La Organización Mundial de la Salud realizó entre el 22 y el 23 de abril de 2026 el ejercicio «Polaris II», una simulación global de respuesta a una pandemia que involucró a 26 países y territorios, 600 expertos en emergencias sanitarias y más de 25 socios internacionales. El escenario era una ficción: un brote de una nueva bacteria que se extendía rápidamente por todo el mundo. Los países activaron sus sistemas de coordinación, simularon la movilización de personal de emergencia y ensayaron el intercambio de información en tiempo real bajo presión.
No es la primera vez. En abril de 2025, la OMS realizó «Polaris I», un simulacro centrado en un virus ficticio. La organización confirmó que estos ejercicios serán anuales y forman parte del programa HorizonX, un plan «proactivo» de preparación pandémica.
El mismo mes en que se realizaba Polaris II, el crucero MV Hondius navegaba por el Atlántico con un brote de hantavirus cepa Andes a bordo. La OMS fue notificada recién 25 días después del primer fallecimiento. El barco siguió navegando. Los pasajeros se dispersaron por 23 países. Los simulacros de la OMS funcionan en papel. En la práctica, el sistema de alerta temprana falló.
El código 42 y el Mundial
México, uno de los anfitriones del Mundial de Fútbol 2026, anunció filtros sanitarios especiales por el brote de ébola en la República Democrática del Congo. Estados Unidos prohibió el ingreso de ciudadanos extranjeros que hayan estado en Uganda, Congo o Sudán del Sur en los 21 días previos. Los futbolistas congoleños recibieron una excepción. Los hinchas, no.
El ébola no es un virus de transmisión aérea. Su tasa de letalidad puede superar el 50%. La cepa detectada en África Central es la variante Bundibugyo, que según reportes de la OMS no tiene vacuna aprobada ni tratamiento específico.
El doctor Peter Horby, epidemiólogo de la Universidad de Oxford e investigador principal del ensayo Recovery contra el COVID-19, fue contundente: «Definitivamente habrá otra pandemia». Y lanzó una advertencia que debería resonar en los oídos de los organizadores del Mundial: «No hay razón para pensar que no podamos tener otra pandemia en la que la mayoría de las muertes sean en niños».
Horby recordó que la pandemia de gripe de 1918 tuvo un pico de mortalidad en personas de entre 20 y 30 años. El COVID-19 afectó principalmente a los ancianos. «Uno puede imaginar el tipo de trauma, ansiedad y pánico que eso causaría», advirtió.

Los 34 virus que la OMS vigila
En mayo de 2026, la OMS identificó 34 virus con «alto potencial pandémico». Factores como la virulencia, la facilidad de transmisión y la ausencia total de vacunas fueron clave en la selección. Entre los más peligrosos están los virus respiratorios, que se transmiten rápidamente y pueden mutar en diferentes cepas. La gripe aviar encabeza la lista.
La lista incluye patógenos que la mayoría de la población desconoce. Algunos no tienen tratamiento. Otros no tienen pruebas de diagnóstico masivas. La OMS los priorizó para acelerar la investigación de contramedidas antes de que provoquen una crisis sanitaria internacional.
El doctor Diego García, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, explicó que las enfermedades infecciosas son cada vez más frecuentes porque «el ser humano está invadiendo espacios que antes no invadía, llegando a lugares en los que antes no tenía contacto». Y señaló un factor que ningún político quiere mencionar: «Estamos en un mundo que cada vez se mueve más y cada vez más globalizado, culturalmente es difícil frenarlo».

La OMS ensaya, el mundo mira
Los simulacros Polaris son una confesión encubierta. La OMS sabe que el sistema de alerta temprana no funciona. Sabe que los países no están preparados. Sabe que la próxima pandemia será más rápida, más letal y más difícil de contener. Por eso ensaya. Por eso practica. Por eso invierte millones en simulaciones mientras los sistemas de vigilancia reales siguen siendo porosos.
El crucero Hondius fue la prueba. Un brote de hantavirus con transmisión comprobada entre humanos tardó 25 días en ser notificado. La OMS dijo que «no es otro COVID». Dijo que «el riesgo sigue siendo bajo». Dijo que «no hay señales de un brote de mayor magnitud». Las mismas frases. El mismo tono tranquilizador. El mismo patrón de 2020.
México, Estados Unidos y Canadá tendrán los filtros sanitarios listos para el Mundial. Los protocolos están escritos. Los aviones militares están preparados. Los hospitales de biocontención están equipados. El brote de hantavirus en el Hondius fue un ensayo. El Mundial es el estreno. La pregunta no es si el sistema funcionará. La pregunta es quién será el próximo pasajero cero.


























