Guido Giana dejó la viceministerio de Salud desgastado por la crisis del PAMI y será reemplazado por Rodrigo Sbarra, el exfuncionario que alguna vez explicó que los 10 mil dólares hallados en su escritorio «se los habían plantado». En el Gobierno cambian los nombres, pero las crisis siempre conservan la oficina.
El Ministerio de Salud ya parece un hospital de campaña, pero para funcionarios. Apenas alguien logra aprender dónde queda el baño, presenta la renuncia. Esta vez le tocó a Guido Giana, el viceministro que terminó abandonando el barco después de quedar atrapado entre el incendio permanente del PAMI, los prestadores desesperados, las farmacias al borde del colapso y un ajuste que, curiosamente, siempre encuentra la manera de recaer sobre los jubilados.
La explicación oficial habla de una salida ordenada y en buenos términos. La traducción al castellano es bastante más simple: alguien tenía que hacerse cargo de administrar una bomba de tiempo mientras desde arriba seguían celebrando el superávit como si las planillas de Excel también recetaran medicamentos.
Porque el problema nunca fue solamente Guido Giana. El problema se llama PAMI. Clínicas que quieren abandonar el sistema porque trabajan a pérdida, farmacéuticos que denuncian demoras eternas en los pagos, odontólogos que ya hicieron paro, prestadores que hablan de aranceles atrasados más de un cien por ciento y jubilados que descubren que conseguir atención médica se parece cada vez más a ganar un sorteo.
En semejante escenario, el Gobierno encontró una solución clásica de la política argentina: cambiar al funcionario. Como si reemplazar al chofer arreglara el motor fundido.
El elegido para ocupar el sillón es Rodrigo Sbarra, un viejo conocido de la administración pública que carga con una anécdota inolvidable. Cuando dejó un cargo durante la gestión de Francisco Cabrera aparecieron diez mil dólares en un sobre dentro del cajón de su escritorio. Su explicación quedó para la historia del surrealismo nacional: aseguró que la plata había sido «plantada». En la Argentina siempre florecen cosas raras en los escritorios oficiales. Algunos cultivan expedientes; otros, billetes.
Mientras tanto, Mario Lugones sigue firme en el ministerio. Es una curiosidad estadística: alrededor suyo cambian viceministros, explotan organismos, se multiplican las denuncias y se acumulan conflictos con proveedores, pero el ministro permanece inmóvil, como esos muebles antiguos que sobreviven a todas las mudanzas porque nadie sabe cómo sacarlos.
La cartera sanitaria ya colecciona escándalos con la naturalidad con la que otros coleccionan estampillas: PAMI, ANDIS, licitaciones cuestionadas, conflictos con droguerías, proveedores que cobran tarde y un sistema sanitario que cada semana suma un nuevo síntoma de agotamiento. Lo único que parece gozar de buena salud es la capacidad del Gobierno para encontrar reemplazantes antes que soluciones.
Dicen que Giana se fue agotado y que incluso podría volver al Sanatorio Güemes. No sería una mala noticia para él. Después de administrar el PAMI, cualquier guardia de terapia intensiva debe parecer unas vacaciones en la Costa.
Porque en este Gobierno las crisis sanitarias no se curan.
Se reemplaza al médico y se espera que el diagnóstico cambie solo.



























