Argentina notificó 6.482 casos de tuberculosis en las primeras 22 semanas de 2026, 133 más que en igual período del año pasado. Las regiones Centro, NEA y Cuyo concentran el mayor crecimiento, mientras que seis de cada diez pacientes tienen entre 15 y 44 años. El avance de una enfermedad prevenible y curable vuelve a poner bajo presión al sistema sanitario.
La tuberculosis, una enfermedad que muchos asocian con el pasado, vuelve a convertirse en una preocupación sanitaria en Argentina. Los datos más recientes del Boletín Epidemiológico Nacional muestran que el país mantiene una tendencia sostenida de aumento de casos desde 2022 y que, lejos de estabilizarse, la curva continúa en ascenso durante 2026. Detrás de las cifras aparece una realidad compleja donde confluyen desigualdad social, dificultades de acceso al diagnóstico temprano y la persistencia de una enfermedad que, pese a contar con tratamiento efectivo, sigue siendo una de las infecciones más letales del planeta.
Hasta la semana epidemiológica 22 de este año se notificaron 6.482 casos de tuberculosis, lo que representa 133 más que en el mismo período de 2025. Aunque el incremento porcentual puede parecer moderado a nivel nacional, el comportamiento regional muestra diferencias importantes que explican la preocupación de las autoridades sanitarias.
La región Centro fue la que aportó la mayor cantidad de nuevos diagnósticos, con 264 casos adicionales, equivalente a un aumento del 5,6% respecto del año anterior. En el Nordeste Argentino (NEA) el crecimiento alcanzó el 10%, mientras que la región de Cuyo registró el incremento relativo más pronunciado, con un 27% más de casos. Solo la región Sur mostró una disminución, con 35 notificaciones menos que en 2025, mientras que el NOA permaneció relativamente estable.
Cuando se analizan las provincias de manera individual aparecen aumentos todavía más marcados. Misiones encabeza la lista con un incremento del 44,9%, seguida por Mendoza, con 42,6%, y Entre Ríos, donde los casos crecieron 38,8%. También presentan aumentos significativos Santiago del Estero (34,3%) y Santa Fe (32,9%), lo que indica que el fenómeno no está concentrado en una única región sino que atraviesa gran parte del país.
Sin embargo, una cosa es el crecimiento porcentual y otra la carga total de enfermedad. La mayor concentración absoluta de casos continúa registrándose en la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que en conjunto reúnen el 66,1% de todas las notificaciones nacionales. Esto responde, en parte, a la densidad poblacional y a la concentración de grandes centros urbanos donde las condiciones de transmisión suelen ser más favorables.
En términos de incidencia, la situación también presenta contrastes. Salta mantiene la tasa más elevada del país con 63,8 casos por cada 100.000 habitantes, seguida por Ciudad de Buenos Aires (58,8), Provincia de Buenos Aires (55,1), Jujuy (52,3), Formosa (42,8) y Chaco (39,3). En el extremo opuesto aparecen Mendoza, San Juan, La Rioja y Catamarca, con tasas inferiores a diez casos cada cien mil habitantes.
Los datos epidemiológicos permiten además identificar con claridad cuáles son los grupos más afectados. La tuberculosis continúa teniendo un marcado predominio masculino. Durante 2025, los hombres representaron el 60,7% del total de casos registrados. Entre los diagnósticos nuevos y las recaídas se notificaron 9.869 casos en varones, con una tasa de 43,3 por cada 100.000 habitantes, frente a 6.416 casos en mujeres, cuya tasa fue de 27,2.
La diferencia también se observa entre quienes ya habían recibido tratamiento previamente. En esos pacientes, los hombres concentraron el 66,5% de los casos, un dato que los especialistas vinculan tanto a factores sociales como a dificultades para sostener tratamientos prolongados.
Otro dato que preocupa especialmente al sistema sanitario es la distribución por edad. Lejos de afectar exclusivamente a personas mayores, el 61,5% de los casos nuevos y las recaídas se concentran entre los 15 y los 44 años, es decir, en plena etapa laboral y productiva. Las tasas más elevadas se observan particularmente entre los varones de 20 a 39 años, aunque en las mujeres también predominan los grupos etarios jóvenes.
Este comportamiento tiene importantes consecuencias sociales. La tuberculosis afecta principalmente a personas en edad activa, lo que incrementa el impacto económico tanto para las familias como para los sistemas de salud. Además, el tratamiento puede extenderse durante varios meses, exigiendo controles médicos periódicos y una estricta adherencia a la medicación para evitar recaídas y la aparición de formas resistentes.
Precisamente, uno de los principales desafíos actuales es la tuberculosis farmacorresistente, una variante que aparece cuando la bacteria desarrolla resistencia a los antibióticos convencionales, generalmente por tratamientos incompletos o abandonados. Para responder a esta situación, el Ministerio de Salud distribuyó durante 2026 546 tratamientos de segunda línea, además de 40.500 cartuchos para diagnóstico molecular y 2.870 dosis de PPD, utilizadas para la detección de la enfermedad.
La cartera sanitaria también informó que mantiene un seguimiento específico de pacientes que migraron entre jurisdicciones y que durante este año respondió 46 interconsultas relacionadas con casos complejos, buscando garantizar la continuidad de los tratamientos y reducir el riesgo de abandono terapéutico.
La tuberculosis es causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis y afecta principalmente a los pulmones, aunque también puede comprometer otros órganos como los riñones, la columna vertebral o el cerebro. Se transmite exclusivamente por vía aérea cuando una persona con tuberculosis pulmonar activa tose, estornuda, habla o escupe, liberando al ambiente pequeñas gotas que contienen bacilos. No se contagia mediante abrazos, contacto físico, alimentos compartidos ni objetos personales.
Uno de los principales problemas de la enfermedad es que sus síntomas suelen confundirse con otras afecciones respiratorias. La tos persistente durante varias semanas constituye el signo de alarma más importante, especialmente cuando se acompaña de dolor torácico, pérdida de peso, fiebre, sudoración nocturna, cansancio intenso, escalofríos o expectoración con sangre. Muchas personas demoran la consulta médica, lo que favorece tanto la progresión de la enfermedad como la transmisión a otras personas.
La Organización Mundial de la Salud recuerda que, pese a ser prevenible y curable, la tuberculosis continúa siendo la segunda enfermedad infecciosa más mortífera del mundo. Más del 95% de los casos y las muertes ocurren en países de ingresos bajos y medios, donde las condiciones sociales, habitacionales y económicas favorecen la propagación de la enfermedad y dificultan el acceso oportuno al diagnóstico y al tratamiento.
En Argentina, el aumento sostenido de los casos vuelve a poner sobre la mesa un viejo desafío de la salud pública: una enfermedad conocida desde hace siglos sigue encontrando condiciones para expandirse en pleno siglo XXI. La combinación entre diagnóstico tardío, desigualdad social, hacinamiento, interrupciones terapéuticas y dificultades para acceder a controles médicos explica buena parte del escenario actual.
Más allá de las cifras, el crecimiento de la tuberculosis constituye una advertencia para el sistema sanitario. La enfermedad dispone de tratamientos eficaces y herramientas diagnósticas capaces de controlar su propagación, pero su éxito depende de la detección precoz, el seguimiento continuo de los pacientes y el acceso equitativo a los servicios de salud. Sin esas condiciones, una enfermedad prevenible continúa encontrando espacio para avanzar.



























