Con 5,8 millones de personas atrasadas en sus pagos y la oposición buscando llevar el problema al recinto, el oficialismo encontró una solución libertaria: convocar una reunión para evitar que haya otra reunión. Martín Menem mueve las fichas mientras crece la preocupación por el endeudamiento con bancos y billeteras virtuales. Al ciudadano no le refinancian la deuda, pero al Congreso le refinancian el debate.
Martín Menem salió al rescate de una economía que funciona perfectamente siempre que uno no pregunte cómo están haciendo las familias para pagarla.
La oposición pretendía llevar al recinto proyectos de alivio para endeudados con bancos y billeteras virtuales. Había reunido 133 votos para tratar el tema y empezaba a incomodar al Gobierno.
Menem reaccionó rápidamente.
No contra la deuda. Contra la sesión.
El presidente de Diputados instruyó al libertario Santiago Pauli para convocar a la comisión de Finanzas el 2 de septiembre, una semana antes de la sesión opositora prevista para el 9.
La maniobra es hermosa por su sencillez: cuando la oposición quiere discutir un problema, el oficialismo convoca a discutir el problema para impedir que la oposición pueda discutir el problema.
La casta murió y reencarnó en trámite parlamentario.
Pauli convocó para analizar 34 iniciativas. Para el viernes ya se calculaban unas 50 relacionadas con el endeudamiento.
Cincuenta proyectos.
Cuando un país necesita cincuenta proyectos legislativos para discutir cómo la gente paga la tarjeta, quizás el problema no sea que los argentinos compraron demasiados televisores.
Quizás el televisor sea lo único que todavía funciona.
El radical Pablo Juliano calificó la convocatoria como una “cortina de humo”, porque Finanzas por sí sola no alcanza: los proyectos deben pasar también por las demás comisiones correspondientes antes de poder llegar al recinto.
O sea que el Gobierno abrió una puerta.
Pero dejó la pared puesta detrás.
Según Esteban Paulón, el objetivo sería darles a los aliados de la Casa Rosada una excusa para no aportar quórum el 9 de septiembre.
Una solución exquisitamente argentina.
El diputado aliado no tendrá que decir: “No quiero votar un alivio para los endeudados”.
Podrá decir: “Ya lo estamos estudiando”.
Y mientras lo estudian, vence otra cuota.
La situación resulta más incómoda porque el Financial Times puso el problema en vidriera internacional: 5,8 millones de personas estarían atrasadas en sus pagos, casi un tercio de los prestatarios.
Finalmente Argentina volvió al mundo.
Debemos plata en inglés.
El diario británico recogió testimonios de trabajadores de aplicaciones que recurren a préstamos y terminan en mora, y vinculó el crecimiento de los créditos incobrables con los cambios económicos bajo el gobierno de Milei.
Pero Casa Rosada tiene prioridades.
Una cosa es que millones tengan problemas para pagar.
Otra muchísimo más grave es que 133 diputados quieran hablar del asunto al mismo tiempo.
Ahí sí aparece el Estado.
No para rescatar al deudor.
Para rescatar el quórum.
Y en el fondo esa es la maravilla del nuevo orden económico: el ciudadano puede refinanciar la tarjeta, pedir plata en una billetera para pagar otra billetera y descubrir que su sueldo dura menos que una historia de Instagram.
Pero el Congreso también ofrece facilidades.
El tratamiento puede pagarse en cómodas cuotas: primero una reunión informativa, después otra comisión, más adelante un dictamen y algún día, cuando la deuda ya tenga edad para votar, quizás llegue al recinto.
Mientras tanto, Menem puede decir que el tema está siendo tratado.
Al endeudado no le consiguieron un plan de pagos, pero al problema ya le consiguieron 50 proyectos y una excelente financiación sin fecha de vencimiento.


























