Javier Milei tuvo que salir a negar la salida de Luis Caputo y aseguró que mantienen una «relación simbiótica». El problema comenzó cuando el propio Presidente invitó al economista Alberto Ades a una reunión de gabinete a la que Toto faltó por enfermedad, aunque después apareció lo más campante en el programa del Gordo Dan. La economía argentina ya no tiene ministro: tiene una telenovela con riesgo país.
Javier Milei acaba de confirmar que tiene una «relación simbiótica» con Luis Caputo.
¡Qué hermoso, carajo! ¡El amor existe!
Uno necesita dólares, el otro necesita que alguien le crea que los tiene. Se complementan como el hambre y las ganas de comer.
En biología, la simbiosis describe una relación estrecha entre organismos. Puede beneficiar a ambos, beneficiar a uno sin perjudicar al otro o convertirse en parasitismo.
En Argentina todavía están investigando cuál de las tres es, pero los contribuyentes ya sospechan que son el alimento.
Todo empezó cuando Milei invitó al economista Alberto Ades a una reunión de gabinete.
Justo ese día, Toto no fue porque se sentía mal.
Pobrecito.
Estaba tan enfermo que no pudo sentarse con el Presidente, pero unas horas después apareció en el streaming del Gordo Dan.
¡Milagro libertario!
El primer caso clínico de un paciente que no tolera una reunión de gabinete, pero se recupera instantáneamente cuando escucha «estamos en vivo».
Ades, mientras tanto, aprovechó para explicar públicamente qué cambiaría del programa económico.
¡Un encanto de invitado!
Es como llevar al amante de tu pareja a cenar, sentarlo en la cabecera y pedirle que explique cómo mejoraría el matrimonio.
Después te sorprendés porque tu marido empieza a revisar los pasajes a Bangkok.
Y hablando de Bangkok, Caputo tenía previsto reunirse con Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional.
Milei se indignó porque los rumores podían debilitar al ministro durante la negociación.
Y calificó esas versiones de «traición a la Patria».
¡Traición a la Patria!
Antes te acusaban de traidor por vender secretos militares. Ahora alcanza con preguntar si Toto sigue de novio con Javier.
Lo maravilloso es que la confusión empezó después de que el propio Presidente invitara a Ades.
Milei prendió fuego la cocina, vio salir humo y denunció que alguien estaba intentando incendiarle la casa.
Mientras tanto, según la información publicada, el Merval cayó, los bonos retrocedieron y el riesgo país volvió a acercarse a los seiscientos puntos.
¡Pero tranquilos! ¡La pareja está sólida!
El matrimonio anda bárbaro. Lo que está pidiendo el divorcio es el mercado.
Caputo también salió a desmentir su renuncia en redes sociales.
«No voy a renunciar», respondió a un usuario.
Una declaración tranquilizadora.
En Argentina, cuando un ministro de Economía tiene que salir a explicar espontáneamente que no renuncia, los ahorristas empiezan a mirar cuánto cuesta un pasaje a Uruguay.
Y ahora tenemos una nueva teoría económica.
No es monetarismo. No es liberalismo. No es escuela austríaca.
Es simbiosis presidencial: Milei pone el amor, Caputo pone el Excel y el pueblo pone el culo.
Lo más conmovedor es que el Presidente aseguró que ambos se entienden de memoria.
¡Claro que sí!
Toto dice que faltan dólares. Javier dice que le salen por las orejas. Y los dos llegan a la misma conclusión: hay que seguir ajustando.
Eso no es simbiosis.
Es una pareja que discute quién se comió la plata de las vacaciones mientras los hijos venden los muebles para pagar la luz.
Y cuidado, porque si algún día se separan, no quiero imaginar la división de bienes.
Milei se queda con la motosierra.
Caputo, con los contactos de Wall Street.
El Fondo Monetario pide la tenencia compartida.
Y a los argentinos nos dejan la deuda, la cuota alimentaria y una orden judicial que dice que tenemos prohibido acercarnos al bienestar a menos de quinientos metros.



























