Karina Milei había ordenado que ningún funcionario viajara al Mundial para evitar fotos de privilegios mientras el Gobierno exige sacrificios. Pero el viceministro de Justicia, Santiago Viola, apareció en una platea VIP en Kansas City. Después explicaron que estaba «de licencia». En la Argentina libertaria, la austeridad parece ser obligatoria… para los demás.
Durante meses repitieron que había que hacer sacrificios. Que no había plata. Que el ajuste era inevitable. Que los privilegios de la política se habían terminado para siempre.
Hasta que apareció el Mundial.
Y, como suele pasar con ciertos principios republicanos, la austeridad quedó cómodamente sentada… pero en otra tribuna.
Mientras Karina Milei les bajaba una orden tajante a sus funcionarios para que nadie viajara a Estados Unidos y evitara alimentar la imagen de una nueva casta oficialista, uno de los hombres de mayor confianza del Ministerio de Justicia decidió hacer turismo institucional por Kansas City. Santiago Viola apareció disfrutando del partido entre Argentina y Suiza desde una platea preferencial, de esas donde el fútbol se mira con aire acondicionado moral y billetera climatizada.
La explicación llegó más rápido que un comunicado de crisis.
«No viajó como funcionario, pidió licencia.»
Una maravilla jurídica. Resulta que los privilegios estatales también pueden tomarse vacaciones.
Según trascendió, la entrada fue adquirida mediante el sistema oficial de reventa. Las plateas de esa ubicación cotizaban entre 1.500 y 5.000 dólares, sin contar vuelos, hoteles, traslados y todo ese pequeño detalle llamado realidad económica que el Gobierno suele recordarles a los argentinos cada vez que aumenta una tarifa.
Pero el problema no es cuánto gastó Viola.
El problema es que el Gobierno convirtió la lucha contra la casta en una religión política y ahora necesita explicar por qué algunos de sus fieles rezan mirando el partido desde la primera fila mientras el resto hace cola para llegar a fin de mes.
La contradicción es casi perfecta.
El mismo Estado que le pide paciencia a los jubilados, esfuerzo a los trabajadores y comprensión a las pymes parece bastante comprensivo cuando uno de los propios decide cambiar una reunión del Consejo de la Magistratura por noventa minutos de fútbol internacional.
Porque no fue solamente el viaje.
Como presidente de la Comisión de Administración Financiera del Consejo de la Magistratura, Viola suspendió una reunión prevista para esa semana y la postergó hasta agosto. La agenda institucional quedó en pausa. El fixture del Mundial, no.
En cualquier otro gobierno, los libertarios habrían llamado a esto «privilegios de la casta». Hoy prefieren llamarlo «licencia».
Es fascinante cómo cambian las palabras cuando cambia el dueño del despacho.
La vieja política usaba autos oficiales.
La nueva política usa explicaciones oficiales.
La vieja casta viajaba diciendo que era una misión institucional.
La nueva viaja aclarando que estaba de vacaciones.
Al final, el cambio era cierto.
Ya no hacen lo mismo.
Ahora lo justifican mejor.
Porque en la Argentina del ajuste permanente hay una regla que nunca pierde vigencia: la austeridad siempre empieza por el bolsillo ajeno.



























