La compañía controlada por Marcelo Mindlin decidió discontinuar la producción de caucho sintético en Puerto General San Martín, Santa Fe. La caída de la demanda de neumáticos, calzado y otros productos industriales golpeó a la histórica petroquímica, que ya ofrece retiros voluntarios mientras el sindicato exige la reubicación de los trabajadores.
La crisis industrial sumó un nuevo capítulo en el cordón productivo del Gran Rosario. Pampa Energía anunció el cierre definitivo de su planta de caucho sintético ubicada en Puerto General San Martín, a unos 25 kilómetros de Rosario, una decisión que compromete el futuro laboral de aproximadamente 200 personas y deja al país sin una de sus últimas grandes unidades dedicadas a la fabricación de ese insumo.
La fábrica, históricamente conocida como Pasa Petroquímica, produce materia prima utilizada en la elaboración de neumáticos, cintas transportadoras, calzado y numerosos componentes industriales. Su clausura refleja el deterioro de la demanda interna y el retroceso de sectores manufactureros que dependen del consumo local, en un escenario marcado por el ingreso de productos importados, el encarecimiento de los servicios y la pérdida de competitividad de las plantas argentinas.
La empresa comenzó a ofrecer retiros voluntarios con indemnizaciones superiores a las establecidas legalmente. Sin embargo, desde el Sindicato de Obreros y Empleados Petroquímicos Unidos advirtieron que aceptar esas propuestas implica, para buena parte del personal, ingresar en un mercado laboral deprimido y con escasas posibilidades de reinserción.
Una planta histórica que deja de producir
La unidad de caucho forma parte de un complejo petroquímico donde funcionan otras áreas dedicadas a la refinación de combustibles y a la producción de estireno y metilbenceno, sustancias utilizadas para fabricar plásticos, resinas y distintos insumos industriales.
Por esa razón, el sindicato reclama que los trabajadores afectados sean reubicados dentro de las otras plantas que Pampa Energía mantiene en el predio o en instalaciones del grupo ubicadas en otras regiones del país. De los cerca de 200 empleados alcanzados por la decisión, unos 125 están afiliados al gremio petroquímico y el resto pertenece a sectores fuera de convenio.
La compañía comunicó oficialmente la decisión este lunes y para el jueves está prevista una audiencia en el Ministerio de Trabajo de Santa Fe. Aunque la instancia podría abrir una negociación, entre los trabajadores prevalece el pesimismo: consideran que la determinación empresarial ya está tomada y que las posibilidades de revertirla son mínimas.
El cierre había comenzado a anticiparse semanas atrás, cuando dejaron de arribar desde Brasil los cargamentos de butadieno, un gas altamente inflamable utilizado como materia prima para fabricar caucho sintético. Los embarques llegaban aproximadamente cada veinte días y su interrupción fue interpretada dentro de la planta como la señal de que la producción estaba próxima a detenerse.
La caída del mercado interno golpea al cordón industrial
El secretario general del SOEPU, Mauricio Brizuela, vinculó la clausura con la paralización de los sectores que habitualmente demandan caucho. Según explicó, las terminales automotrices radicadas en el país redujeron sus compras locales, mientras una parte de los vehículos importados ingresa con neumáticos y otros componentes ya incorporados.
A esa situación se suman el retraso del tipo de cambio, el encarecimiento de la energía y de los servicios industriales y la reducción generalizada del consumo. La combinación vuelve menos rentable producir en Argentina para abastecer al propio mercado interno.
El dirigente gremial cuestionó además la presión que, según denunció, la empresa ejerce sobre los empleados para que acepten rápidamente los retiros voluntarios. Los trabajadores habrían sido advertidos de que las propuestas económicas se reducirán con el paso de las semanas y que quienes no las acepten en el corto plazo podrían recibir posteriormente una compensación hasta 20% menor.
El sindicato anticipó que reclamará la continuidad laboral y advirtió que responderá con medidas de fuerza si la compañía avanza con despidos directos. La amenaza incluye la paralización de las demás instalaciones que Pampa Energía opera en el complejo de Puerto General San Martín.
Una empresa que cierra en Santa Fe mientras invierte en Bahía Blanca
La decisión genera un contraste dentro de la estrategia empresarial del grupo. Mientras cierra la producción orientada al mercado interno en Santa Fe, Pampa Energía acaba de anunciar una inversión de USD 2.700 millones para construir en Bahía Blanca una planta de urea granulada que sería la más grande de América Latina.
El proyecto está orientado a la producción de fertilizantes y apunta principalmente al crecimiento del sector agroexportador. Para el sindicato, esa diferencia expone un cambio de prioridades: las empresas concentran capital en actividades vinculadas con la exportación o con sectores capaces de generar divisas, mientras abandonan ramas que dependen del consumo y la industria nacional.
La reorientación no supone una retirada completa de la compañía del sector productivo, sino un desplazamiento desde negocios condicionados por el mercado interno hacia otros con mayor capacidad exportadora. El costo de esa transformación recae sobre los trabajadores de las plantas consideradas menos estratégicas.
El caso también inquieta al intendente de Puerto General San Martín, Carlos De Grandis, por el impacto que la pérdida de empleos industriales puede provocar en la economía local. En ciudades fuertemente ligadas a la actividad fabril, cada cierre afecta no solo a los empleados directos, sino también a contratistas, comercios, transportistas y prestadores de servicios.
La UIA advierte que la recesión sigue destruyendo empleos
El anuncio se conoció pocos días después de una reunión entre dirigentes industriales de la región, intendentes y autoridades del gobierno santafesino para analizar el deterioro de la actividad en el Gran Rosario.
La Unión Industrial de la Región Rosario viene alertando sobre la caída del consumo, el cierre de líneas de producción y la pérdida de puestos de trabajo de calidad. Su vicepresidente, Mariano Ferrazzini, sostuvo que todavía no aparecen señales firmes de recuperación y que los nuevos empleos que se generan presentan peores condiciones que los destruidos.
Las cifras nacionales relevadas por el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina respaldan ese diagnóstico. El 45,5% de las empresas consultadas informó una caída de sus ventas en el mercado interno, el 38% redujo sus niveles de producción y el 22,4% achicó su dotación de personal.
Esos indicadores muestran que el problema supera a una empresa o a una región. El cierre de la planta de caucho es parte de un proceso más amplio en el que la apertura comercial, la retracción del consumo y el aumento de los costos productivos erosionan a las industrias que dependen del mercado argentino.
El país pierde capacidad productiva
La clausura de la planta no solo pone en riesgo empleos. También implica una reducción de la capacidad nacional para producir un insumo estratégico utilizado en distintas cadenas manufactureras.
Con la desaparición de la principal unidad de caucho sintético, las empresas que todavía fabrican neumáticos, calzado, piezas automotrices o cintas industriales deberán recurrir en mayor medida a proveedores extranjeros. Esa dependencia puede abaratar costos en el corto plazo para algunos sectores, pero también vuelve más vulnerable al aparato productivo ante variaciones cambiarias, problemas logísticos o aumentos de precios internacionales.
La decisión de Pampa Energía condensa así una de las mayores tensiones del modelo económico actual. Mientras crecen las inversiones en actividades energéticas, mineras y agroexportadoras, retrocede la industria orientada al consumo interno y se destruyen puestos de trabajo de alta calificación.
Para los trabajadores de Puerto General San Martín, esa discusión tiene una consecuencia inmediata. Después de años de experiencia en una planta especializada, enfrentan la posibilidad de quedar fuera de una actividad industrial que difícilmente encuentre reemplazo en una región donde los cierres, las suspensiones y los retiros voluntarios dejaron de ser casos aislados para convertirse en una señal persistente de la recesión.



























