El canciller argentino replicó una fake news que acusaba a Rosario Central de borrar a Messi y Scaloni de una imagen. La fotografía era del partido ante Jordania, cuando Messi fue suplente y Lo Celso era titular. La política exterior terminó atrapada en una discusión que se resolvía mirando la formación inicial.
Hay cancilleres que negocian tratados de paz. Otros resuelven conflictos comerciales. Algunos median entre potencias nucleares. Argentina decidió innovar: puso a su ministro de Relaciones Exteriores a investigar una foto de Rosario Central. La geopolítica quedó en pausa porque era urgente determinar si Lionel Messi había sido víctima de un recorte digital.
El problema apareció cuando el club rosarino felicitó a la Selección utilizando una imagen del partido frente a Jordania. Como en ese encuentro Giovani Lo Celso fue titular y Messi empezó en el banco, el capitán simplemente no estaba en la fotografía. Un detalle insignificante para cualquiera que hubiera visto el Mundial. Pero en tiempos de redes sociales, mirar un partido parece ser un requisito mucho más exigente que indignarse por él.
Las usinas digitales del oficialismo encontraron rápidamente una explicación más emocionante que la realidad. Según la teoría, Rosario Central había eliminado deliberadamente a Messi y a Lionel Scaloni por su identificación con Newell’s. La rivalidad rosarina escaló en cuestión de minutos hasta convertirse, aparentemente, en un incidente de política internacional. Faltaba solamente que interviniera el Consejo de Seguridad de la ONU para exigir el archivo RAW de la imagen.

Y entonces apareció Pablo Quirno. En lugar de preguntarse si la fotografía correspondía a otro partido, decidió sumarse a la indignación con la seguridad de quien acaba de descubrir el Watergate del fútbol argentino. La Cancillería pasó de discutir la inserción internacional del país a realizar peritajes sobre alineaciones mundialistas. Nunca un once titular generó tanta tensión diplomática.
Lo maravilloso de las fake news es que vienen con manual de instrucciones muy sencillo: primero se comparte, después se piensa. Quirno respetó el procedimiento con admirable disciplina. Porque verificar los hechos lleva tiempo y, además, obliga a abrir Google. Mucho más práctico es asumir que existe una conspiración planetaria organizada por Rosario Central para borrar a Messi de la historia argentina.
El pequeño inconveniente fue que la realidad seguía existiendo. La fotografía pertenecía al encuentro frente a Jordania, el único partido en el que Lo Celso arrancó como titular y convirtió un gol. Messi ingresó después desde el banco. Scaloni, por razones biológicas y reglamentarias, tampoco aparece en las fotos del equipo titular porque suele dirigir los partidos desde el banco de suplentes y no desde el círculo central.
Lejos de corregirse, el canciller decidió discutir con hinchas que intentaban explicarle el origen de la imagen. Es una escena fascinante: cientos de argentinos describiendo una formación de fútbol mientras el responsable de las relaciones exteriores insistía en que el verdadero problema era un complot fotográfico. La diplomacia nacional terminó dependiendo de un usuario con foto de perfil de Marco Ruben.
Mientras tanto, el verdadero protagonista de la imagen, Giovani Lo Celso, era el mismo futbolista que días antes había levantado la bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas» tras la victoria frente a Inglaterra. A partir de ese momento pasó de ser campeón del mundo a convertirse en personaje incómodo para un sector del oficialismo. En este Gobierno las carreras deportivas duran mucho menos que las tendencias de Twitter.
Rosario Central terminó publicando un comunicado para aclarar que la foto no había sido editada, que simplemente correspondía a otro partido y que mantenía su admiración por toda la Selección, incluido Lionel Messi. Es un hecho histórico: un club de fútbol tuvo que explicar cuestiones básicas de cronología deportiva porque el canciller argentino había decidido creerle antes a una fake news que al fixture del Mundial.
Resulta difícil imaginar la reunión de gabinete del día siguiente. Economía preocupada por el dólar. Seguridad analizando conflictos internos. Defensa revisando informes estratégicos. Y Cancillería llegando con una presentación en PowerPoint titulada: «Hipótesis sobre la desaparición digital de Messi en una fotografía de Jordania». Hay prioridades que un país serio simplemente no puede postergar.
Lo más llamativo es que el episodio habría durado menos de treinta segundos si alguien hubiera hecho la pregunta más revolucionaria de la política contemporánea: «¿Y si comprobamos primero?» Pero esa costumbre amenaza un modelo entero de comunicación basado en reaccionar antes de entender. Verificar datos parece una práctica extremista reservada para fanáticos de la evidencia.
La política argentina suele prometer grandes gestas históricas. Sin embargo, pocas alcanzan el nivel de esta epopeya: un canciller enfrentado con una fotografía auténtica, un club obligado a demostrar que no había usado Photoshop y miles de personas debatiendo una alineación que cualquier aplicación deportiva resolvía en menos de diez segundos. Definitivamente, la inteligencia artificial avanza más rápido que la inteligencia natural.
Al final, Messi nunca fue borrado. Scaloni tampoco. La única imagen que terminó seriamente recortada fue la de una Cancillería que, por unas horas, abandonó la política exterior para librar una guerra sin cuartel contra una foto que decía exactamente la verdad.



























