si acelera el proceso de aumento de tasas o mantiene el ritmo gradual de normalización monetaria. Sin embargo, buena parte de los economistas considera que incluso nuevas intervenciones oficiales tendrían un efecto limitado mientras persistan los desequilibrios estructurales entre ambas economías.
La evolución del yen se convirtió así en uno de los principales focos de atención de los mercados internacionales. Una depreciación prolongada no solo afecta la economía japonesa, sino que también repercute sobre el comercio global, los flujos financieros y la competitividad de uno de los principales exportadores del mundo.



























