Puertas adentro del mileísmo se están sacando los ojos. Karina Milei, con apoyo del clan Martín Menem, quiere correr a Patricia Bullrich del control del bloque en el Senado y sentar a Nadia Márquez. Traducción criolla: la pelea ya no es contra “la casta”, es entre ellos mismos, mientras Javier Milei mira cómo su propio gobierno se arma una interna a cielo abierto.
La interna libertaria se volvió un conventillo con bancas. Karina Milei, con el guiño del clan de Eduardo Menem y Martín Menem, empezó a serrucharle el sillón a Patricia Bullrich en el Senado para enchufar a la neuquina Nadia Márquez. La bronca arrancó por oficinas, comisiones y reparto de poder, pero ya escaló a rosca de pasillo, pases de factura y cuchillos debajo de la mesa. Todo dentro del espacio que conduce Javier Milei, donde la motosierra parece que ahora también se usa para limarse entre propios.
El día empezó con una demostración de poder de Karina Milei: primero movió fichas en el Ministerio de Justicia, desplazó a Santiago Caputo y promovió a Juan Bautista Mahiques como ministro, con Santiago Viola como viceministro y representante en el Consejo de la Magistratura. Con esa jugada todavía caliente, por la tarde el foco se trasladó al Senado, donde el nuevo objetivo quedó claro: el lugar que ocupa Patricia Bullrich.
La versión que empezó a circular en los pasillos políticos —y que difundieron medios parlamentarios— señala que el armado de Karina Milei, junto con el respaldo del presidente de Diputados Martín Menem y su entorno político, evalúa desplazar a Bullrich de la conducción del bloque libertario en la Cámara alta. El nombre que aparece para ocupar ese lugar es el de la neuquina Nadia Márquez, una dirigente cercana al armado riojano. La idea ya había sobrevolado en diciembre y volvió a discutirse en la sesión preparatoria del 24 de febrero, pero entonces se frenó por temor a una ruptura interna. Ahora, con el equilibrio de poder moviéndose dentro del oficialismo, la jugada volvió a la mesa.
El Salón de las Mujeres: la peluquería donde Bullrich armó su comando
En el Senado la interna libertaria no estalló por una ley ni por un discurso. Estalló por una oficina de mierda. El bloque que responde a Patricia Bullrich terminó funcionando en el llamado “Salón de las Mujeres”, un cuartito donde entra una mesa, un par de sillas y poco más. Detalle nada menor: antes era la peluquería del Senado. Sí, literalmente. De ahí salió la primera cargada que empezó a circular por los pasillos: “ahí se están dando discusiones de alta peluquería”.
La comparación duele más cuando se mira alrededor. El peronismo tiene despacho propio, los radicales también, y hasta el pequeño bloque del PRO cuenta con su oficina para juntarse. Los libertarios, que llegaron prometiendo arrasar con todo, terminaron amuchados en la ex peluquería. Una postal que muchos leen como metáfora del poder real dentro del oficialismo: ruido en la tele, motosierra en los discursos de Javier Milei, pero a la hora de repartir espacios y poder concreto, la lapicera la tiene Karina Milei.
La bronca igual no se limita al metro cuadrado. También pasa por cómo se repartieron las comisiones clave. Según reprochan varios libertarios, lugares estratégicos terminaron en manos de aliados de Victoria Villarruel, de radicales y del peronismo dialoguista. El bloque propio del gobierno quedó mirando desde afuera. “No le quedó nada al gobierno”, admitió incluso una senadora aliada que salió beneficiada con el reparto.
Por eso en los pasillos ya se escucha otro rumor: después de la caída en desgracia de Santiago Caputo, el próximo capítulo de la interna podría tener como protagonista a Bullrich. Porque en el Senado, como en cualquier peluquería de barrio, cuando la cosa se pone picante siempre aparece alguien con la tijera en la mano.
La sombra de los Menem y la apuesta por Márquez
La pelea por el control del bloque libertario en el Senado tiene padrinos con apellido pesado. Detrás de la avanzada para correr a Patricia Bullrich aparece el tándem riojano: Martín Menem, presidente de Diputados, y Eduardo ‘Lule’ Menem, subsecretario de Gestión Institucional de la Presidencia. Los dos operan en línea directa con Karina Milei, la hermana del Presidente y la figura que hoy concentra la botonera política del oficialismo.
La candidata para quedarse con la jefatura del bloque es Nadia Márquez, senadora por Neuquén. La movida no es caprichosa ni improvisada: en el entorno de los Menem dicen abiertamente que buscan posicionarla como futura candidata a gobernadora. Darle la conducción del bloque libertario implicaría manejar agenda parlamentaria, negociar comisiones y aparecer en la primera línea de las discusiones políticas nacionales. En criollo: visibilidad, poder y caja política.
El problema es que ese plan tiene un obstáculo con nombre y apellido: Bullrich. La ministra reciclada en jefa parlamentaria nunca fue de correrse cuando la empujan. Pero ahora la presión no viene del peronismo ni de la oposición dialoguista. Viene del propio núcleo duro del gobierno. Y en esa interna todos saben cómo funciona la lógica del poder: cuando Karina Milei mueve fichas, los demás deciden rápido si se acomodan… o si terminan fuera del tablero.
La estrategia de Bullrich: lealtad sobreactuada y candidatura en oferta
Con el operativo desgaste avanzando desde el entorno de Karina Milei, Patricia Bullrich hizo lo que en política suele hacerse cuando el piso empieza a moverse: sobreactuar fidelidad. En las últimas horas multiplicó gestos de alineamiento con la Casa Rosada y una catarata de elogios hacia Javier Milei, como si la devoción pública pudiera funcionar como chaleco antibalas en una interna donde la botonera la maneja la hermana presidencial.
La jugada incluyó tomar distancia de Victoria Villarruel, figura que el karinismo mira con desconfianza. En una entrevista televisiva sugirió que las posiciones de la vicepresidenta “van en otra dirección”, más cerca del peronismo que del ideario libertario. Traducido al idioma real de la política: marcarle a Karina que ella está del lado correcto de la grieta interna.
Pero el movimiento más llamativo vino por otro lado. En off y en on empezó a circular la versión de que Bullrich ya no mira con tanta obsesión la jefatura de Gobierno porteña —territorio que el karinismo reserva para Manuel Adorni— y que su ambición real sería integrar la fórmula presidencial en 2027 como vicepresidenta.
En un oficialismo donde el poder se concentra cada vez más alrededor de Karina, el gesto suena a oferta preventiva: mostrar utilidad antes de que llegue la guillotina. El problema es que, en la lógica del círculo libertario, la lealtad declamada suele durar menos que una sesión caliente en el Senado.
El antecedente: cuando Karina le cerró la canilla y Bullrich quedó pagando
La tensión entre Karina Milei y Patricia Bullrich no empezó ahora. En diciembre, durante la negociación del Presupuesto 2026, la hermana presidencial hizo una demostración de poder bastante pedagógica: congeló las partidas destinadas al Senado y dejó a Bullrich colgada del pincel frente a sus propios senadores, a quienes ya les había prometido mejoras y recursos.
El resultado fue un papelón político. Bullrich tuvo que salir a pedir cambios de apuro mediante adendas y a peregrinar despachos de gobernadores aliados para intentar destrabar el paquete. No funcionó. El Presupuesto terminó aprobándose sin las modificaciones que ella buscaba y la señal interna quedó clarísima: la botonera del poder no estaba en su escritorio.
En ese momento, Victoria Villarruel, que ya había probado la temperatura del karinismo, le dejó una advertencia casi doméstica: “Patricia, no te tires arriba de la granada”. Bullrich hizo lo contrario. Y ahora la granada volvió al escenario político… con la espoleta bastante floja.
La política chica mientras la economía aprieta
Mientras el oficialismo discute quién maneja el bloque, quién reparte oficinas o quién queda mejor parado en la interna, afuera la conversación es otra: salarios que no alcanzan, inflación que no termina de ceder y un clima social cada vez más tenso.
Pero en la lógica del poder libertario, la pelea pasa por otro lado. El que levanta demasiado el perfil corre riesgo de terminar en la parrilla. Según fuentes parlamentarias citadas por medios nacionales, Bullrich cometió justamente ese pecado: quiso mostrarse como pieza clave del éxito del gobierno de Javier Milei… y eso en el ecosistema de Karina suele tener consecuencias.
En la Rosada ya lo aprendieron varios. Primero cayó Santiago Caputo en la interna palaciega. Ahora el radar apunta a Bullrich. Y cuando Karina decide mover fichas, en el tablero libertario suele quedar poco espacio para segundas oportunidades.
La peluquería del Senado y el futuro de una exministra
La política argentina tiene estas escenas que parecen escritas por un guionista con sentido del absurdo. Afuera, millones de personas haciendo cuentas para pagar alquiler, expensas o el supermercado. Adentro del Congreso, senadores libertarios discutiendo si la oficina que les asignaron es demasiado chica. No es solo una cuestión inmobiliaria: es la radiografía del poder real.
El famoso “Salón de las Mujeres”, que hoy ocupa el bloque libertario, fue durante años la peluquería del Senado. Un espacio mínimo, una mesa, un par de sillas y discusiones que —según ironizan algunos legisladores— son más de secador y laca que de estrategia parlamentaria. Una metáfora perfecta de la situación de Patricia Bullrich: mucha foto, mucha declaración, pero a la hora de repartir poder… le dejaron la peluquería. Y encima chica. Una ironía que, en criollo, muchos en el Senado resumen con una frase más directa: la mandaron a la peluquería y a joderse.
Del otro lado del mostrador político está Karina Milei: secretaria general, jefa política de La Libertad Avanza, guardiana del despacho presidencial y la única que entra sin golpear a la oficina de Javier Milei. Su proyecto es bastante claro: centralizar el poder y ordenar el espacio libertario a su manera. En ese camino ya quedaron heridos varios nombres del círculo oficialista, incluido Santiago Caputo.
La pregunta que flota ahora en los pasillos del Senado es si Bullrich será la próxima ficha en caer. Por ahora, la exministra responde con lo que mejor maneja: declaraciones de lealtad, elogios al Presidente y hasta insinuaciones de que su destino político podría ser la vicepresidencia en 2027.
Pero en el oficialismo saben algo: cuando Karina decide mover piezas, el tablero cambia rápido. Y en ese tablero, la peluquería del Senado puede ser solo una anécdota… o el último despacho político de una exministra que supo tener mucho más poder.


























