El Presidente fue a hablar con estudiantes de cuarto y quinto año y aprovechó la jornada educativa para atacar opositores, hablar de los morosos y pedir abucheos para periodistas. La oposición denunció adoctrinamiento. El Gobierno todavía no explicó si la libertad de conciencia también fue alcanzada por la motosierra.
Javier Milei visitó la ORT y decidió demostrar que la escuela debe ser un espacio libre de adoctrinamiento.
Por eso llevó el suyo desde Casa Rosada.
Ante adolescentes habló de morosos, cargó contra la oposición y pidió abuchear periodistas. Una experiencia pedagógica innovadora: matemática para contar deudas, formación ética para elegir enemigos y música para aprender a silbar al unísono.
La ESI será discutible, pero la EPI —Educación para Putear Informadores— ya tiene profesor titular.
Maximiliano Ferraro denunció que el Presidente utilizó una actividad educativa para promover su discurso político. Mónica Frade cuestionó a las autoridades que le abrieron las puertas de la institución.
La discusión es interesante porque el mileísmo convirtió durante años “adoctrinamiento” en una palabra capaz de activar una alarma apenas un docente expresa una posición política.
Ahora habló el Presidente.
Y resulta que no sería adoctrinamiento.
Serían “sus formas”, pero con menores adelante.
La libertaria Sabrina Ajmechet quedó atrapada en esa gimnasia argumental. Históricamente crítica del adoctrinamiento educativo, defendió la intervención presidencial como parte de las “formas” de Milei.
Quedó clarísimo el nuevo reglamento:
si un profesor habla de política, adoctrina.
Si Milei habla de política, educa.
Si además pide abuchear periodistas, es una actividad extracurricular.
Juan Carlos Molina recordó a los comunicadores que contribuyeron al ascenso de Milei y ahora reciben ataques presidenciales.
Tampoco deberían sorprenderse demasiado.
Ayudaron a criar al león y ahora descubrieron que no era vegano.
Esteban Paulón planteó otra incomodidad: qué habría ocurrido si Cristina Kirchner o Axel Kicillof hubieran hecho exactamente lo mismo.
Probablemente estaríamos discutiendo el fin de la República, la captura ideológica de la infancia y la llegada del chavismo al recreo.
Pero lo hizo Milei.
Entonces el problema semántico se resolvió rápidamente:
adoctrinar es cuando lo hace el otro.
El Presidente entró a una escuela denunciando desde hace años la politización de las escuelas y salió dejando una clase magistral sobre cómo hacerlo correctamente.
No eliminó el adoctrinamiento.
Lo privatizó: ahora cada presidente lleva el suyo.


























