Después de que Tronco entrara al Congreso y perdiera la magia, el oficialismo busca nuevos guerreros para combatir a la casta. Los candidatos son Iñaki Gutiérrez, habitué del entorno presidencial, y Andrés Mego, el editor de los libros de Milei. Karina, los Menem y Las Fuerzas del Cielo se disputan el control de las candidaturas. El Japón feudal llegó a la Argentina: las katanas son de plástico, pero las dietas legislativas son de verdad.
Javier Milei está preparando una nueva generación de samuráis para conquistar el Congreso.
¡Por fin, carajo! ¡Los argentinos necesitábamos guerreros!
No médicos, no científicos, no docentes. Samuráis.
Porque aparentemente el problema del país no era la recesión, sino que nos faltaban dos muchachos con ganas de cobrar una dieta legislativa y hacerse los protagonistas de un animé.
El experimento anterior fue Sergio «Tronco» Figliuolo, el exgamer que llegó a Diputados prometiendo revolucionar la política.
Los libertarios esperaban a Sub-Zero.
Les salió un empleado administrativo con joystick.
Tronco descubrió que en el Congreso no alcanza con gritar «¡Fatality!». También hay que leer expedientes, negociar proyectos y soportar reuniones donde nadie te regala puntos de experiencia.
Y cuando se alineó con Karina Milei y Sebastián Pareja, parte de su público empezó a acusarlo de haberse convertido en aquello que prometía combatir.
¡Qué tragedia!
Entró al Congreso para destruir la casta y terminó descubriendo que la casta tenía aire acondicionado, asesores y viáticos.
Ahora aparece Iñaki Gutiérrez, influencer de confianza de los hermanos Milei, que recorre las provincias para organizar a la juventud libertaria y aspira a una banca.
Iñaki tiene una ventaja extraordinaria: según la información publicada, hasta se quedó a dormir en Olivos.
¡Un verdadero guerrero del mérito!
Mientras otros militantes recorren barrios, organizan actos y juntan avales, él ya conoce dónde queda el baño de la residencia presidencial.
La movilidad social libertaria funciona: empezás haciendo publicaciones en redes y terminás preguntándole al Presidente si queda leche en la heladera.
Pero su ascenso genera celos.
Martín Menem habría encargado a Santiago Oría que hiciera de niñero entre Iñaki y Sharif Menem, otro joven con aspiraciones de controlar la militancia.
¡Un niñero!
El partido que quiere achicar el Estado necesita supervisión adulta para que sus futuros dirigentes no se peleen por quién sale primero en la foto.
Quieren administrar cuarenta y seis millones de argentinos, pero no pueden dejar solos a dos pibes en un acto sin que alguien termine llorando.
Y ahora entra el segundo samurái: Andrés Mego, dueño de la editorial que publica los libros de Milei.
El Presidente lo llamó «pastor», aunque no ejerce como tal.
¡Qué hermoso!
El hombre empezó publicando libros de autoayuda y terminó defendiendo al Gobierno en televisión.
De enseñar a superar relaciones tóxicas pasó a promocionar una.
Su próximo best seller podría llamarse Amate a vos mismo, pero votá lo que diga Karina.
Mego también participó en la organización de La Derecha Fest, donde Milei mezcló economía, música y militancia.
Una experiencia cultural inolvidable: entrabas buscando una explicación sobre la inflación y salías preguntándote por qué el Presidente estaba cantando Nino Bravo.
Pero Mego tiene un problema: su cercanía con Las Fuerzas del Cielo, el sector enfrentado con el armado de Karina y los Menem.
O sea que todavía no consiguió la banca y ya tiene enemigos dentro del mismo ejército.
Son samuráis tan disciplinados que, antes de encontrar al adversario, se están apuñalando entre ellos por el lugar en la lista.
Lo más gracioso es que todos dicen combatir a la casta.
Iñaki quiere llegar al Congreso desde la intimidad del poder. Mego, desde el negocio editorial del Presidente. Los Menem quieren controlar las candidaturas. Y los seguidores de Santiago Caputo reclaman su parte.
¡Una revolución contra los privilegios donde la discusión central es quién tiene más privilegio para conseguir un cargo!
Los samuráis históricos seguían un código de honor.
Los libertarios parecen seguir otro: si no te elige Karina, hacé un vivo, denunciá una conspiración y esperá la próxima lista.
Milei prometió terminar con la casta y ahora está armando un Congreso con influencers, amigos, editores y parientes políticos.
No sé si estos samuráis van a hacerse el harakiri electoral. Pero de algo estoy segura: la espada la ponen ellos, la banca se la quedan ellos y el tajo en el bolsillo nos lo hacen a nosotros.



























