La vicepresidenta y la diputada de La Libertad Avanza se trenzaron en las redes sociales con una violencia que ya no sorprende a nadie. Lemoine dijo que Villarruel «no le dan las neuronas» y que «siempre será fondo de olla de algún partido opositor». Villarruel respondió que la diputada «escupe huevadas al por mayor», que fue votada en una «lista sábana» y que «no tiene condiciones para representar el rol». La pelea no es de ahora: viene con denuncias judiciales incluidas, pedidos de «bozal legal» y una interna que ya no es una grieta, es un abismo. Mientras tanto, Milei mira para otro lado o, peor, aviva el fuego. Los libertarios se llenan la boca con «libertad», pero la única libertad que practican es la de insultarse sin filtro. El resto, ajuste.
Los libertarios llegaron al poder con una consigna clara: «no somos la casta». No iban a pelearse por los cargos, no iban a traicionarse, no iban a terminar como los peronistas, que se pasan más tiempo peleando entre ellos que gobernando. Tres años después, la vicepresidenta y una diputada de su propio partido se dicen de todo en las redes sociales mientras el país se hunde en el ajuste, la inflación y la pobreza. La casta no era el peronismo. La casta siempre estuvo ahí, sentada en sus propias sillas, esperando el momento de saltarse a la yugular.
La diputada que pide silencio ajeno mientras escupe veneno
Lilia Lemoine es diputada. Fue peluquera. Es famosa por sus polémicas en redes sociales, por sus insultos a periodistas y por su fidelidad inquebrantable a Javier Milei. El martes, una usuaria de X le reclamó a Villarruel que «está todo el día opinando mal» y que debería «renunciar si no le gusta» el rumbo del gobierno. Lemoine, que no necesita que le pregunten para opinar, respondió con un posteo que parecía una sentencia: «Se la votó para ser vicepresidente de Javier Milei. Solo tenía que ser mínimamente leal, humilde y callarse 4 años. No pudo. No le dan las neuronas. La domina el vicio del poder. Se creyó en la cima… pero ahora siempre será fondo de olla de algún partido opositor».
La diputada que le exige silencio a la vicepresidenta es la misma que pasa los días posteando críticas a sus propios compañeros de fórmula. La coherencia, en el mundo libertario, es un lujo que no pueden pagar.
La vicepresidenta que responde con la artillería pesada
Victoria Villarruel no es famosa por quedarse callada. La vicepresidenta tiene su propia agenda, sus propios actos, sus propias fotos con gobernadores peronistas y hasta un busto de Isabel Perón en el Senado. No es la vice de nadie. Y lo demostró el miércoles cuando respondió a Lemoine con un posteo que debería ser estudiado en las escuelas de política argentina.
Primero agradeció a una usuaria que salió en su defensa. Después, sin filtros ni vueltas, disparó: «La desubicación de esta señora es equiparable a su falta de condiciones para representar el rol para el que fue votada dentro de una lista sábana. Pedir silencio a los demás cuando ella escupe huevadas al por mayor es una más de sus tantas inconsistencias».
Y cerró con una ironía que debería doler en el corazón de los libertarios: «Está raro el liberalismo…».
El historial de una guerra que empezó hace rato (y no para de crecer)
Esta pelea no es un round más. Es la enésima entrega de una novela que empezó mucho antes de que Milei llegara a la Rosada. En enero de 2025, Lemoine llamó «garrapata» y «sanguijuela» a Villarruel. Dijo que «chupa la popularidad del otro» y que se comporta como «la casta». También insultó a una funcionaria cercana a la vicepresidenta con un «sacudite la entrepierna, a ver si se te sale la arena». Todo un ejemplo de «libertad de expresión».
En agosto de 2025, Villarruel denunció a Lemoine penalmente por «hostigamiento, incitación al odio, amenazas y asociación ilícita». La denuncia alcanzó a periodistas y tuiteros libertarios que operan como la caja de resonancia de Lemoine. La libertad de expresión, al parecer, es un derecho que Villarruel solo defiende cuando la atacan a ella.
Y ahora, abril de 2026, este nuevo round. El enésimo capítulo de una interna que ya cansa.
Milei mira para otro lado (o aviva el fuego)
El presidente no es neutral en esta pelea. Milei dijo en una entrevista que Villarruel «lo viene traicionando desde 2021» y que «se empezó a juntar con gente verdaderamente complicada». El jefe del partido eligió bando. Y no fue el de su vicepresidenta. También avaló a Lemoine cuando llamó «hijo de puta» a un periodista. La libertad de expresión, otra vez, es un derecho que Milei solo defiende cuando le conviene.
Mientras tanto, el ajuste sigue. Los jubilados comen polenta, los trabajadores no llegan a fin de mes, los pibes no encuentran laburo. Pero la interna libertaria es más importante. La grieta no está en el peronismo. Está en Balcarce 50.
«Cosplayer» y «domadora de bombillas»
Lemoine no se quedó atrás. Después de la respuesta de Villarruel, la diputada siguió posteando: «¿Está desesperada por figurar la domadora de bombillas que tardó 2 años en responder?». También la llamó «cosplayer», una burla a la imagen de Villarruel con look rural de sombrero y poncho que había sido utilizada en afiches vinculándola al peronismo.
Y remató: «Las encuestas reales deben haber sido lapidarias… para salir a ver si la cosplayer la levanta. Pues creo que voy a dejar de nombrarla».
La vicepresidenta, que tiene a Lemoine bloqueada en X desde hace meses, no volvió a responder. Pero el daño ya está hecho.
El ring tiene sangre en el piso
Los libertarios llegaron para terminar con la grieta. Hoy, la vicepresidenta y una diputada de su propio partido se insultan en las redes sociales mientras el país se desangra. La casta no era el peronismo. La casta era ellos. Siempre lo fue.
Nos leemos pronto.



























