Un informe de Eco Go, elaborado con datos del Banco Central, revela que el 44,8% del financiamiento otorgado por supermercados y cadenas de electrodomésticos presenta atrasos graves. En apenas un año, la morosidad casi se duplicó y alcanzó el 50,1% en las casas de electrodomésticos y el 40,4% en supermercados. El deterioro expone las dificultades de los hogares para sostener el pago de sus deudas.
La crisis de endeudamiento de las familias argentinas comienza a mostrar una de sus consecuencias más preocupantes: una proporción extraordinariamente elevada de los créditos otorgados por cadenas comerciales acumula atrasos importantes. Según un informe de la consultora Eco Go, elaborado a partir de la Central de Deudores del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el 44,8% de la deuda financiada por supermercados y casas de electrodomésticos se encontraba en situación de morosidad significativa en agosto de 2026.
El dato prácticamente duplica el 23,3% registrado en agosto de 2025 y muestra un deterioro todavía mayor si se compara con fines de 2024, cuando la morosidad de estas cadenas se ubicaba entre el 10% y el 12%.
La magnitud del fenómeno revela que el problema ya no se limita a los primeros retrasos en el pago de una cuota. Una parte considerable de los créditos se encuentra en categorías que el Banco Central identifica con dificultades de cumplimiento más profundas, incluyendo operaciones consideradas de alto riesgo o difícil recuperación.
El informe refleja así una contradicción del escenario económico actual. Mientras el Gobierno de Javier Milei destaca la desaceleración de la inflación, una proporción creciente del financiamiento comercial otorgado durante los últimos años permanece atrapada en situaciones de incumplimiento.
Las casas de electrodomésticos registran el mayor deterioro
El sector más comprometido es el de las cadenas de electrodomésticos, donde la morosidad alcanzó el 50,1% del financiamiento otorgado. Un año antes, el indicador era del 27,3%, lo que representa un incremento de 22,8 puntos porcentuales.
Esto significa que, de cada cien pesos de deuda vigente en las categorías analizadas, aproximadamente cincuenta corresponden a créditos con atrasos significativos o problemas de recuperabilidad.
El relevamiento comprende el financiamiento registrado por empresas como Megatone, Naldo, Cetrogar, Frávega, Favanet y Carsa, operadora de Musimundo. Sin embargo, los resultados se presentan de manera agregada, por lo que no permiten determinar qué proporción de morosidad corresponde individualmente a cada firma.
La situación es especialmente relevante porque los electrodomésticos suelen adquirirse mediante planes de financiación. Heladeras, lavarropas, cocinas y otros bienes durables representan desembolsos importantes que muchas familias no pueden afrontar de contado.
Cuando las cuotas comienzan a competir con el pago de alimentos, servicios públicos, alquileres y otras obligaciones, los hogares pueden enfrentar dificultades para mantener al día sus compromisos.
El informe no permite establecer cuántas familias dejaron de pagar ni cuáles fueron las causas individuales de cada incumplimiento. Tampoco demuestra que todos los créditos se hayan utilizado para adquirir productos esenciales. Pero sí confirma que la capacidad de recuperación de las deudas comerciales sufrió un deterioro considerable.
En supermercados, cuatro de cada diez pesos financiados presentan problemas de cobro
La situación también resulta preocupante en el sector supermercadista. La morosidad alcanzó el 40,4% en agosto, frente al 20,1% registrado un año antes.
La duplicación del indicador adquiere particular importancia porque el financiamiento de las cadenas de supermercados está vinculado con establecimientos donde las familias realizan una parte significativa de sus compras habituales.
El relevamiento incluye a Carrefour, Cencosud, La Anónima y Coto, aunque tampoco ofrece datos individuales de morosidad para cada empresa.
Es importante distinguir entre comprar alimentos en cuotas y el conjunto de operaciones crediticias registradas por estas compañías. Los datos agregados no permiten afirmar que toda la deuda morosa corresponda exclusivamente a la financiación de comida. Las cadenas pueden ofrecer distintos productos y modalidades de crédito.
Sin embargo, el deterioro de la cartera constituye una señal relevante sobre las dificultades de pago de quienes utilizan financiamiento comercial.
En términos económicos, el problema tiene dos dimensiones. Para los consumidores, acumular atrasos puede implicar mayores intereses, dificultades para refinanciar y restricciones futuras de acceso al crédito. Para las empresas, una cartera con elevada morosidad reduce la previsibilidad de los cobros y puede incrementar los costos asociados con la financiación.
Si esta situación se prolonga, las cadenas podrían revisar sus condiciones de otorgamiento de crédito, aunque el informe no demuestra que todas hayan comenzado a restringirlo.
La morosidad casi se duplicó en doce meses
La evolución de los últimos dos años muestra la velocidad del deterioro.
Hasta fines de 2024, la proporción de deuda en mora de estas cadenas se encontraba aproximadamente entre el 10% y el 12%. En agosto de 2025, el indicador conjunto había alcanzado el 23,3%. Un año después llegó al 44,8%.
El aumento de 21,5 puntos porcentuales entre agosto de 2025 y agosto de 2026 representa una suba relativa de aproximadamente 92,3%.
La precisión es importante: no significa que el 44,8% de los clientes de estas empresas haya dejado de pagar. El indicador mide la proporción del monto total financiado que se encuentra en determinadas categorías de riesgo, no el porcentaje de personas endeudadas.
La consultora considera como morosidad las deudas clasificadas por el Banco Central en situaciones 3, 4 y 5. Estas categorías corresponden a niveles crecientes de dificultades de pago, desde créditos con problemas hasta operaciones consideradas irrecuperables.
Por eso, el aumento del indicador muestra un deterioro del valor de la cartera crediticia y no puede confundirse con una simple demora administrativa en el vencimiento de una cuota.
Hay $2,14 billones financiados, pero el crédito dejó de crecer
El stock de financiamiento otorgado por supermercados y casas de electrodomésticos alcanza los $2,14 billones, expresados en pesos de septiembre de 2026.
Los supermercados concentran $1,16 billones, equivalentes al 54% del total, mientras que las cadenas de electrodomésticos reúnen $980.000 millones, el 46% restante.
La evolución del crédito presenta dos etapas claramente diferenciadas. Después del mínimo registrado en febrero de 2024, el volumen financiado creció hasta multiplicarse por 2,6 en términos reales. Sin embargo, esa expansión perdió impulso y comenzó a retroceder.
Desde el máximo de octubre de 2025, el stock de financiamiento disminuyó un 3,5% real. En la comparación de los últimos doce meses, la caída fue del 2,5%.
Esto significa que el deterioro de la morosidad se produce mientras el volumen de crédito permanece estancado o en retroceso. El problema no puede explicarse únicamente por una expansión reciente del financiamiento que todavía no haya completado su ciclo de pago.
La combinación de una cartera con atrasos elevados y un stock que dejó de crecer plantea dificultades tanto para los consumidores como para las empresas.
Los hogares con antecedentes negativos pueden encontrar mayores obstáculos para acceder a nuevas financiaciones, mientras que las compañías enfrentan incentivos para revisar sus políticas de riesgo.
Un dato menos negativo: disminuyen los primeros atrasos
El informe también presenta una señal que impide interpretar el panorama como un deterioro uniforme de todos los indicadores.
La denominada mora temprana, correspondiente a la situación 2 de la clasificación del Banco Central, se ubicó en el 4,9% conjunto en julio de 2026 y mostró una reducción respecto del máximo registrado a fines de 2025.
Esto indica que la proporción de deuda clasificada en una etapa inicial de dificultades de pago viene disminuyendo.
Sin embargo, esa mejora no significa que los créditos acumulados en categorías de mayor riesgo hayan sido regularizados.
Ambos fenómenos pueden coexistir: una menor proporción de préstamos ingresa en atrasos iniciales mientras permanece elevado el stock de operaciones que ya atravesaron etapas más graves de incumplimiento.
Además, los indicadores corresponden a meses diferentes: la morosidad significativa se informa para agosto, mientras que el dato de mora temprana citado corresponde a julio. Esa diferencia temporal debe tenerse presente al compararlos.
La reducción de los primeros atrasos constituye una señal potencialmente favorable, pero todavía resulta insuficiente para concluir que el problema general de endeudamiento comenzó a resolverse.
La crisis del crédito refleja un problema que la inflación no alcanza a explicar
La evolución de la morosidad comercial obliga a mirar más allá de la inflación mensual.
Que los precios aumenten a menor velocidad no significa necesariamente que los hogares dispongan de ingresos suficientes para afrontar las cuotas asumidas anteriormente. La capacidad de pago también depende del empleo, los salarios, las tasas de interés, los vencimientos y el conjunto de obligaciones que debe afrontar cada familia.
Cuando una parte creciente de los ingresos se destina a gastos indispensables, disminuye el margen disponible para cumplir compromisos financieros. Pero para establecer qué peso tuvo cada factor en el deterioro observado sería necesario contar con información adicional sobre ingresos de los deudores, tasas efectivas y condiciones de financiación.
Los datos de Eco Go no permiten atribuir toda la suba de la morosidad a una única causa ni determinar qué proporción corresponde directamente a la política económica del Gobierno. Sí muestran que el sistema de financiamiento comercial enfrenta un deterioro excepcionalmente importante.
El contraste con la evolución de los precios es relevante. En septiembre, la inflación general fue del 1,9%, pero la desaceleración no elimina las obligaciones acumuladas ni reduce automáticamente el capital adeudado.
Para los consumidores, el problema no consiste solamente en cuánto aumenta el precio de una heladera o de una compra de supermercado, sino también en cuánto dinero queda disponible cada mes para pagar las cuotas anteriores.
El crédito que debía facilitar el consumo se convirtió en una fuente de vulnerabilidad
El aumento de la morosidad en supermercados y casas de electrodomésticos constituye una advertencia sobre la sostenibilidad del financiamiento comercial.
Cuando más de cuatro de cada diez pesos prestados se encuentran en categorías de riesgo significativo, el problema supera las dificultades aisladas de determinados clientes. Afecta la calidad del conjunto de la cartera y puede condicionar las posibilidades futuras de financiación.
La situación es todavía más delicada en electrodomésticos, donde la mitad del crédito presenta atrasos importantes. En supermercados, el 40,4% de morosidad también representa un nivel elevado y duplica el registrado apenas doce meses antes.
El informe muestra, al mismo tiempo, que el volumen de crédito dejó de expandirse y que la mora temprana comenzó a retroceder. Estas señales impiden anticipar automáticamente un agravamiento indefinido, pero tampoco permiten afirmar que exista una recuperación consolidada.
El dato decisivo es que la morosidad conjunta pasó del 23,3% al 44,8% en un año, mientras el financiamiento comercial se redujo en términos reales.
La inflación puede bajar, pero una economía no recupera su capacidad de consumo solamente porque los precios aumenten menos. También necesita que las familias puedan pagar sus obligaciones sin comprometer los gastos indispensables y que el crédito vuelva a funcionar como una herramienta de acceso al consumo, en lugar de convertirse en una deuda cada vez más difícil de sostener.



























