El diputado Miguel Ángel Pichetto visitó a Cristina Kirchner, habló de “perdonarse” dentro del peronismo y llamó a construir un gran frente nacional al estilo Lula. Pero en el medio quedó Axel Kicillof, a quien viene cuestionando hace meses. Cerca del gobernador sospechan que el movimiento busca reordenar el peronismo… incluso si eso significa correrlo del centro del tablero.
En el peronismo no hay paz, ni la va a haber. Lo que pasa es que esta vez la interna tiene un nombre propio: Miguel Ángel Pichetto. El rionegrino, que fue jefe de la bancada kirchnerista en el Senado durante 12 años, después candidato a vice de Macri, después aliado de Larreta y después casi nada, resucitó. Y resucitó con todo: el martes se juntó con Cristina Kirchner en San José 1111 . Después, este jueves, lo blanqueó en un acto con Guillermo Moreno y la diputada morenista Marita Velázquez en el Abasto Hotel, bajo el lema «Doctrina, Industria y Trabajo» .
La foto no existe. Por ahora. Pero el gesto es gigante: después de años de putearse mutuamente, Pichetto y Cristina acordaron «no hablar del pasado» y concentrarse en el futuro . ¿El objetivo?. Construir un «gran frente nacional» para ganarle a Milei en 2027, algo así como lo que hizo Lula en Brasil cuando juntó a toda la oposición contra Bolsonaro .
El problema es que en ese futuro hay un actor incómodo: Axel Kicillof, el gobernador bonaerense que ya se anotó en la carrera presidencial y que viene construyendo su propio armado, el Movimiento Derecho al Futuro (MDF). Y acá es donde la cosa se pone espesa. Porque Pichetto no tiene filtro con Kicillof: hace unos días le recomendó que si quiere ser presidente, tiene que cambiar «la visión y las ideas» . Días antes había sido más explícito: dijo que la «estética de su propuesta, más ligada a la centroizquierda, no parece adecuada para recuperar la confianza ciudadana» . Traducción: Kicillof es un zurdo de mierda que no le va a ganar a nadie.
EL ACTO DEL ABASTO: MORENO, EL GRINGO CASTRO Y LA MISA PERONISTA
El encuentro del jueves en el Abasto Hotel fue una pieza de orfebrería política. Estaba Moreno, que hace un par de meses era el enemigo público del kirchnerismo y ahora oficia de anfitrión. Estaba Esteban «Gringo» Castro, ex secretario general de la UTEP y dirigente de los movimientos sociales, que soltó una frase que parecía sacada del Evangelio según San Perón: «Hay que tener misericordia con los compañeros que estuvimos distanciados, que nos peleamos, que tenemos diferencias» . Dijo que un cura de 93 años le enseñó que «la misericordia es una acción política que atenta directamente contra aquel que quiere acumular todo» .
Pichetto, que no es de quedarse atrás en los golpes de efecto, tomó la posta y la tradujo al idioma de los políticos: «El peronismo tiene que perdonarse, mirar el pasado y reflexionar. Cualquier gobierno peronista es mucho mejor que este gobierno que nos está mandando a la miseria» .
Y después, el dato grueso: reveló que antes del acto había visitado a Cristina. La diputada Velázquez lo confirmó con bombos y platillos: «Pichetto se reunió con Cristina. Necesitamos la unidad nacional de todos nuestros dirigentes. Los militantes quieren estos gestos» .
¿QUÉ BUSCA PICHETTO? TRES HIPÓTESIS (Y UNA SOLA VERDAD)
En el entorno de Kicillof ya están en alerta. Y no es para menos. Porque el armado de Pichetto tiene, al menos, tres lecturas posibles.
La primera, la más obvia: Pichetto quiere ser el candidato. O, al menos, quiere tener un espacio propio para negociar desde ahí. Su propuesta es clara: un «frente nacional de centro, capitalista y productivo» . Nada de «paparruchadas» de Estado presente, dice . Nada de «ideas viejas del pobrismo», como él mismo las llamaba hace unos años . En definitiva, un peronismo que le hable a los empresarios, a la clase media, a los que tienen miedo de que Kicillof los termine expropiando.
La segunda, más perversa: Pichetto es un ariete contra Kicillof. Un instrumento para disputarle centralidad al gobernador, para mostrar que hay otra voz en el peronismo que no comulga con sus ideas. En el kicillofismo lo ven claro: «Si detrás del armado está La Cámpora, no están pensando en una confluencia. Quieren cargarse a Axel», advierten.
La tercera, más optimista: Pichetto busca juntar pedazos sueltos para después confluir con Kicillof, como un ala derecha necesaria. Algo así como lo que hizo Lula en Brasil, donde convivieron el PT con partidos de centro y hasta con algunos que habían sido oposición. En esa hipótesis, Pichetto quiere ganarse un lugar en la mesa de decisiones. Un dato alimenta esta teoría: a diferencia de Moreno, el diputado nunca descalifica a Kicillof. Al contrario, le reconoce su honestidad.
EL ROL DE MORENO: EL ÁNGEL EXTERMINADOR (O EL LOBBISTA DE CRISTINA)
El que despierta todas las sospechas es Guillermo Moreno. El exsecretario de Comercio, que durante años fue el azote de los empresarios y el tipo que salía en la tele con un látigo imaginario, ahora es el anfitrión de Pichetto y el que organizó el acto del Abasto. Moreno viene de compartir un acto con Máximo Kirchner hace unas semanas. Y en el kicillofismo interpretan que la movida tiene un solo objetivo: joder a Axel.
Moreno, por su parte, se encargó de bajar línea en los medios. Dijo que la reunión con Cristina estaba planificada desde hace un mes y que «hay que ponerla en el marco de la reconstrucción detrás de un proyecto de país del peronismo» . Habló de la «supercrisis fiscal y externa», de la caída de la recaudación, de que «los mercados financieros no son la economía» . Un discurso que, en otros tiempos, hubiera sido calificado de setentista. Pero ahora es parte de la «unidad».
LA POSICIÓN DE MASSA: APOYO TIBIO, PERO APOYO AL FIN
Sergio Massa también está en el tablero. Según pudo reconstruir El Destape, después de verse con Cristina, Pichetto llamó al líder del Frente Renovador para ponerlo al tanto de sus planes. La respuesta de Massa fue: «Me parece bien. Metele para adelante».
Massa entiende que el peronismo necesita ampliarse y guardar los «rifles sanitarios». Pero también guarda reparos sobre la construcción de Kicillof, al que le reprocha no estar haciendo lo suficiente para conducir el espacio. En el medio, Massa se mueve con cautela, sin quemar naves, esperando que el tablero se defina.
LO QUE DICE CRISTINA (Y LO QUE NO DICE)
El entorno de la expresidenta aclara que la reunión con Pichetto fue «una visita personal a una persona que está presa» y no un encuentro político. Pero es obvio que en San José 1111 no se habló del clima. Cristina recibió a Pichetto, escuchó, y después dejó que el Gringo Castro y Moreno hicieran los anuncios. Un mensaje: ella está, aunque no se mueva.
Además, está el dato de las restricciones: Cristina solo puede recibir visitas dos veces por semana, dos horas, con no más de tres personas . Que haya usado uno de esos cupos para Pichetto es una señal inequívoca de que lo considera un interlocutor válido.
CIERRE: LA GUERRA FRÍA DEL PERONISMO
El peronismo se encamina a 2027 con al menos dos precandidatos: Kicillof, que ya tiene su estructura, y un espacio que podría nuclear a Pichetto, Moreno, sectores del sindicalismo y, quién sabe, algún otro dirigente. Cristina, desde su encierro, mira y teje. Massa espera. Y los gobernadores del interior, esos que siempre definen, están atentos a cómo sopla el viento.
Mientras tanto, Milei gobierna, ajusta, degrada y se ríe. Porque mientras el peronismo se pelea por ver quién es más capitalista o más productivo, él sigue desguazando el Estado, entregando los glaciares y cagándose en los derechos de los trabajadores.
Pichetto dice que el peronismo tiene que «perdonarse». Pero el perdón, en política, suele ser una excusa para juntar votos. Lo que importa es el poder. Y el poder, por ahora, está del otro lado.


























